Cofradías

El silencio más radiante de la semana

el 18 abr 2011 / 19:15 h.

El Santísimo Cristo de la Veracrzu inundó de solemnidad y recogimiento las calles de Sevilla

Anuncian la caída inminente de la noche, con toda su negrura luctuosa. El Lunes Santo adquiere perspectivas lóbregas en Santa Marta y certifica el tono funerario con Vera-Cruz. Será cosa de Las Penas acabar luego de cincelar este trío doliente y silente de cofradías.

Cada uno de los detalles que rodean a la Vera-Cruz parece como impregnado por un rito que viniera de muy lejos en el tiempo. A veces, es tan singular el proceder de la cofradía que pareciera estar contemplándose un cortejo de otro lugar, o, como mínimo, de otra época.Rechinaron secamente las puertas de la Capilla del Dulce Nombre y tan simple accidente pareció erigirse en un código por todos entendido, en una llamada al silencio, al recogimiento total.

Toma tu cruz y sígueme reza el lema inscrito en la cruz de guía de una hermandad que arranca con un impresionante reguero de penitentes que ayer tarde se perdían por Virgen de los Buenos Libros buscando la Carrera Oficial. A buen paso, como es su sello natural, las primeras briznas de incienso anunciaron con su perfume que Cristo llegaba muerto y crucificado sobre su característico lecho de lirios morados.

El paso, realizado en madera de caoba de Cuba, más grande que el que desfiló hasta 2007 sigue acentuando aún más la estremecedora y mortecina pequeñez de la talla anónima del siglo XVI. A su vera dos ángeles ceriferarios continúan acompañando el deceso. Todo es fúnebre en la Vera-Cruz. Y silencioso. Apenas unas cuantas indicaciones en voz baja por parte del capataz Julián Huertas. En la calle comenzaron a escucharse los rezos del rosario por parte de los hermanos costaleros. Penitencia con las cruces a cuesta y también bajo el paso del Cristo de la Vera-Cruz. Luego, una estampa no por conocida menos sorprendente. Las numerosas representaciones de las hermandades filiales ponen una inusitada mancha de color antes de que los cirios verdes de los nazarenos negros de la cofradía volvieran a traer el mismo clima, frío y seco, de hacía unos minutos.

Dicen que la salida de la Virgen de las Tristezas, obligada a salvar dos estrechos portones es uno de los más complicados del Lunes Santo. Lo será. Pero la corporación hace lo posible para que no se note. Para quitarle peso a lo anecdótico y dárselo a su titular, una imagen del año 1942 tallada por Antonio Illanes que ha alcanzado una gran devoción en el Centro. Enmarcada en su sobrio palio de cajón, con una armoniosa decoración floral. Pasos muy cortos, mínimos y balanceo prohibido. Una música de capilla surgió como de la nada barnizando de tragedia la postal. El silencio (el otro), el del Lunes Santo, iba hacia La Campana.

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