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Rocío

El Rocío, una forma de vida

La Hermandad del Rocío de La Algaba inició ayer su camino a primera hora de la mañana hacia la aldea de la Reina de las Marismas tras celebrar su misa de romeros en la iglesia de Santa María de las Nieves.

el 04 jun 2014 / 00:33 h.

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Un grupo de romeros que ayer iniciaron el camino hacia la aldea de la Blanca Paloma junto a las Hermandad del Rocío de La Algaba. / El Correo TV Un grupo de romeros que ayer iniciaron el camino hacia la aldea de la Blanca Paloma junto a las Hermandad del Rocío de La Algaba. / El Correo TV Chantal de la Cruz Si se pudiera resumir en una palabra, recogimiento sería la que definiría al sentimiento que invadió a la localidad de La Algaba con la salida de su hermandad del Rocío hacia la aldea, acompañada de 27 carriolas, 37 caballos y tres carretas. Los romeros de este municipio de la comarca de la Vega del Guadalquivir se citaban temprano para acudir a la misa de romeros en la iglesia de Santa María de las Nieves. Muchos eran los fieles que se acercaron hasta el templo para escuchar las palabras del párroco Ramón Herrero. En el templo, monumento gótico-mudéjar, no faltaba un hermano, ni una flor, ni un volante. Olía a romero y a ganas de compartir la advocación y la devoción a la Blanca Paloma durante unos días que ya han llegado. Ya lo decía el alcalde de la localidad, Diego Manuel Agüera. Aunque la primera mitad de 2014 no había sido tranquila para el pueblo, durante estos días se abre paso entre las arenas un paréntesis. No es una pausa cualquiera, ni tampoco unas vacaciones. Queda por delante un camino entre amigos y hermanos de ida, y otro de vuelta. Entre todo eso, el paso por el Vado del Quema, por Villamanrique y por el Ajolí. Y lo más esperado, el encuentro de los peregrinos con ella, la Reina de las Marismas. Con el gentío y el sol saludando de cara a los peregrinos y a los curiosos, llegaba la hora de ultimar detalles. Los hermanos abandonaban la iglesia para toparse con las altas temperaturas. Las flamencas se miraban entre ellas, comprobaban que tenían la flor bien puesta, los labios pintados, la medalla, el pañuelo y los sentimientos listos para ser expulsados en forma de rezo, canto y oración. Los hermanos más pequeños correteaban por la plaza algo ajenos a lo que sucedería a continuación, pero ataviados hasta con el tamboril para iniciar el camino que los llevará a los brazos de la Blanca Paloma. Tras los besos y los buenos deseos de los peregrinos, tocaba centrase y, cómo no, colocar el simpecado en la carreta. Para los rocieros novatos es el gran símbolo de la hermandad, ese que representa a los hermanos y al sentimiento de amor hacia una madre que ya espera impaciente en una pequeña aldea de la provincia onubense. El de la hermandad de La Algaba se mostraba más que firme sobre la carreta, convencido de que le espera un camino largo pero esperado y haciendo brillar el tisú de plata que fue bordado hace veinticinco años. Los allí presentes hacían esfuerzos por no mostrar su nerviosismo y su impaciencia, pero había ganas de salir a caminar. La Junta de Gobierno intercambiaba miradas donde se podía leer que llevaban todo un año esperando encontrarse con el olor del romero y las arenas. El hermano mayor, Pedro Piñero, con la respiración acelerada, intentaba mantener la calma en todo momento.Emocionado, afirmaba casi con las lágrimas saltadas: «Solo quiero salud y paz entre todos, y hacer el camino por mí y por todos los enfermos que en sus casas no pueden rezar con nosotros en estos días tan bonitos». Pasaban las horas y aumentaba el calor. Casi con veinte grados centígrados nada más que a las diez de la mañana las carretas se echaban a las calles de La Algaba tras el simpecado. Azul y blanco eran los colores que predominaban por la avenida principal del municipio. Pero todo no quedó en ese binomio… el rojo, el rosa y el verde se unían en una petalada de varios minutos que caía sobre la carreta del simpecado momentos antes de acabar el pequeño paseo por el pueblo antes de salir a rezar por las arenas. Fueron muchos los protagonistas durante el día, pero uno de los grandes fue Antonio José Lunar. Con tal solo 10 años su sentimiento es tal que el jueves tomará la primera comunión durante el camino. Así lo hicieron dos de sus hermanas, y de la misma forma fue bautizado.Y es que para este algabeño «el Rocío no es esta semana», sino su «forma de vida».

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