El resurgir de la Astigi romana

Los trabajos en El Picadero desentierran un patio interior con ‘impluvium’ y muros casi intactos

el 11 feb 2015 / 12:00 h.

Imagen IMG_5943 El impluvium hallado en la zona conocida como El Picadero. / M. R. Las excavaciones arqueológicas que se llevan a cabo en la Plaza de Armas de Écija, en la zona popularmente conocida como El Picadero, han desenterrado dos nuevos tesoros: el impluvium del patio interior de una domus, una casa romana, y los muros y el suelo casi intactos de un edificio también de la Écija romana que presentan un estado de conservación espectacular, según los expertos. Ambas estructuras han sido desenterradas con su decoración prácticamente intacta y con un nivel de conservación que el equipo de dos restauradores y tres arqueólogos que trabajan en los 5.500 metros cuadrados de El Picadero. En el caso del impluvium, se conservan la decoración esquemática de los muros y el suelo de mármol en perfecto estado. Y no sólo eso: también se ha encontrado el desagüe, con su tapón, por el que el agua de lluvia que se recogía en esta estructura se derivaba a una cisterna y se utilizaba en la ‘domus’ romana. «Así sabemos ya dónde debía estar la cisterna y podemos excavar para dar con ella», señala el arqueólogo municipal, Sergio García-Dils, que coordina al resto de expertos que están encargados de excavar, investigar, documentar y musealizar los restos que van apareciendo en El Picadero, para documentar la redacción del plan director que debe dar el definitivo empujón a la conversión de lo que fue hace años un barrio degradado en un parque arqueológico que «cuente» la historia milenaria de la ciudad de Écija. Pero, aunque el impluvium es un hallazgo importante, según los expertos, palidece al lado de los restos descubiertos apenas unos metros más allá, donde se han desenterrado muros de 2,5 metros de altura, de lo que todo parece indicar que fue un edificio público de la Astigi romana. Y, junto a las paredes que conservan sus pinturas murales casi intactas (estucos policromados con motivos vegetales), también se ha desenterrado el suelo de mármol de un edificio del que apenas se ha descubierto una octava parte, unos 100 metros cuadrados. Los dos hallazgos se encuentran en la misma zona de El Picadero, la franja noroeste del yacimiento, el impluvium al sur y el edificio al norte. Este último es excepcional «por la cantidad de lo conservado y el nivel de conservación, por el tamaño de la estructura y por su calidad», según García-Dils. «No es normal que unos restos arqueológicos alcancen semejante altura ni que estén tan bien conservados», enfatiza. Lo confirman sus compañeros de excavación, que coinciden en calificar de «espectacular» el edificio a tener de los muros desenterrados y lo excepcional de que se hayan conservado en tan buen estado estucos y pinturas que tienen 2.000 años. A esa espectacularidad también suman los expertos el presumible carácter público del edificio, construido en el punto más alto de Écija, en el cerro que dominaba la ciudad y donde –los restos turdetanos desenterrados en el centro de El Picadero lo atestiguan– se instalaron los primeros pobladores de la ciudad del sol antes de que Augusto fundara la Colonia Augusta Firma Astigi con los veteranos de las guerras cántabras. Desechada la idea de que fuera el edificio de la curia, la sede del primitivo gobierno municipal de Astigi, García-Dils se inclina porque fuera el edificio de una corporación o un gremio. Imagen IMG-20150210-WA0000 Un dibujo de la época perfectamente conservado. / S. G-D.   Quizá el del aceite, toda vez que está documentada la importancia capital de Écija como centro productor y difusor del aceite de la Bética para todo el imperio romano. «Es de difícil interpretación pero de una espectacularidad incuestionable», insiste el arqueólogo municipal, que aventura a datar la construcción en el cambio de era, entre el siglo I y II d. C., «pero es algo que no sabremos hasta que no excavemos por debajo y la cota inferior nos permita datarlo con garantías», matiza. «Ahora tenemos elementos sueltos, todo desarticulado, y hay que ir uniendo el puzle», explica García-Dils y sus compañeros de excavación no tienen prisa en ese sentido. «La tarea es investigar y musealizar; conservar los hallazgos que van apareciendo», resume el arqueólogo, que se muestra convencido de que las excavaciones en El Picadero seguirán sacando a la luz hallazgos que superarán las expectativas iniciales.

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