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El techo de cristal que rompen las mujeres

El informe sobre la evolución de la mujer española en los últimos años, presentado ayer, ilustra sobre los avances conseguidos en esta materia en estos últimos años, pero también constata el largo trecho que aún resta para alcanzar los parámetros propios de los países más avanzados.

el 15 sep 2009 / 20:30 h.

El informe sobre la evolución de la mujer española en los últimos años, presentado ayer, ilustra sobre los avances conseguidos en esta materia en estos últimos años, pero también constata el largo trecho que aún resta para alcanzar los parámetros propios de los países más avanzados. Entre los primeros, ayer mismo se reseñaba el alto porcentaje de hombres -un 80%- que hacen uso ahora de sus permisos de paternidad, con lo que ello significa de asunción de responsabilidades en el cuidado de los niños y, de otra parte, la duplicación de la tasa de empleo femenino, que ha pasado de un 22,7% en 1983 a un 44,1% en este año que acaba. Pero estos indicadores, con ser positivos, no dejan de situarse en franca minoría frente a aquellos elementos que demuestran que las diferencias entre hombres y mujeres siguen lastrando la vida cotidiana de las españolas. Entre estos últimos hay un factor que llama la atención. Contra lo que pudiera parecer, los hombres ayudan aún menos en las tareas domésticas que hace por ejemplo 15 años. Y si hay que buscar una explicación a la reducción de las horas de trabajo de la mujer en el hogar, sería más fácil encontrarla en los nuevos electrodomésticos que en las labores compartidas por los dos miembros de la pareja. En el apartado laboral se reproducen los esquemas: España ya es el quinto país en participación femenina en el escenario político, pero su presencia sigue siendo muy deficitaria en ámbitos como el económico o el cultural. La experiencia dicta que se necesita algo más que el paso de de una generación para que las mujeres puedan romper algunos de sus techos de cristal. Y este afán debe canalizarse a través de políticas de igualdad que fomenten las responsabilidades compartidas y la ruptura de viejos y caducos esquemas mentales que, en casos extremos, llevan a actos de violencia de género como los que ayer se saldaron con la muerte de otras tres mujeres a manos de sus parejas en Rentería, Cornellá y Canarias.

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