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El sol regala un domingo completo

el 15 sep 2009 / 01:51 h.

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Con toda la cofradía comprimida, fue avanzando sobre los pies, el misterio de la Amargura por la Campana. El sello que Manuel Villanueva le da a todos los pasos que manda no varió un milímetro, pero se ralentizó para ajustarse al ritmo del cortejo.

Tres Caídas le tocó Silencio blanco con la plaza enmudecida para contemplar el paso más largo -si contamos las maniguetas- de cuantos procesionan en Semana Santa. Poco después, apenas se hizo esperar, llegó la Virgen de la Amargura.

En el Duque sonaba Virgen del Valle, pero en cuanto se arrió ante el palquillo, la Banda Nuestra Señora del Águila de Alcalá comenzó a tocar Amarguras. Antes de mandar que se levantaran a pulso, Alejandro Ollero se acordó del rezo de todos los hermanos ante la Virgen y, con la voz entrecortada por la emoción, recordó: "Todos han pedido por los enfermos. Así que esta levantá la hacemos por ellos, por los enfermos, que se agarren a los varales y nos ayuden a subir a la Amargura muy despacio para ver si pueden salir los que están en respiratorio".

En el palquillo presenciaba este momento, José Pérez Bernal, coordinador de Trasplantes de Sevilla, porque el cartel de esta Semana Santa, que protagonizaba esta dolorosa anónima, recordaba a los donantes. Se fue la Señora de San Juan de la Palma, la primera coronada de Sevilla, con los sones de Amarguras, que sonaba por segunda vez en la plaza de la Campana.

El frío y la hora -ya se acumulaban 30 minutos de retraso- empujó a muchos sevillanos a retirarse, pero aún quedaba el Amor. El crucificado de Juan de Mesa, solo junto al pelícano, había reunido a Sevilla frente a la puerta del Salvador tras cinco años de exilio, ayer fue otro de los protagonistas de la jornada. De cuatro en cuatro avanzaban los penitentes; los nazarenos, absolutamente pegados, para que la Virgen del Socorro no se hiciera esperar.

Las otras hermandades de la colegiata, Pasión y el Rocío de Sevilla, acompañaban con sus etandarte a los nazarenos del Amor. Con frecsias blancas, con el ex hermano mayor, Pepín Álvarez, como fiscal del paso; y con Rufino Madrigal, al frente del martillo, dulcemente cumplió con el ritual del Domingo de Ramos.

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