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“El río es un lamentable charco oscuro”

Miguel Ángel Ferrer es el coordinador institucional del CSIC en Andalucía.

el 06 oct 2013 / 20:28 h.

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entrevista ciss–¿Con los presupuestos que se conocen para el año que viene mantiene las declaraciones que hizo en agosto, en las que vaticinó el cierre de centros si no había una inyección de dinero? –Es complicado todavía hacer previsiones porque hacen falta más detalles. El CSIC no sólo funciona con los Presupuestos Generales del Estado. La mitad de su presupuesto procede vía contratos de investigación, y esto depende del Plan de Investigación y de cómo respira el mercado de contratación de las empresas. –¿En qué centro la situación es más crítica? –El año va a ser duro. Los centros mixtos son los que están en una situación más delicada porque, aunque tienen la ventaja de que son más competitivos por el hecho de aglutinar a más administraciones, el hecho de depender de ellas los hace más vulnerables. –En esos centros mixtos están las universidades. ¿Les está afectando la deuda de casi 900 millones que la Junta mantiene con ellas? –La Universidad de Sevilla es bastante buen socio de viaje. Paga con retraso, pero paga. En la Pablo de Olavide hay más problemas. La Consejería de Innovación, cada año que pasa, nos pone más dificultades. Los centros mixtos son los que más nos preocupan porque al final son dos recortes a los que se exponen. –De proyectos nuevos ni hablamos, ¿no? Se lo pregunto porque ahí está esperando el nuevo edificio del Instituto de la Grasa en la Olavide. –Si no hay novedades, el traslado se iniciará este curso. Proyectos nuevos hay que poner en marcha siempre. Cuando una institución como el CSIC deje de poner en marcha proyectos, dejaremos de tener sentido. A pesar de lo que está pasando, no dejamos de hacer nuestro trabajo. A cada euro que se invierte en el CSIC se le sacan 20. –¿Era entonces posible investigar con menos? –Es una obligación. Un ejemplo claro es esta Casa de la Ciencia. No tenemos otra opción. –¿De producirse un cierre del grifo en las inversiones en I+D, qué proyectos vitales para Andalucía correrían peligro? –Si llegáramos al colapso habría que recordar que somos competitivos en investigación agrícola, sobre todo en el sector del aceite (representa un tercio del PIB andaluz y genera el 30% del empleo agrícola). El aceite no sería lo que es sin la investigación desarrollada en el Instituto de la Grasa. En temas ambientales somos la cuarta potencia del mundo, que se dice pronto. Pero son muchos los desafíos pendientes que requerirán de innovación. Todo se iría a hacer puñetas. Tenemos que difundir lo que ya hacemos y lo útiles que hemos sido y seguiremos siendo. –Usted es investigador asociado en Pensilvania y adjunto en Idaho, ¿qué opinan sus colegas de allí de lo que está pasando en España con la investigación? –Lo ven como algo dramático e incomprensible. España, en muchos aspectos, se había internacionalizado. Ser español e investigador ahora en cualquier parte del mundo es frecuente. Mis colegas ven con pena lo que está pasando. Consideraban a España un país prometedor, saben el papel que tenía que jugar la investigación. –Pero si no hay dinero y hay que recortar, ¿qué se hace? –Los investigadores hemos aceptado los recortes, que son de un 30% acumulado. Y no hemos hablado de los sueldos nunca, que son ahora un 20% más bajos que antes. El problema de los recortes se da cuando estos llegan a ser irreversibles. No podemos cargarnos el futuro. –¿Cuántos investigadores ha perdido el CSIC? –En plantilla no ha habido pérdidas, pero en formación hemos perdido a 2.000 en toda España. Estos son los primeros en salir del sistema porque no se renuevan los contratos.   –Y son la cantera. –No es que estemos a cero pero son los que más han sufrido los recortes. Ha sido un palo. Y lo peor es el mensaje que se lanza a los jóvenes. ¿Quién va a querer meterse en esto? El recurso humano es lo más importante. Formar a una persona cuesta unos 20 años. –¿Si hubiera otro signo político en el Gobierno no se habrían hecho estos recortes? –Difícil responder. Mi experiencia personal es que la visión que se tiene de los servicios públicos y la investigación difiere según el partido. Pero, al final, todo depende de las personas, de su sensibilidad. En ese sentido debo decir que he encontrado personas brillantes con ambos partidos [PP o PSOE] y personas penosas. –¿Entonces los de ahora son penosos? –No me gustaría estar en su lugar. –Usted fue director de la Estación Biológica de Doñana, ¿es el dragado la ruina para el río y para el parque natural? –El problema del río no es el dragado sino cómo está el río. Hicimos una experiencia para ver si podían anidar Águilas pescadoras y no fue posible porque no veían los peces por la turbidez, la acumulación de contaminantes y la salinidad. El río es un lamentable charco oscuro. En este contexto el dragado está fuera de lugar. No se trata de estar a favor o en contra. Lo importante es el río, regular sus actividades para recuperarlo. Que Doñana vaya a morir por el dragado es una barbaridad.El río ya está casi muerto. –¿Cuál es el futuro de Doñana, cuáles son sus amenazas? –En relación a Doñana siempre ha habido gente que dice que se va a morir (los más) y los que dicen que no. Pero los datos están ahí. No está peor que hace 30 años. La conservación es dinámica, no es un zoológico. Doñana ha sido un referente por la aplicación de conocimientos científicos a su conservación. La asignatura pendiente de Doñana es saltar la valla y convertirse en un vivero de ideas que se extrapolen a la comarca. En el parque podrían ponerse en marcha prácticas de agricultura sostenible con el sello de calidad de Doñana. Así se conquistaría la comarca. Le pongo el caso de los freseros: cada vez cogen más agua del acuífero pero cada vez tienen más problemas para vender fuera, porque el consumidor es muy exigente con la forma de producción. Doñana podría convertirse en un vivero de empresas sostenibles.

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