Cultura

El repaso: Una Feria del Toro para la reflexión

Todo estaba en su lugar. La mejor noticia no era otra que ésa. La Feria Mundial del Toro volvía a aparecer en el calendario expositivo sevillano manteniendo intactas algunas de sus mejores claves de identidad y ese aire inconfundible del Pabellón Plaza que es su gran fachada.

el 15 sep 2009 / 00:00 h.

Todo estaba en su lugar. La mejor noticia no era otra que ésa. La Feria Mundial del Toro volvía a aparecer en el calendario expositivo sevillano manteniendo intactas algunas de sus mejores claves de identidad y ese aire inconfundible del Pabellón Plaza que es su gran fachada. En este punto, hay que alabar el esfuerzo y el empeño decidido de Fibes y el apoyo incondicional de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, que mantienen por igual el pulso de un evento por el que algunos cantaron el gori gori el pasado año. En esa tesitura, el retorno de la muestra necesitaba de un amparo oficial, de un último empujoncito que no se tradujo en la presencia de ninguna autoridad con mando en plaza. La ausencia final del alcalde de Sevilla escoció mucho y dejó cierto tufillo de abandono institucional en una ceremonia de inauguración cogida con alfileres en la que todo, menos los porrazos que se llevaron los forcados, era previsible.

Estancamiento. Y esa sensación de estar viviendo lo mismo de siempre mostró que la feria, en su vuelta a la palestra, habría necesitado de una renovación de ideas, de un refrescamiento que hubiera añadido nuevos alicientes a un evento en el que pesó cierta sensación de estancamiento. Y así, el rescate de varios números de los montajes de Salvador Távora para formar el remix del nuevo espectáculo mostraba el agotamiento de una fórmula escénica -muy aplaudida en anteriores ocasiones- a la que posiblemente le ha llegado el momento de ser revisada; quizá es hora de buscar nuevos nombres y planteamientos, ideas nuevas.

Vuelta a los orígenes. En un reencuentro de sí misma, la Feria del Toro debe buscar el ritmo trepidante de las primeras ediciones que convertían cada jornada en una auténtica sorpresa: el acoso y derribo, las sorprendentes tauromaquias francesas, el traslado de las faenas camperas al ruedo de la plaza... hacían que el visitante de a pie se sintiera más implicado en una muestra en la que no pueden ni deben ser los convidados de piedra ya que sin su concurso, la feria convertiría en una juerga privada de los criadores y los taurinos. También queda por saber si la no coincidencia con Simof define mejor un lugar exclusivo para el evento o sí, por el contrario, ejercía una necesaria simbiosis traducida en una mayor animación de los pabellones. Lo cierto y verdad es que las auténticas apreturas sólo llegaron el sábado.

Lo mejor. Sin lugar a dudas, una de las novedades más positivas y determinantes de la décima edición ha sido la presencia de los matadores de toros, que en ningún modo está reñida con el protagonismo del toro bravo y sus criadores. El Juli, Manzanares, Talavante, El Cid o Salvador Cortés fueron algunos de los coletudos que aguantaron con profesionalidad y una amplia sonrisa las largas colas de aficionados y admiradores para firmarles las fotografías que había previsto la organización. La feria del toro necesita de los grandes toreros, no sólo con traje y corbata, sino con los botos cubiertos de polvo para dirigir tentaderos verdaderamente magistrales. También brilló con luz propia la iniciativa que acercó a centenares de escolares hasta la feria en un espectáculo pensado para ellos y en el que, a juzgar por el entusiasmo mostrado, ninguno debió quedar demasiado traumatizado. También hay que colocar en este apartado, para salvar el honor municipal, la exposición que Fiestas Mayores dedicó a Curro Romero. Nunca le faltaron visitantes.

alvarordelmoral@hotmail.com

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