El reto de UGT: “vida o muerte” del sindicalismo

El nuevo secretario general Francisco Fernández toma el mando y anima a ser “radical” para que el sindicalismo sobreviva

el 12 may 2013 / 00:30 h.

El reto que tenemos por delante es vivir o morir”. Con este rotundo epígrafe, el recién elegido secretario general de UGT-A, Francisco Fernández, recogió ayer el legado de su antecesor, Manuel Pastrana, 15 años al frente de un sindicato de clase durante los cuales la UGT ha peleado en todos los frentes laborales, se ha bregado por la concertación social, ha alcanzado cotas de afiliación históricas (200.000 según sus propias cifras) y se ha metido en el siglo XXI desgastado, cuestionado y duramente criticado. Fernández, mano derecha de Pastrana en los últimos años, ha sido el único que ha presentado candidatura en el X Congreso de UGT-A, clausurado ayer, para plantar cara al “caos”. Sus retos se pueden resumir en dos: Desde fuera, la tasa de paro más alta que ha sufrido jamás este país en democracia (1,4 millones en Andalucía) junto al peor momento de las relaciones laborales, con una reforma laboral que ha abaratado el despido y “desprotegido” a la clase trabajadora. Y desde dentro, el desapego hacia los sindicatos de clase, la puesta en duda de su representatividad, el desgaste de dos huelgas generales en año y medio, y las críticas por la falta de transparencia sobre la financiación y el uso del dinero público que hacen estas organizaciones. “Lo que aquí está en juego es la propia supervivencia del sindicalismo”, resumió un miembro de la ejecutiva saliente. Fernández ha sido elegido secretario general de UGT-A con un 81,7% de apoyos: el respaldo fue de 233 votos de los 285 delegados acreditados, 52 en blanco, ni uno en contra. La nueva comisión ejecutiva rebaja el número de miembros de 14 a nueve, sigue siendo paritaria y mantiene a tres personas del equipo de Pastrana (incluido el propio Fernández). Además integra en la ejecutiva al sector más crítico, el de Metal y Construcciones, que se hará cargo de un área clave, la de Relaciones Laborales, responsable de pelear por la supervivencia de miles de convenios colectivos que expiran en poco más de un mes. La reforma laboral obliga a renovar 280 convenios caducados en 58.000 empresas andaluzas antes del 8 de julio, de lo contrario medio millón de trabajadores perderán sus derechos y sus salarios reconocidos y se exponen a que el empresario rebaje sus condiciones a las del convenio sectorial (si existe) o a las líneas generales que marca el Estatuto de los Trabajadores. Fernández demostró ayer sobre el escenario el mismo tesón que Pastrana. “Si exigir empleo y derechos laborales es radicalismo, yo invito al conjunto del sindicato a ser radicales”, dijo. Durante los tres días que ha durado el Congreso, el mensaje ha girado una y otra vez sobre la idea de que el sindicalismo está acosado y amenazado por los poderes económicos que quieren “exterminarlo”. Si en algún momento la autocrítica ha entrado en el salón plenario, todos los delegados se han puesto de perfil. UGT ha adoptado reformas internas para contestar las críticas –más transparencia, limitar a tres los mandatos– pero a muchos les han parecido “tibias” o, al menos, “no acordes con los riesgos a los que se enfrenta el sindicato”, apunta una fuente próxima a la ejecutiva. A Fernández no le molestan las críticas que tildan su mandato de “más de lo mismo”. “No me preocupa que nos digan continuistas, estamos orgullosos de la labor de Manuel Pastrana”, apuntó. Por otra parte, el sindicato cree que debe “modernizarse”, conectar con los jóvenes –la edad media de la ejecutiva ronda los 50– y coordinar su mensaje a través de las redes sociales y las tecnologías. “UGT tiene principios de lucha obrera del siglo pasado que no han caducado, pero también tiene hábitos del siglo pasado que la gente ya no entiende, y que hay que desterrar si queremos seguir aquí otros 125 años”, resume un exdirigente del sindicato.

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