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El supuesto autor del crimen de Bellavista debía estar en prisión el día del asesinato

Mariano Cristian Beade, detenido hace una semana en Argentina acusado de matar hace un año a su novia en Bellavista, había sido condenado en 2005 a tres años de cárcel por delitos ligados a un caso de maltrato en Cádiz. Si hubiese ingresado cuando lo ordenó el juez, habría estado encarcelado el día del crimen, pero se fue de la ciudad.

el 15 sep 2009 / 21:36 h.

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R. Velis / I. Comesaña

Mariano Cristian Beade, detenido hace una semana en Argentina acusado de matar hace un año a su novia en Bellavista, había sido condenado en 2005 a tres años de cárcel por delitos ligados a un caso de maltrato en Cádiz. Si hubiese ingresado cuando lo ordenó el juez, habría estado encarcelado el día del crimen, pero se fue de la ciudad.

El joven de 34 años fue detenido el 15 de enero en su casa de Glew, Buenos Aires, tras pasar más de un año fugado. La Policía lo acusa de haber matado por asfixia a la profesora de 32 años Sara Rubio en su casa de Bellavista. Él había viajado desde Madrid para pasar con ella el puente del Pilar de octubre de 2007, pero tras la primera noche, ella fue encontrada muerta en su habitación. Él se había fugado con el coche de la víctima y había cogido un avión hacia su país ese mismo día.

En realidad, Mariano Cristian Beade nunca debía haber tenido la libertad de movimientos que le permitió vivir en Madrid y viajar a Sevilla en 2007, porque dos años antes había sido condenado a tres años de prisión por un episodio relacionado con una agresión a una pareja anterior.

Una sentencia dictada en 2005 por el Juzgado de lo Penal 4 de Cádiz explica que en junio de 2003 el acusado se acercó "con buenas maneras" a Yolanda, con la que acababa de romper, y ella le permitió subir a su coche. "En el trayecto le insistió en que continuaran con la relación, a lo que ella se negaba", por lo que él le "tiró con fuerza del pelo, dio patadas al asiento" y diversos golpes, impidiéndole salir del coche, colocándose él en el asiento del conductor y conduciendo de forma tan temeraria que terminaron montándose en la acera.

Una señora tuvo que apartarse para no ser atropellada y un vehículo debió esquivarlo para no chocar. Al final "le dio un golpe en los labios a la chica para que no gritara, ya que comenzó a pedir socorro. Por último, la mordió en el brazo", lo que él admitió en el juicio. La joven sólo pudo "zafarse de su raptor arrojándose del vehículo en marcha", según consta en la sentencia. Beade se llevó el Renault Clio de su ex novia.

Fue condenado en 2005 a tres años de cárcel, pero curiosamente la mayor parte de la pena le vino por los delitos de tráfico: un año por conducción temeraria y dos por robo de uso del vehículo. Por las coacciones y lesiones a su ex novia le cayeron dos multas y una indemnización. La agresión se había cometido antes de la entrada en vigor de la Ley Integral contra la Violencia de Género, con la que las acusaciones podrían haber pedido penas más duras.

Beade recurrió, pero la Audiencia de Cádiz confirmó el fallo en 2006, y a principios de 2007 el juzgado dictó que se ejecutara la condena y ordenó su busca, captura e ingreso en prisión. Una orden que renovaría en agosto de 2008 con carácter internacional, cuando él ya estaba en Argentina y lo buscaban tanto la Policía española como la Interpol. Pero ya fue imposible localizarlo para notificarle la sentencia, y menos para obligarlo a cumplirla.

Haciendo gala del escaso arraigo con el que había vivido desde que llegó a España, en una fecha que la Policía no tiene clara pero que desde 2002 había dejado un rastro de detenciones, deudas por impuestos y notificaciones en los boletines oficiales al estar en paradero desconocido, Beade se había ido sin dejar dirección, probablemente a Madrid, donde residía y trabajaba cuando visitó en Sevilla a Sara Rubio, con la que se acababa de reconciliar. Al huir pasó por Argentina, estuvo escondido en Brasil y fue detenido en casa de sus padres, donde pasó la Navidad y su cumpleaños.

En Argentina. Esta misma semana, el Juzgado de Violencia 3 de Sevilla ha enviado la orden de extradición a Argentina para que Beade sea traído a España, donde ingresará en prisión por los delitos de homicidio y robo, entre otros, ya que la juez decretó su ingreso en prisión tras la fuga. Además, el Juzgado de lo Penal 4 de Cádiz también puede reclamar su extradición para hacer cumplir la pena de tres años de prisión, que se puede ver incrementada en un año más al no haber abonado las multas ni la indemnización a la joven de Cádiz.

El perfil. Escurridizo y embaucador son dos adjetivos que definen la personalidad de Beade, que llegó a usar una identidad falsa para evitar ser detectado mientras vivía, viajaba e incluso trabajaba en España. Un estilo de vida errante que lo llevó a numerosas ciudades -Benalup-Casas Viejas y San Fernando en Cádiz, Inca en Palma de Mallorca, Madrid, Valencia o Sevilla- y un carácter desenvuelto creaban en torno a él un perfil aventurero que parecía ejercer una gran atracción en todo el que se lo cruzaba, en especial las mujeres. El encanto del acento argentino y del italiano (tenía pasaporte de esa nacionalidad) era una de sus bazas principales, según destacan distintas personas que han tenido trato con él.

Pero el rastro que dejaba no era tan agradable como la primera impresión: en Palma de Mallorca fue detenido en 2002, aunque luego absuelto, por una falta de hurto. Ya en este caso, la notificación tanto del juicio como de la sentencia tuvo que hacerse a través del Boletín Oficial de las Islas Baleares porque se encontraba "en paradero desconocido", según consta en la sentencia del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 1 de Inca, como ha podido comprobar este periódico.

En Benalup-Casas Viejas no fue sólo el Juzgado de lo Penal 4 el que no pudo localizarlo para obligarlo a ingresar en prisión: tampoco el Ayuntamiento fue capaz de lograr que pagara una deuda al Servicio Provincial de Recaudación y Gestión Tributaria, que también le fue exigida a través del Boletín Oficial de la Provincia de Cádiz; ni de que renovara su documentación como extranjero en el padrón del mismo pueblo, como se le notificó a través del mismo boletín.

Si fue huidizo antes de su condena en Cádiz, más aún después: no volvió a alojarse en hoteles al viajar, sino siempre en casa de conocidos, y por eso su orden de ingreso en prisión no saltó a los ordenadores de la Policía. Más cuidado tuvo cuando, tras la muerte de Sara Rubio, huyó a Argentina: se escondió en Brasil y se comunicó con muchas precauciones con su familia, lo que dificultó su arresto, que fue realizado por un grupo especializado de la Policía Nacional que tuvo que viajar a buscarlo, con ayuda de la Interpol argentina. A pesar de ello, el hombre había seguido intentando cobrar el finiquito que consideraba que le debía la empresa para la que había estado trabajando en Madrid antes de escapar precipitadamente a Sudamérica.

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