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El Sevilla echa una mano inexplicable al Valencia

El encuentro de ayer no acaba de ser definitivo para mal para el Sevilla, ni mucho menos, pero pudo haberlo sido para bien si hubiera sabido contener al Valencia en un encuentro en el que González Vázquez y Fernando Navarro convirtieron en baldío el esfuerzo realizado con diez jugadores.

el 16 sep 2009 / 01:35 h.

El encuentro de ayer no acaba de ser definitivo para mal para el Sevilla, ni mucho menos, pero pudo haberlo sido para bien si hubiera sabido contener al Valencia en un encuentro en el que González Vázquez y Fernando Navarro convirtieron en baldío el esfuerzo realizado con diez jugadores.

Y curiosamente, el Sevilla, en inferioridad por la rigurosa expulsión de Adriano, aguantó y frenó casi toda la segunda mitad a un Valencia que ayer continuó con su racha de victorias, pero más por ayudas ajenas que por las propias. Primero por jugar la segunda parte con un futbolista más y luego por el regalo inexplicable de Fernando Navarro. El balear, en un balón aéreo sin peligro aparente, saltó con la mano arriba y, más allá de la intensidad del roce con la pelota, el reglamento (dar o intentar dar) sanciona la acción con penalti. Hasta ese momento, minuto 81, el Sevilla había sabido jugar la segunda parte ante un Valencia nublado. Había convertido el partido en un mar de interrupciones, en un encuentro pasivo que había adormilado Mestalla y que discurría con más pena que gloria hacia un empate que valía a los de Jiménez, pero los últimos diez minutos, como en la primera mitad, fueron determinantes.

Porque fue curioso ver cómo durante la primera parte el Sevilla pasó de tener al Valencia rendido, a sus pies, con un gol de ventaja, con superioridad manifiesta en el campo, a irse en inferioridad numérica, con el partido empatado y pidiendo la hora. La explicación a tanta metamorfosis llega con el poco sentido común de Adriano, con la mala gestión del partido que hizo González Vázquez y con un penalti tan tonto como polémico que permitió a Villa hacerle un gol más al equipo nervionense y empatar un encuentro que el Sevilla había comenzando mandando. En apenas 15 minutos embotelló a un Valencia timorato y sorprendido en su casa. A base de saques de esquina, jugadas a balón parado y de control del balón se curó en salud y apenas sufrió en defensa, salvo un par de arreones de Villa y Silva. Todo ello, jalonado con un gran gol de Escudé de cabeza (8').

Con esa comodidad, incluso pudiendo setenciar en algunas ocasiones de Kanouté (19') y Perotti (33'), discurrió el partido hasta que el encuentro se emborronó y se ensució. El colegiado gallego, a raíz de pasar por alto un codazo a Renato de Albelda, que debió irse a la caseta, puso el listón por los suelos en las amonestaciones y empezó a disparar. Una por allí, otra por acá y un Adriano descabezado por allá. El brasileño vio una desmedida roja directa por una entrada en el centro del campo a Villa. A partir de ahí todo fue de corrido: la reacción del Valencia, el penalti a Mata, el empate y una ofensiva local hasta el descanso.

Tras el mismo, el Sevilla supo parar a su rival, pero a costa de renunciar a cualquier sorpresa. Jugaba en inferioridad y asumió ese papel de inferioridad, y en muchas fases con acierto. Aunque lógicamente sufrió (Palop detuvo sendos disparos de Villa y Mata y el 'Guaje' tiró otro al palo), supo parar el partido. Hasta el minuto 81. Otro penalti, otro gol. Y el partido, con un tercer tanto, se fue por el desagüe. Aún no se ha ido la ventaja que mantiene el Sevilla, pero ojo, se va reduciendo.

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