Cultura

«El teatro está ahora mejor que el cine»

Los populares actores se lucen en el teatro Lope de Vega de Sevilla hasta el próximo sábado con Dos menos, una obra de Samuel Benchetrit en la que encarnan a dos enfermos terminales sin renunciar al humor.

el 21 oct 2009 / 18:27 h.

Jose Sacristan y Hector Alterio
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Ninguno de los dos, ni el hombre de la voz serena de Chinchón ni el argentino de ojos azules de la Chacarita, necesitan demasiada presentación. Desde que estrenaran la obra Dos menos, del francés Samuel Benchetrit, en abril de 2008, han llenado todos los teatros que pisaban, y el Lope de Vega no va a ser una excepción. Aunque coincidieron en el cine por primera vez en Asignatura pendiente (1977), nunca habían subido juntos a las tablas, pero ya puede hablarse de idilio profesional. "¿No ibas a anunciar nuestra boda en Sevilla?", pregunta Sacristán. "Mis padres se oponen", replica Alterio. "Entonces seguiremos siendo pareja de hecho, y ya formalizaremos nuestra relación como Dios manda".    

-Una historia de perdedores, en un tiempo en que se nos llena la boca con palabras como éxito o triunfo, ¿no es una excentricidad?

-[HA] Sí, pero nos da la posibilidad de ofrecer algo distinto: llamar la atención sobre un hecho riesgoso, como los estados terminales. Es una irreverencia llevada por el autor muy respetuosamente, el público lo recibe todo con un estado de ánimo muy especial, se entretiene y sale, no digo contento, pero sí bien.

-[JS] Perdedores ha habido siempre. Al material dramático y a la literatura en general no le suele interesar el triunfador, y sí en cambio la lucidez del perdedor.  

-Dos enfermos terminales en busca de esperanza. ¿No ha sido también deshauciado muchas veces el teatro, y sin embargo ahí sigue?

-[JS] El teatro no desaparece ni va a desaparecer. También es verdad que no tiene el poder de convocatoria que tenía antes, cuando no existían otros entretenimientos o elementos de ocio, no nos engañemos. Ahora bien, es formidable comprobar cómo el hecho del encuentro vivo entre unos y otros se sigue manteniendo, a pesar de la oferta enorme que tiene el personal para entretenerse.

-[HA] Creo que el teatro está mejor que el cine. Si bien el formato de cine ha cambiado, se sigue viendo pero de otra forma, pero si voy a verlo en la pantalla grande, siento que cada vez el desierto es más grande a mi alrededor. Diez, quince años atrás era imposible conseguir entrada en un cine, eso ocurre ahora mismo con el teatro. Podemos decir que está en su mejor momento, evidentemente siempre que lo que oferte coincida con las apetencias del público. En todas las plazas que hemos tocado desde que iniciamos esta aventura, previamente las funciones están vendidas. Hay una franja que se cruza en nuestras caras en el cartel que dice agotadas todas las localidades, y eso me llena de alegría.

-A la gente le cuesta creer que, más allá de la camaradería, entre dos grandes actores como ustedes no haya piques, aunque sean sanos. ¿Es así?

-[HA] Sí, sí, el desafío está siempre ahí, es tratar de mejorar la cosa después de trescientas veces repitiendo lo mismo y que no se note. Ése es nuestro pique...

-[JS] ... Pero en común de los dos en relación al público. Seríamos estúpidos, tontos de baba, si lo volviéramos contra nosotros. El pique tiene que ser una complicidad a la hora de enfrentar el trabajo, para que el espectador que llegue sepa que lo que está viendo le ha ocurrido, y le va a ocurrir.

-¿Y de qué modo pueden enriquecerse el uno al otro?

-[HA] La complicidad surge desde el primer momento que se levanta el telón. Saber qué me ofrece y cómo lo recibo, para que nuestro trabajo se convierta en una fiesta entretenida, que seguimos vivos, toda una conjunción de cosas, un juego tan viejo como la vida misma, y que sigue teniendo vigencia.

-[JS] Para mí es el sentido común. Saber que el trabajo del escenario, como en el plató, ¡como en el tenis!, consiste en que te tiran la pelota y la devuelves tú. Todo lo que no sea disfrutar con ese juego, todo lo que sea ir a otro menester, es perder el tiempo. Aplicar el sentido común, eso es todo.

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