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El rostro amargo de la crisis

Casi a la misma hora en la que el Ministerio de Trabajo informaba ayer de los datos del paro se veía en las puertas de algunas oficinas del Servicio Andaluz de Empleo en Sevilla una estampa casi caída en el olvido: las colas formadas por los demandantes de empleo.

el 15 sep 2009 / 11:06 h.

Casi a la misma hora en la que el Ministerio de Trabajo informaba ayer de los datos del paro se veía en las puertas de algunas oficinas del Servicio Andaluz de Empleo en Sevilla una estampa casi caída en el olvido: las colas formadas por los demandantes de empleo. Es un síntoma más de una realidad que no admite más circunloquios: la crisis ya no se aprecia tan sólo en las constantes subidas de los precios y de las hipotecas o en la contracción del consumo. Ahora destruye puestos de trabajo en una proporción inusitada para una sociedad que soñaba no hace tantos meses con el pleno empleo. Agosto corrobora un paisaje desolador: 103.085 personas perdieron ese mes su trabajo y engrosaron una lista de parados que alcanza ya los dos millones y medio de personas, una cifra que no se alcanzaba desde febrero de 1998. Ya no es tiempo de eufemismos, por mucho que ayer Zapatero insistiera en denominar la destrucción de empleos como un dato "objetivamente malo" fruto del "evidente proceso de frenazo y estancamiento de las economías europea y española". El mismo Ministerio de Trabajo lo certificaba ayer al reconocer la gravedad del momento y augurar que "aún no ha tocado fondo". España se enfrenta a una crisis de dimensiones casi globales, pero las Administraciones tienen un margen de maniobra para actuar en el mercado. Gobierno Central y Junta deben incidir en las medidas adoptadas para mitigar los efectos de la sacudida financiera sin caer en el fatalismo de aceptar que tanto el problema como sus soluciones provienen de los mercados internacionales. Por supuesto que hay un campo de actuación. Lo que hay que hacer es abonarlo. Zapatero comparecerá este próximo día 10 de septiembre en el Congreso y allí, además de explicar pormenorizadamente los efectos de las medidas adoptadas por su Gobierno en junio, presentará un documento de propuestas destinadas a paliar la situación en el sector de la construcción, el más castigado por la recesión. Y en el ámbito andaluz también se pueden tomar decisiones de calado. Ayer mismo, este periódico contaba que la Junta había acudido al rescate de una empresa almeriense de plásticos para invernaderos que atravesaba problemas de liquidez. La Administración autonómica no puede acudir al rescate de todas las pymes que lo pasen mal (es más, vulneraría las normativas europeas sobre libre competencia), pero sí actuar, bajo el amparo legal, en compañías cuya solvencia y posición en el entorno socioeconómico aconsejen la intervención para evitar males mayores que, en estos casos, sí se pueden evitar.

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