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El Sevilla se vuelve a anclar en la mediocridad

el 15 ene 2011 / 22:07 h.

Kanouté intentando controlar el balón.

El Sevilla ha cumplido la primera mitad de la Liga con más partidos perdidos (9) que ganados (8), es decir, que entre lo bueno y lo malo se inclina, por poco, por lo negativo. Es un buen paradigma que explica la derrota ante el Espanyol. Entre sus virtudes y sus defectos prevalecen sus defectos. Es decir, que entre su gran capacidad ofensiva y su nefasta gestión defensiva predomina lo segundo. Y tanto.

Ayer el Sevilla, en una cita vital ante un rival directo, no completó en términos generales un mal partido. Durante algunos minutos del mismo fue superior, creó ocasiones... pero durante otras fases dejó a la luz sus vergüenzas atrás. El problema es que suele dar igual con este equipo su nivel medio, su juego y hasta su planteamiento. Se desangra por la defensa, un enorme lastre a nivel colectivo, pero también individual. Contó Manzano con dos centrocampistas que no defienden. Uno porque pierde la posición siempre (Zokora) y otro porque apenas corre para atrás (Romaric). Luego tiene laterales derechos a patadas, pero Konko es un indolente, Dabo, un limitado y Cáceres, un indisciplinado táctico. Ayer optó por éste último, tan dañino como los anteriores. Por ahí volvió a llegar otro gol, por el adormilado uruguayo.

Luego arriba suele hacer ocasiones. Ayer las tuvo, más incluso que el rival. Pero no siempre la efectividad es plena, como por ejemplo en Villarreal, y hay veces que el portero rival (Kameni) aparece y frustra las intentonas de Luis Fabiano y Navas en la primera parte o de Kanouté y el mismo brasileño en la segunda. Ese día, como ayer, el Sevilla pierde (9 partidos, recordamos) o, como mal menor, empata (2 encuentros en la primera vuelta).Por todo ello, porque no puede basar su juego en su sobriedad defensiva y porque su ataque no siempre puede rendir al cien por cien, los partidos los juega a ráfagas. Ahora espero al rival, como ayer al Espanyol en los primeros minutos, ahora presiono, como cuando lo embotelló con varias jugadas continuadas. Durante esa ráfaga de la primera parte, que duró unos 20 minutos, pudieron llegar los goles. Pero no llegaron, y el Espanyol salió vivo del agobio. Como este Espanyol de Pochettino es un equipo serio, se recuperó y se creció apelando a la disciplina (¿la conocen dentro del campo los sevillistas?) y limitando, por tanto, los movimientos del Sevilla, que se convirtieron en previsibles. Navas se enfrentaba casi siempre a dos o tres jugadores por la derecha; por la izquierda Navarro apoyaba algo más a Perotti, pero sin demasiado fruto. Por el centro Kanouté siempre estaba rodeado de dos futbolistas y el desequilibrio en el centro del campo no lo supieron aprovechar Zokora y Romaric, que pocas veces superaron la línea de presión. Sobre todo porque las pocas veces que lo intentaron y lo hicieron les costó un mundo volver. ¿Cansancio? ¿Dejadez? Tanto en un caso como en otro dejaban al descubierto al Sevilla. Y por eso, el Espanyol, que apenas había pisado el área de Varas antes, logró adelantarse y marcar, algo fácil para cualquier rival sevillista, que sólo tiene que aprovechar un fuera de juego mal tirado (Callejón, 41’) o que en una falta se duerman uno o dos defensas nervionenses (Cáceres y Alexis en el gol de Callejón, m. 78) para ganar el partido. Y con dos goles en contra un tanto en el 91 (Negredo) se hace inservible.

Es sencillo. El Sevilla pierde más que gana porque encaja más que marca y defiende peor que ataca. La ecuación de los mediocres, la ecuación del décimo clasificado de la Liga en su ecuador.

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