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El Romero Murube periodista

Un ensayo de Álvaro Romero reivindica la faceta como articulista del escritor.

el 13 feb 2011 / 19:45 h.

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Álvaro Romero considera que Romero Murube fue un periodista vocacional.

Demostrar que Joaquín Romero Murube alcanzó fama, prestigio y notoriedad gracias sobre todo a su condición de articulista en periódicos locales, más que como poeta, y desmontar esa falsa imagen que le ha perseguido durante mucho tiempo de colaborador del régimen franquista. Son dos de los propósitos que persigue el periodista y profesor Álvaro Romero Bernal (Los Palacios y Villafranca, 1979) al rendir tributo a su paisano con la obra biográfica Joaquín Romero Murube. El periodista en la calle (Centro Andaluz del Libro).

"Se trata -en palabras del propio autor- de un ensayo en profundidad sobre el hombre que dirigió los Alcázares de Sevilla pero muy centrado, claro está, en su faceta de periodista volcado siempre en la realidad de la calle. Intento demostrar que esta faceta es la más trascendente de cuantas ejerció y, por supuesto. más trascendente que la de poeta". Hasta ahora, la figura de Romero Murube (Los Palacios y Villafranca, 1904-Sevilla, 1969) había sido estudiada como poeta de segunda o tercera fila de la Generación del 27. "Tal vez es consciente muy pronto de la competencia tan grande a la que ha de hacer frente perteneciendo a una generación como la del 27, donde confluyen tantísimos poetas imprescindibles...", reflexiona.

Ahora, esta obra profundiza en una visión de Romero Murube que no se tenía: la de periodista de verdadera vocación. "La prensa se la toma, como Ortega y Gasset, como el lugar en el que ha de hablar el intelectual en la plaza pública. La concibe como arma necesaria para la reflexión constante. Cada cierto tiempo, recopila buena parte de sus artículos en forma de libro. Es lo que ocurre, directamente, con títulos como Memoriales y divagaciones, Lejos y en la mano o Los cielos que perdimos", apunta Romero Bernal.

El libro se divide en tres grandes apartados: uno biográfico; un análisis de su condición de destacado articulista en todos los periódicos locales -las páginas de El Liberal, El Noticiero Sevillano, Abc y El Correo de Andalucía conservan el testimonio de este periodista palaciego-; y una antología de sus primeros artículos, de los que escribe antes de ingresar como conservador en el Alcázar, en 1934.

A través de una obra dedicada especialmente a la ciudad, a su idiosincracia, a su gente, a su arquitectura, a su urbanismo y a su luz singularísima, Romero Murube se convirtió en todo un emblema de la Sevilla eterna que él encarnó en primera persona. Vigía permanente del urbanismo capitalino, habría que imaginarse lo que el periodista palaciego diría hoy de proyectos como el de las famosas setas de la Encarnación o el de la Torre Cajasol. "Conociendo su profunda sensibilidad con la arquitectura y su aprecio por la sutilidad y el pragmatismo de las construcciones, incluso las populares, creo que ironizaría sobre ambos proyectos, cargado de melancolía. Él escribe un interesante artículo en Abc el 6 de octubre de 1963 que titula Los cielos que perdimos y que luego utiliza para nombrar su último libro, casi dos años después, y ahí vuelve a reivindicar los cielos de Sevilla que le robaban a las generaciones venideras, esos cielos que ya no se veían porque muchas construcciones salvajes los habían tapiado". Y remata: "Romero Murube sería hoy un tipo incomodísimo...".

Romero Bernal también lucha en este libro por borrar esa imagen de "distinguido señorito" que pesaba sobre su paisano, tenido en determinados círculos por "colaborador del régimen franquista". "Nada más lejos de él, que no fue más que un extraordinario superviviente tanto en la II República, cuando también intentan echarlo del Alcázar, adonde había entrado como conservador en 1934, como durante el largo franquismo... Creo que es más meritorio sobrevivir en circunstancias difíciles en tu propio país, escribiendo de lo que a uno le da la gana y le preocupa, que denunciar muchas cosas a miles de kilómetros".

Defiende Romero Bernal que su paisano "hacía el periodismo que quería y en el que creía". Fue un "aristócrata del periodismo" que conjugó como nadie esa síntesis mancomunada de periodismo y literatura o viceversa, preso de su pasión por la escritura y por lo que sucede en la calle.

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