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El Sevilla viaja por primera vez a la Unión Soviética

Después de tener el partido muy favorable, recibió el Sevilla dos goles del rival moscovita en los minutos finales.

el 04 nov 2009 / 09:03 h.

En la plaza Roja de Moscú.

En Moscú con el Sevilla. Ardía en deseos de conocer la URSS. Desde joven había escuchado versiones tan contradictorias que deseaba ver con mis propios ojos la realidad de tan enorme país. Había visitado países del llamado telón de acero, pero no su madre patria, que era ignota para mí. Por ello, los deseos se convertían en irrefrenables por saber lo bueno y lo malo que sería capaz de discernir de Moscú, la capital de la URSS.

En mis primeros tiempos en LVG (La Voz del Guadalquivir) alternaba con Agustín Navarro los viajes para las retransmisiones de los partidos, mientras compartía el programa matinal de Radio Deportes con Antonio Gómez, redactor jefe, y Pepe Nieto, que se emitía a las 8.30 de la mañana. Recuerdo las intervenciones de Miguel Gallardo en baloncesto y Javier Peinado cuando llegaba la temporada de hípica. Era el último de la clase y, lógicamente, en el viaje a Moscú, cuando jugó la Recopa el Real Betis con el Dinamo, que se llevó a Tblisi, capital actual de Georgia, por la climatología en la capital moscovita, me quedé de suplente y fuera del equipo viajero.

El 22 de noviembre de l990 pisé el aeropuerto de Moscú con la expedición del Sevilla para jugar ante el Torpedo la ida de los dieciseisavos de final de la UEFA. Era presidente en funciones José María Cruz, que no pudo viajar, y delegado José Ramón Cisneros Marco. Curiosamente, Luis Cuervas estaba a punto de entrar como presidente con José María del Nido como primer vicepresidente de la nueva junta directiva del club sevillista.

Hubo dos enormes aviones para el desplazamiento, uno el lunes y otro el martes. Los periodistas viajamos en el primero quedando alojados en el Hotel Cosmos, un hotel enorme, bastante viejo y con servicios deteriorados, mientras que el Sevilla lo hacía, pues sus gastos los pagaba el Torpedo, en el Hotel Rossia al lado de la Plaza Roja y que tenía nada menos que 6.000 habitaciones, de una calidad muy similar al nuestro y del que se quejaron los expedicionarios sin recibir respuesta para un cambio a un mejor hotel.

Al día siguiente a primera hora, llegó el segundo avión que vivió muchos apuros porque a pesar de llegar a las 5 de la madrugada, los trámites burocráticos y la recogida de maletas se hicieron eternos, más un viaje posterior hasta el Hotel Cosmos de 80 kilómetros en un autobús desvencijado. Muchas caras conocidas de aficionados sevillistas: Enrique Lora, que iba a comentar el partido para TVE, Ángel Oliveros con Pepe Ventura, Manolo Leonardo, los Morancos con su hermano Carlos y sus padres, mis entrañables Juani Cadaval y María Pérez. Con ellos a primera hora visitamos el espectacular e impresionante metro de Moscú con unas estaciones monumentales en ornamentación y obras de arte.

Muchas cosas que ver. El tiempo volaba y había tantas cosas que ver que caminamos y caminamos hasta la extenuación. A la Plaza Roja fuimos con José María Aguilar (ABC), Rafael Almansa y Manolo Arenas (SER) y nos impresionó la monumentalidad de un entorno bellísimo. En la tumba de Lenin, en la que coincidimos con José Antonio Blázquez, Manolo Lorente y Dimas Rizo, hice mi primer trapicheo. Había un soldado que acababa de hacer el cambio de guardia y me hacía señales para venderme su gorro de piel de astrakán (era el bueno y auténtico). Detrás del monumento le entregué los dólares convenidos y me dio el gorro quitándome la estrella que necesitaría para colocarlo en otro de repuesto. Estaba como niño con zapatos nuevos por salir indemne de este experimento dado que había muchos guardias de paisano que requisaban cualquier tipo de mercancía que ellos consideraban comprada de forma ilegal. Después vino una gran sorpresa cuando quisimos entrar al servicio y nos dieron primero un papel, después una señora lo sellaba y otra finalmente tras pagar unos insignificantes rublos lo recogía para entrar al servicio. Y no digamos cuando en la calle Arbat, peatonal y donde estaban los grandes almacenes, compré por 2 dólares unas magníficas mascotas que fueron una sorpresa para mi padre que no daba crédito al precio pagado en comparación con las que él adquiría en el comercio de Maquedano de la calle Sierpes.

Nos defendimos como pudimos con la comida gracias a las provisiones que muchos de nosotros llevábamos desde Sevilla y a la comida oficial que hizo el Sevilla FC y a la que no pudo asistir el embajador don José Cuenca, dado que estaba en Madrid en la visita oficial que hacía el presidente Mijail Gorbachov, al que días antes habían dado el Premio Nobel de la Paz.

No quiero olvidarme de que en cada una de las enormes plantas, creo que eran 25 las que tenía el Hotel Cosmos, había una señora detrás de una mesa a la que todas las mañanas le enseñabas la llave, te tomaba nota y te entregaba un trozo de jabón. O la odisea para poner una conferencia a Sevilla, pues en 1990 no existían los teléfonos móviles. Al respecto tengo un suceso del que ahora nos reímos mucho pero que en aquel momento fue todo lo contrario. Había en la cabina telefónica para dar las correspondientes conferencias una señora alta y gruesa, muy dada a hacer favores en los turnos de llamadas previa la dádiva correspondiente. Resulta que la señora de Manolo Arenas (compañero técnico de Radio Sevilla) había dado a luz a una niña. Manolo quería noticias al respecto y como salíamos pronto hacia el campo hizo ver al intérprete la necesidad de la conferencia. Cuál fue su sorpresa cuando le dijo que "dólares o cuatro horas de demora". Manolo sacó su genio, y casi levantó a la señora del asiento. Llegaron los miembros de seguridad del hotel y los policías y a punto estuvimos de tener un desagradable disgusto. Afortunadamente y después de un buen tiempo de incertidumbre se arregló el caso.

El partido se torció. La eliminatoria se le fue al Sevilla, que tenía bien encarrilado el partido pero que al final recibió dos goles que le llevaron a un marcador contrario de 3-1. Hizo el gol sevillista Toni Polster. El miércoles 7 de noviembre en el Sánchez Pizjuán se le puso el partido muy mal al Sevilla en una noche de lluvia que dejó mal el campo. El equipo hispalense recibió un gol en los primeros minutos en una extraña jugada en la que el linier levantó la bandera señalando un fuera de juego que el colegiado no estimó. Después vendrían los goles de Bengoechea y Ramón, que llevaron la esperanza a las gradas. Pero al final, siendo muy superior aquel Sevilla al Torpedo, quedó eliminado de la Copa de la UEFA que años después le daría tantas satisfacciones a la afición.

Aquel primer viaje a Moscú tendría un final inesperado. La expedición oficial y los aficionados llegaron de madrugada tras viajar de un aeropuerto a otro en busca de los aviones sin recibir respuesta. Por fin, en un aeródromo militar aparece un avión. Se formó la mundial porque era el avión segundo en el que viajaron los aficionados pero en él entraron primero los jugadores, después los directivos y sus señoras y después... sálvese el que pueda.

Cundió el pánico, hubo gritos y alboroto y de nuevo por carreteras increíbles y con nieve de por medio emprendimos un largo viaje hacia otro aeródromo donde apareció el primer avión y los que nos quedamos fuera del primero respiramos al despuntar la mañana y pudimos despegar camino de Sevilla. La verdad es que nuestro primer viaje a la URSS y a su capital Moscú fue de lo más interesante por las anécdotas que vivimos.

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