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El Sevilla se acostumbra a ganar en los últimos minutos

Un gol de Jesús Navas a tres minutos del final da al Sevilla un triunfo de valor incalculable de cara a sus aspiraciones de meterse otra vez en la Champions League, pues el Atlético, un rival directo, queda ahora a ocho puntos y con el goal-average perdido.

el 15 sep 2009 / 23:02 h.

Un gol de Jesús Navas a tres minutos del final da al Sevilla un triunfo de valor incalculable de cara a sus aspiraciones de meterse otra vez en la Champions League, pues el Atlético, un rival directo, queda ahora a ocho puntos y con el goal-average perdido.

Goles son amores y el único que subió ayer al marcador fue el que hizo Jesús Navas a tres minutos del final, sin tiempo para que los atléticos pudieran rehacerse de un golpe que prácticamente les desahucia de la lucha por la tercera plaza, que sigue en poder de los sevillistas y con ocho puntos de colchón sobre los colchoneros.

El Sevilla, todo hay que decirlo, no desplegó un fútbol brillante y fue bien frenado por el sólido sistema defensivo puesto en liza por el Atlético, que además gozó de las ocasiones más claras durante 87 minutos de partido, hasta que Jesús Navas recibió un excelente pase en profundidad de Fazio y, tras romper el fuera de juego, batió con suavidad al meta Leo Franco en su salida para que estallara de júbilo el Sánchez Pizjuán.

Cabezazo terrorífico

El partido no se salió del guión en su primera mitad. Bueno, sí. Pues nadie podía haber previsto el terrorífico cabezazo que se pegaron Romaric y Perea a los tres minutos, y que acabó con el marfileño en la enfermería para ser cosido (16 puntos de sutura en la cabeza) y el colombiano en el hospital, después de haber quedado un buen rato inconsciente. Manolo Jiménez y Abel Resino se vieron obligados a retocar muy pronto sus planteamientos, y en el Sevilla se quedó el argentino Fazio como único medio centro, mientras por delante Navas, Renato, Perotti -la gran novedad del once inicial- y Capel -sustituto de Romaric- trataban sin éxito de conectar con Kanouté.

Los colchoneros cubrieron la baja de Perea, que estaba actuando de lateral diestro, con un especialista como Seitaridis y apenas retocaron su dibujo, condicionado por la suplencia del Kun Agüero y un hiperpoblado centro del campo que cerró muy bien las bandas de los sevillistas y la conexión con Kanouté.

El Sevilla no encontró nunca el camino para desguarnecer a la zaga colchonera, que sólo pasó ciertos apuros en jugadas a balón parado en las que Squillaci y Fazio superaron por alto a sus marcadores. Simao, por contra, sí que buscó y encontró un par de veces las espaldas de Adriano en el lateral zurdo, y en la primera de ellas asistió a Forlán (26') para que rematara al larguero la mejor ocasión de toda la noche.

Tras el descanso la tónica siguió siendo la misma: el Sevilla no encontraba la manera de romper el sistema defensivo colchonero y las mejores ocasiones volvían a ser de los visitantes, pues Palop tuvo que desviar a córner un obús de Maxi (60') y el propio argentino mandó a las nubes una gran dejada de tacón del Kun (72'). Capel y Acosta (80') desperdiciaron un buen contragolpe en la única acción de la noche en que pillaron despistada a la zaga colchonera, que se quedó de piedra en el 87' reclamando un fuera de juego posicional de Kanouté mientras Jesús Navas recogía en posición correcta el preciso pase de Fazio para anotar un gol que bien puede valer una Champions y premia la fe de un Sevilla que nunca la pierde.

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