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El Sol regala un Domingo completo

El sol se alió ayer con el Salvador para regalar a Sevilla un Domingo de Ramos que casi habíamos olvidado. La Borriquita bajó la mítica rampa que supera la escalinata de al antigua colegial mientras los sevillanos abarrotaban su plaza.

el 15 sep 2009 / 01:51 h.

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El sol y el Salvador regalaron ayer a Sevilla un Domingo de Ramos de los que ya casi no se recordaban. Todas las hermandades pudieron hacer su estación de penitencia sin tener que preocuparse por mirar al cielo o llamar a Meteorología, quizás sólo por no meter el pie en los raíles del tranvía. Ayer fue Domingo de Ramos, un día para estrenar y disfrutar de las cofradías.

Vestidos nuevos, lazos de colores en el pelo y la mirada boquiabierta. Los sevillanos recuperaron ayer los ojos de niño para disfrutar con detalle una jornada que empezaba en el Porvenir, tras la visita de los templos y la Misa de Ramos, y llegaba a su culmen en la Plaza del Salvador, cuando las puertas de la antigua colegiata volvían a abrirse tras cinco años sin cofradías.

A pie, en brazos, en carritos, los niños y, sobre todo, los padres hicieron ayer estación de penitencia junto a la Borriquita. Cuando el sol apuntaba al palquillo de la Campana, con unos minutos de adelanto sobre el horario fijado, el fiscal del Amor, de ruán negro, tomado de la mano por un pequeño nazarenito blanco, se acercaron hasta la mesa que presidía Manuel Román arropando a Bosco Artacho.

El joven, con 12 años, vistiendo por última vez de blanco -el año que viene saldrá junto al Amor-, tras el consamido "A Dios por el Amor", recitó de memoria el título de su hermandad para pedir la venia. Román, con un abrazo, animó a la hermandad "de los niños de Sevilla y de su Semana Santa" a recorrer el camino que le quedaba hasta la Catedral.

Pocos minutos después, la cruz de guía de Jesús Despojado se colocaba en el pasillo de acceso a la Campana desde Velázquez. Estaba ya el primer paso de la hermandad de Molviedro en la confluencia con O'Donnell cuando el dorado de la canastilla de la Borriquita resplandecía por el Duque.

Comprimida, como para acallar las críticas del año pasado y, quizás, pidiendo perdón a las cofradías de la jornada que el último Domingo de Ramos se vieron perjudicadas por el retraso acumulado ante el riesgo de lluvia en la salida en el antiguo Compás de la Laguna, Jesús Despojado pasó como una exalación, el misterio paró, como es prescriptivo ante el palquillo unos segundos, y los costaleros iniciaron una revirá que arrancó los primeros aplausos de la Campana.

La cuadrilla se metió en dos compases al público en el bolsillo y lo que se antojó una coreografía del mejor ballet del mundo se vio recompensado con una larga ovación que llegó del Duque a Sierpes en una chicotá de tres marchas.

La cruz de guía de La Paz, ya sin el Escuadrón de Caballería que le abre paso desde la salida al Ayuntamiento, seguía al palio de Dolores y Misericordia. La hermandad del Porvenir había superado sin problemas los raíles del tranvía y las polémicas catenarias. Sin embargo, una vez que el misterio del Señor de la Victoria se despedía por Sierpes, los nazarenos blancos sufrieron un parón.

El diputado mayor de gobierno de la cofradía explicó que el perno de la corona de la Virgen se había aflojado y hubo que sujetarlo a la salida de la calle Barcelona. Además, el palio se había descolgado del ritmo rápido que había impuesto el primer paso. A ritmo de mudá llegó hasta Velázquez, pero después... a soñar con esos varales inmóviles que mecen los legionarios del Porvenir a las órdenes de Antonio Santiago. Pétalos de flores rosas y amarillas llovieron desde los balcones de la segunda planta de la Confitería la Campana. La Reina de la Paz se marchaba por Sierpes con los sones de Pasan los campanilleros.

La Cena aguardaba en el Duque. Con 12 minutos de retraso, lo que dejaba La Paz, pedía la venia. El misterio de Ortega Bru, en su 25 aniversario, centraba la atención de la Campana, aunque lo que realmente cautivó al público fueron las voces de los niños de la Escolanía de María Auxiliadora cantando el Libérame del Réquiem de Gabriel Fauré ante el paso de la Humildad y Paciencia. Ya un clásico del Domingo de Ramos.

Como su dolorosa, que, con un adorno floral exquisito, todo de rosas rosa-subterráneo, avanzó delicadamente por Campana tras haber dedicado su levantá ante el palquillo a Pepín Tristán. El hijo del recordado director de la Banda Tejera, que falleció el pasado agosto, tocó el llamador en un mar de lágrimas mientras los músicos tocaban su marcha preferida, Soleá dame la mano.

Pitos en campana. El único detalle discordante lo protagonizó Paquirrín. El hijo de Isabel Pantoja recibió los pitos de la Campana cuando apareció en uno de los balcones de la segunda planta del McDonald junto a su novia.

Pero rápidamente la atención se volvió hacia los ciriales que anunciaban la llegada del crucificado de la Buena Muerte, cuya levantá en Campana la dedicó Pepe Ariza al presidente del Consejo, Manuel Román, que se despide de su cargo en junio, y "a su junta de gobierno". Román tocó el martillo.

Rafael Ariza, con su hijo, llegó al frente de la Virgen de la Hiniesta que entró con los sones de su marcha por antonomasia Estrella Sublime y que la banda de música del Carmen de Salteras repitió hasta en tres ocasiones debido a un parón inexplicable que se produjo en Sierpes. La levantá, para los donantes de órganos y los trasplantados, como todas las que mandarán en la Campana durante esta Semana Santa la saga de los Ariza.

La Virgen de Gracia y Esperanza daba la revirá por Orfila mientras avanzaba la cruz de guía de la Estrella por Velázquez pese a que aún la dolorosa de San Julián estaba entrando en Campana. El retraso acumulado en el inicio de la Carrera Oficial llegaba ya a los 20 minutos.

Rápidamente avanzó la corporación y el Señor de las Penas de San Roque, con su túnica bordada por Fernández y Enríquez y que no lucía desde 1995, regaló una deliciosa entrada arropada por los sones de la banda de la Centuria Macarena. Mientras tanto, como hizo su padre con el misterio, Carlos Villanueva hijo dedicaba a su abuelo Antonio el trabajo en la Campana de la cuadrilla de Gracia y Esperanza, que estrenaba unas bambalinas hechas en los talleres de Santa Bárbara. El viento obligó a trabajar a fondo al hombre de la caña para que la candelería del palio lucieran completamente encendida.

Y llegó Triana. Que el Señor de las Penas trianea en su barrio, trianea en el puente... trianea en la Campana y se va por Sierpes, sin arriarse, trianeando. Sobre los pies, con el izquierdo por delante, rompiendo el paso, de costero a costero, aguantando y rompiendo de nuevo... Los hombres de Manuel Vizcaya, pensando en sus madres, "que tuvieron el arte de pariros en Triana y con este arte", pasearon al Señor que cumplía 353 años, según delataban los dados con los que los sayones se sortearon su túnica y su capa.

Y todo el arte se convirtió en elegancia al llegar la Virgen de la Estrella. Bajo el palio de Garduño, exornado todo por pequeñas orquídeas blancas y entre sones de Estrella sublime y Pasan los campanilleros, la Señora de la calle San Jacinto se paseó con la mecida suave de la cuadrilla de Pepe Luna, con el mimo con el que estos hombres de Triana tratan a su querida Madre.

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