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El rostro femenino de la exclusión

El IAM subvenciona 54 proyectos para ayudar a prostitutas, ex presas o drogodependientes. Destinará casi un millón de euros a programas de ONG que beneficiarán a 13.000 mujeres.

el 27 dic 2010 / 21:26 h.

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19 de los 54 programas subvencionadas trabajan con prostitutas.
Una unidad móvil de Médicos del Mundo recorre cada día las calles y zonas de clubes de alterne donde se ejerce la prostitución. Hacen a las mujeres test rápidos de VIH, las vacunan contra la hepatitis y sobre todo, les informan de que, aunque sean inmigrantes y estén en situación irregular, tienen derecho a asistencia sanitaria. Las ayudan a sacarse la tarjeta, a ver qué ambulatorio les corresponde y a orientarlas sobre trámites como pedir cita. El programa atiende al año a unas 2.600 mujeres entre Sevilla, Málaga y Almería y es uno de los 54 proyectos para mujeres de colectivos excluidos subvencionado por el Instituto Andaluz de la Mujer .

 

El IAM destina casi un millón de euros (914.000 euros)a estos programas que prevén superar las 13.000 beneficiarias (la mayoría en 2010 pero algunos finalizan en 2011) entre madres solteras, reclusas y ex reas, sin techo, prostitutas, inmigrantes o víctimas de violencia de género.

Médicos del Mundo trabaja con prostitutas, el 90% inmigrantes irregulares, según explica el coordinador regional Francisco Rabé.

"El objetivo es mejorar la promoción de su salud y reducir los daños, pero también identificar a víctimas de redes de trata de mujeres con fines de explotación sexual", subraya. El aval de estos equipos es la "confianza" que tienen las mujeres de que no van a denunciarlas y "el boca a oreja" entre ellas hace que se acerquen a la unidad móvil, donde van sanitarios y trabajadores sociales que reciben una formación específica previa.

La unidad móvil sale a la calle todos los días en horarios distintos según la actividad de cada zona, pero también acuden a clubes de alterne. "En estos casos previamente hacemos un trabajo con los dueños de los locales porque si se oponen lo tenemos complicado. En general no hay una mala acogida", explica Rabé.
Los principales problemas que encuentran no son tanto sanitarios porque "suelen cuidarse y hacerse controles" sino el desconocimiento de los servicios sociales a los que pueden acudir y la "demanda de trabajo, ya que la mayoría querrían cambiar, ejercen la prostitución por obligación, porque tienen deudas".

No obstante, el coordinador de Médicos del Mundo reconoce que "cada vez hay más problemas de adicciones, al alcohol o a la cocaína, en muchos casos propiciados por los clientes y en los que caen porque es una situación difícil, faltan recursos de asistencia y son mujeres que llevan un estigma".

Normalizar la vida de mujeres en exclusión hasta lograr su autonomía es la labor "personalizada" que hacen las religiosas de Villa Teresita, que cuentan con una casa de acogida en Sevilla para mujeres drogodependientes, que viven en la calle, víctimas de violencia de género, inmigrantes, transexuales o procedentes de la prostitución.

La casa de acogida existe desde los años 80 pero el perfil de mujeres atendidas ha cambiado. "En los 80 atendíamos sobre todo a madres solteras porque entonces esa situación llevaba a muchas a la prostitución, en los 90 eran más drogodependientes y desde 2005 es un perfil más variado", explica la responsable Conchi Jiménez.

Las mujeres llegan a esta casa "derivadas de los servicios sociales, hospitales, centros de salud, parroquias o gente que nosotras conocemos de la calle" y pasan por ella como "un recurso transitorio" antes de ingresar en una comunidad terapéutica. En principio se establece una estancia de seis meses para que "no se confíen", ya que el objetivo es "que salgan independientes y autónomas", si bien el proceso es personalizado y se prolonga tanto como sea necesario. Incluye desde formación para el empleo, recuperar habilidad sociales y asistencia jurídica o psicológica pero "la abogada o psicóloga no vienen, ellas van". Cuando salen "estén bien o mal, se hace un seguimiento porque siguen siendo vulnerables".

Jiménez destaca que "vienen libremente y libremente se pueden marchar", por eso el ingreso debe partir "de su deseo de cambiar de vida". Reconoce que algunas se van "pero vuelven porque tienen este referente".

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