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El Sevilla aplaza 7 días la Champions (0-0)

El Sevilla empató ayer ante Osasuna, lo que aplaza al menos una semana más su clasificación para la Liga de Campeones. Pero no podrá quejarse el equipo de Jiménez, que en un pobre partido al menos sumó un punto válido. Demasiado para los méritos contraídos en el Reyno de Navarra.

el 16 sep 2009 / 02:51 h.

El Sevilla empató ayer ante Osasuna, lo que aplaza al menos una semana más su clasificación para la Liga de Campeones. Pero no podrá quejarse el equipo de Jiménez, que en un pobre partido al menos sumó un punto válido. Demasiado para los méritos contraídos en el Reyno de Navarra.

Los partidos en Pamplona nunca son fáciles, y eso explica que el Sevilla vaya a acumular más de 16 años sin conocer la victoria en el estadio ahora llamado Reyno de Navarra. Pero si además de contar con esa leyenda negra el equipo nervionense acude al recinto de Osasuna apocado, tímido y sin el deseo ferviente desde el primer minuto de romper la racha la victoria llega a parecer una quimera.

Ayer estuvo el Sevilla infinitamente más cerca de perder que de ganar, y eso que había en juego ni más ni menos que una clasificación para la Liga de Campeones. Dada la disposición de Jiménez, la estrategia estaba más que clara. Contener la animada iniciativa local, que la hubo, e ir creciendo en el partido con los minutos. Desde ese punto de vista planteó el choque y desde ese punto de vista Jiménez dejó en el banquillo a dos de los mejores jugadores la anterior jornada, ante el Mallorca. Capel y Navas, y las bandas por tanto, se quedaron en el banquillo. Cuando las rescató el del Arahal a lo largo del partido ya quedaban menos minutos para el final y fue imposible superar a Osasuna.

Porque la apuesta del técnico de consolidar el centro del campo con tres centrocampistas resultó frustrante. Paradójicamente, el Sevilla prescindía de los costados, pero Osasuna los explotó hasta la saciedad y casi todas las ocasiones de los navarros fueron construidas por los laterales. En la primera parte Javier Flaño y Azpilicueta se proyectaron en ataque y el equipo nervionense no encontró respuesta ni en defensa para taparles ni en ataque para aprovechar sus huecos. Con este desarrollo del partido no era extraño que los navarros gozaran de varias ocasiones claras. La suerte, la ineficacia de los delanteros locales (Pandiani, m. 27 y m. 29), alguna que otra palomita de Palop y el larguero (Javier Flaño, m. 29) evitaron los tantos. De un Sevilla empeñado sin éxito en atacar por el centro, Ricardo poco supo. Ni una ocasión.

La segunda parte no ofreció síntomas de cambio de inicio. De hecho fueron los pamplonicas los que seguían inquietando a Palop, aunque de una forma más rudimentaria. Además, Squillaci y Escudé se mantuvieron firmes por arriba y por abajo y tanto Duscher como Romaric siempre estuvieron atentos a las ayudas. Tuvo que esperar el equipo de Jiménez al último cuarto de hora, como parecía estar en sus planes, para crear algo de inquietud. Lo hizo Luis Fabiano con un remate al larguero de cabeza (77') y con dos acciones individuales, la primera acabada de forma egoísta y la segunda mal definida por Capel (80'). Pero justo cuando parecía crecer y creer el Sevilla apareció Velasco Carballo para expulsar a Romaric de forma injusta. La Liga de Campeones, por el momento, tendrá que esperar. Ayer el Sevilla no se hizo acreedor de ella, aunque la sigue teniendo cerca.

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