Local

El tapón nace en Castilblanco de los Arroyos

el 06 ago 2011 / 19:14 h.

TAGS:

Los temporeros extraen el corcho que protege el tronco de los árboles en la finca de Benito Leal.

Antes de abrir una botella hay que "descorchar" el alcornoque, el árbol que aporta la materia prima para fabricar los tapones. La jornada comienza a las siete de la mañana y termina a las dos. En esta hermosa finca de Castilblanco de los Arroyos, propiedad de Benito Leal, hay 291 hectáreas de faena. Durante unos quince días de trabajo se sacará todo el material. "Aquí se hace cada nueve años", afirma el propietario. Ya no hay burros de carga, pero casi todo continúa igual.

Un cuadrilla de doce "sacadores", más el manijero, va extrayendo las planchas, trabajando por parejas. "Las hormigas son los enemigos, se comen el corcho, y un año seco no es bueno para el árbol", explica Gonzalo. "Debían hacer una escuela taller para enseñar este oficio a los jóvenes", afirma por su parte Antonio Luis, El Cordobita. Pacientes y mañosos, clavan el hacha y giran la muñeca sensiblemente. Otros seis "cargadores" recogen las láminas del suelo y las amontonan de forma ordenada en los remolques. Moisés Vázquez conduce con precaución el tractor; vuelve a esta finca diecisiete años después, incapaz de regresar antes al lugar donde falleció su padre en un triste accidente de trabajo.

"Hay que seguir adelante", asegura. En el punto de carga se amontona el corcho virgen. Las planchas se pesan bajo el mando de Benito Leal, el dueño de la finca, y la atenta mirada del comprador, Ricardo Rodríguez, joven responsable de Leracor SL, cuarta generación de una empresa familiar de San Vicente de Alcántara (Badajoz), conocida como La ciudad del corcho. Benito Leal emplea el peso tradicional. "La romana es de Cabezota, un vecino". La mercancía se mide en "quintales castellanos", que equivalen a 46 kilogramos. "Hace dos o tres años se pagaban a 40 o 50 euros, ahora hasta 80 el quintal", explica este experimentado hombre de campo, reconociendo que no entiende muy bien la lógica del mercado. "No sé por qué sube ahora".

La producción de su finca puede alcanzar algo más de 2.500 quintales. Ya con la carga bien dispuesta en el tráiler, entre doce y dieciséis toneladas, el camión realiza su ruta diaria hasta tierras pacenses.En Badajoz, tras el tratamiento industrial de "la plancha", el corcho sigue camino de Portugal, donde se concentran prácticamente todas las "taponeras". "El 90% se usa para tapones de botellas, el resto para calzado y aislante", explica el gerente de Leracor SL. Asegura que la competencia es muy fuerte. A ello se ha unido el tapón de silicona de los vinos de baja calidad. "Imitan el color y la composición, hasta tratan de clonar el corcho", sostiene Ricardo Rodríguez. "Perdurará la romana y el hacha, no cambiará en la vida, aunque haya nuevas máquinas, transportes...".
Labores que no exigen nuevas tecnologías, ni otras herramientas sofisticadas. Cada verano, con el clima seco, se realizará la corcha.
Y otra vez los alcornoques volverán a cambiar de piel, su color fresco y anaranjado renovará ciertamente la vista del campo más seco y polvoriento.

  • 1