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El Sevilla sólo pelea en las guerras modernas

El equipo de Manzano perdió ayer ante el Sporting, entre otras cosas, por la intensidad, mucho mayor en los asturianos que en los sevillistas. En el cuerpo a cuerpo el Sevilla pierde las batallas, y eso es peligroso en una Liga en la que la mayoría de los equipos intentarán siempre llevar la batalla a su terreno, el cuerpo a cuerpo.

el 17 oct 2010 / 22:45 h.

La historia de los enfrentamientos bélicos arroja un resultado rotundo a lo largo de los siglos. A mayor evolución, a mayor tecnología, las bajas militares se reducen, mientras que por contra las civiles son más numerosas. Ha sucedido, por ejemplo, en las dos guerras de Irak. Estos enfrentamientos de final del siglo XX y comienzos del siglo XXI eluden el cuerpo a cuerpo hasta que se hace imprescindible en el último momento. Las fases previas de los conflictos son casi siempre aéreas, estratégicas y con poco riesgo de vidas militares. Stalingrado, Normandía, las Navas de Tolosa, Gaugamela, etc., difícilmente volverán a repetirse.

Pero en el fútbol las batallas cuerpo a cuerpo siguen convocándose. Suele suceder cuando el oponente anda corto de recursos, cuando no anda sobrado de calidad armamentística, técnica y táctica, que fuerce la batalla más primitiva, donde puedan igualarse las fuerzas. Eso lo hace en el balompié como nadie el Sporting de Gijón, sobre todo en El Molinón y sobre todo si el contendiente es el Sevilla, que causa un efecto motivador tremendo en los asturianos. Y ese tipo de duelos los rehúye cada vez más el equipo andaluz, un equipo que se hizo grande precisamente en épicas batallas a ras de tierra cuando no tenía recursos. Ahora que los tiene se ha alejado de esos principios. Ha perdido intensidad, ha perdido maldad, ha perdido astucia, intuición en el campo. Sólo hace la guerra moderna, probando los mismos medios y desde la lejanía, y cuando hace falta el cuerpo a cuerpo se difumina.

También, claro, influyen los combatientes, los soldados. El jugador bueno lo es por su tremenda calidad, claro está, pero también por su nivel de competitividad, y en eso las filas blanquirrojas han perdido en los últimos años. El espíritu insuflado por los Poulsen, Martí y Daniel Alves se echa en falta, y no por la ausencia de estos, sino por la de sus sustitutos. Los Guarente, Romaric, Acosta y compañía no aguantan en el campo de batalla ni un duelo a cuchillo.

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