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El secreto de Leví

En algún lugar bajo la Judería duerme desde hace 700 años un tesoro increíble. Imaginar su escondrijo forma parte de una visita guiada gratuita por San Bartolomé, mañana por la mañana. Apúntese.

el 24 nov 2011 / 19:21 h.

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Mientras los turistas se van a Santa Cruz a hacer fotos de los faroles y las callejuelas con lápida, la verdadera Judería, allí al lado, reposa solitaria en su largo luto de siglos, puesta disimuladamente bajo la advocación de San Bartolomé, como en una especie de programa de protección de testigos para barrios que han presenciado las peores atrocidades. Es por estas callejuelas, en donde el tiempo se espesa en paredes de un metro de ancho, patios con farol y zaguanes con dos y hasta tres fantasmas, por donde el estudioso del patrimonio sevillano Manuel García Ponce, a la sazón guía en la Catedral, conducirá mañana a todos los sevillanos que, de forma libre y gratuita, quieran apuntarse a conocer algo mucho más aterrador, inquietante y sugerente que las leyendas del barrio hebreo de Sevilla: las verdades, que son de aúpa.

La gentileza, que durará unas tres horas a partir de las diez de la mañana, hay que agradecérsela también a la entidad que promueve este paseo por la historia: la asociación cofrade Nuestra Señora de las Maravillas, que precisamente mañana, en su sede de la calle Ajimez (barriada de Los Arcos, Miraflores) ofrecerá a la hora del tapeo una garbanzada a precios populares. Pero lejitos de allí, en el citado San Bartolomé, lo que habrá no serán garbanzos sino judías. Y no de las de comer, sino de las de recordar, pues todo en estas callejas evoca, por mucho que los siglos se hayan empeñado en difuminarla según su costumbre, la impronta hebrea. Por ejemplo, la certeza de que en algún lugar, bajo alguna de esas casas o de esos empedrados, se esconde el tesoro más fabuloso que se pueda uno imaginar.

"Samuel Leví, el tesorero de Pedro I, que vivía en lo que hoy es Don Remondo, tenía una fortuna inmensa y se dice que guardaba en su casa el tesoro real. Fue torturado en las Atarazanas por los Trastamara, pero murió sin confesar el secreto. Y jamás fue encontrado", comentaba ayer tarde el citado guía, Manuel García Ponce, quien conducirá a quienes vayan con él a los dos lugares donde, en su opinión, estaría esa fortuna en oro: la iglesia de Santa María la Blanca, antigua sinagoga (y donde por cierto están de obras, así que más les vale espabilar, que no está la cosa precisamente para despreciar potosís) y, más probable para su gusto, el convento de Madre de Dios, en la calle San José.

Poco después del asesinato de Leví, sus correligionarios del barrio sufrieron uno de los pogromos u operaciones de exterminio étnico más terribles de cuantos han padecido los hebreos en Europa, recordado como la matanza de la Judería sevillana. No se sabe si ese criminal genocida conocido como el Arcediano de Écija, e inspirador de esta masacre, tendría entre sus intereses el de hallar el tesoro. García Ponce barrunta que quienes sí actuaron con esa idea fueron los invasores franceses de Napoleón cuando echaron abajo la muralla y destruyeron la iglesia de Santa Cruz. "Yo creo que lo hicieron buscando el oro de Samuel Leví."

Pero que nadie se lleve la burra y la pala. Primero, porque está feo; segundo, porque el paseíto no va a consistir solo en eso. "Empezaremos por la calle San Clemente, donde todavía se conserva un pilar de la antigua Puerta de la Judería. Veremos el trazado original del barrio judío, porque, aunque las casas hayan sido reformadas, son las originales de la época y aquello está tal y como era: Archeros, Verde... en Verde, por ejemplo, el adoquinado es el original de entonces", explica el experto. "Veremos muchas cosas curiosas más, nos llegaremos hasta el barrio de Santa Cruz, pasaremos por los Venerables, y acabaremos en el Patio de Banderas."

Todo ello, después de haber procedido al célebre culto novembrino de pasarse a ver la estatua de Don Juan Tenorio. Y allí, en los Refinadores, los paseantes conocerán no solo la identidad real sino la historia del verdadero burlador de Sevilla, según el guía: Pedro de Ribera, "a quien llamaban Pedrito Ribera, un señorito rico y guapetón de la casa de Medinaceli que, acostumbrado a tenerlo todo, secuestró y violó a una novicia. Nada del diván y más pura la luna brilla, sino que la raptó y la violó. Y la leyenda del Tenorio retrata su final a la perfección, porque fue muerto por el capitán Cepeda" (no el de la Expiración del Museo, sino otro). El resto de descubrimientos y placeres históricos queda para quienes se animen a participar en la excursión urbana. La cita, a las 10 en la Diputación.

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