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El retorno del rey de los circuitos

'Il Dottore' alzó los brazos hacia el cielo de Motegi para cumplir un sueño que le agitaba desde hace dos años. Con una camiseta en la que podía leerse 'Scusate il ritardo', Valentino Rossi se reconcilió con el triunfo y se invistió como señor de la MotoGP.

el 15 sep 2009 / 16:32 h.

'Il Dottore' alzó los brazos hacia el cielo de Motegi para cumplir un sueño que le agitaba desde hace dos años. Con una camiseta en la que podía leerse 'Scusate il ritardo', Valentino Rossi se reconcilió con el triunfo y se invistió como señor de la MotoGP para ganar su octavo título mundial. Rossi se ha retrasado, pero sigue siendo el mismo campeón.

En lo más alto del podio, Rossi recordó a los periodistas su primera victoria con Yamaha, con el sexto campeonato mundial bajo el brazo. "Al mismo nivel que cuando gané en 2004", dijo tras el espectáculo de Japón.

Dos años ha tardado en volver a ser el número uno, pero su lista de grandes victorias viene de antes, cuando la experiencia de su padre, antiguo piloto de motociclismo como él, le empujó a debutar en el Mundial de 1996, en 125 cc, consiguiendo el segundo puesto de la clasificación global y su primer gran premio, en Malasia. Para el año siguiente ya era el mejor. El de 1997 fue su primer mundial con Aprilia, escudería con la que repetiría título en 250 cc, dos años más tarde.

Su fichaje por Honda en 2000 fue la confirmación de la leyenda en la categoría más alta, 500 cc: tres campeonatos mundiales consecutivos, dos de ellos en MotoGP, y 33 grandes premios. Ya entonces destacaba el italiano por sus extravagancias, como la del GP de Mugello, cuando se pasó toda la noche anterior a la carrera sin dormir decorando su moto con pegatinas hawaianas, además de las continuas celebraciones disfrazado de preso o transportando una muñeca hinchable por todo el circuito. Pero su traviesa personalidad sólo es equiparable a las incontables manías que luce en cada carrera, entre ellas humedecerse los dedos y jugar con su pendiente justo antes de montarse en la moto.

Este transalpino de Urbino de 29 años, admirador de Kevin Schwantz, uno de los pilotos de la época dorada del motociclismo, también ha sido conocido siempre por su buena relación con sus compañeros, entre ellos Casey Stoner, quien le arrebató el campeonato del año pasado.

Pero aparte de la excentricidad, Rossi cuenta entre sus virtudes con la ambición. Así, para 2004 cambió de escudería y se marchó a Yamaha, el gran rival de Honda, para continuar cosechando éxitos, entre los que se cuentan 20 victorias y otros dos mundiales. El de 2006 lo retuvo hasta el final, cuando sufrió una caída en Cheste y Nicky Hayden se quedó con el título. En la temporada siguiente completó su campeonato más irregular, con tan sólo cuatro victorias y quedando finalmente tercero, tras Stoner y Pedrosa. Para 2008 traía hambre de victorias.

Motegi era el único circuito donde Valentino Rossi no había ganado en MotoGP. Y el pasado 28 de octubre este dato, como otros muchos, se lo comió Rossi en la carrera que lo convirtió matemáticamente, y por octava vez, en campeón del mundo. Sabía que sólo necesitaba el tercer puesto para llevarse la corona, pero cruzó la meta siendo primero, con cinco victorias consecutivas, ocho (de momento) en una temporada de dieciocho carreras y reconocido por todos sus rivales como el rey de la moto.

Hablar de Rossi es hablar de la historia del motociclismo profesional, de una historia viva. En el circuito japonés, caliente aún por la victoria, hizo una promesa de futuro: "Mi objetivo será, hasta que deje de ir en moto, ganar. Me gusta esta vida y trato de hacer lo mejor con ella", sentenció el rey Valentino.

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