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El tiempo es oro

¿Cree usted en las casualidades? Pues si encima valora la belleza y le chifla la historia, póngase algo que le haga buen tipo al dar saltitos de alegría y vaya a ver ‘El oro de los argonautas’.

el 08 may 2010 / 21:09 h.

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Chismitos de oro los hay monísimos en cualquier tienda. ¿Por qué habría uno de tomarse la molestia de coger la bici y plantarse en el Museo Arqueológico, con la mañana tan agradable que hace para profundizar en la relación ser humano/zapatillas? Bien, a modo de argumento podrían aportarse radiografías de lo que la molicie ha hecho con algunas grandes promesas de la Sevilla de los domingos, pero no hace falta ponerse en lo peor: hay cinco razones objetivas (más las que cada cual quiera agregar de su cosecha) para ver la exposición El oro de los argonautas. Son las siguientes:

Primera: es una ocasión excepcional para graduarse la vista. Si no ha llegado usted todavía a ese terrible momento de la vida de toda gran persona en el que tiene que ponerse el libro a la distancia de un brazo y medio para poder distinguir la letra, descubrirá qué se siente cuando intente descifrar los contornos de las minúsculas figuritas. En particular, la que representa a tres en un burro. De modo que, si alguna vez alguien lo amó lo bastante como para regalarle una lupa, hoy es el día de estrenarla.

Segunda: ¿Sabía usted que, allá por donde Europa y Asia se juntan, había un sitio llamado Iberia? ¿Y sabía, quizá, que mientras aquí andaban pegándole martillazos al Tesoro del Carambolo para ponerlo bonito, alguien estaba allí, en aquella otra Iberia, haciendo lo mismo, ignorando ambos amantes del golpeteo que algún día sus obras se expondrían en el mismo sitio? ¿Y estaba usted al tanto de que en aquella lejana tierra, hoy Georgia, se ubicó la leyenda del vellocino de oro, pellejo de un bicho que figura como símbolo en el collar de la Orden del Toisón de Oro, cuyo titular es el Rey de España? Demasiadas casualidades, demasiadas conexiones sutiles como para no ir a echar un vistazo, no sea que se trate de un fenómeno cósmico y se lo esté perdiendo por no salir de casa un domingo.

Tercera: justo a la entrada de la exposición le ponen a uno una especie de power point gigante, donde le cuentan el origen mítico de todo aquello de forma que no pueda enterarse de una sola palabra, ni siquiera en el supuesto de que pueda seguir el ritmo de los rótulos gracias a su virtuosismo con el Training Your Eyes. Pero lo bueno es que, para ver esa retahíla, han dispuesto un banco bastante cómodo sobre el que cae el equivalente en aire acondicionado a las cataratas del Niágara en época de deshielo. Si tiene calor, despídase de él; si lo que tiene son ganas de una baja por fosilización de la zona lumbar, quizá pueda conseguirla.

Cuarta: la muestra es una preciosidad de pe a pa. E inquietante también, según se mire, caso de una figura de hierro del siglo III antes de Cristo que tendría toda la noche abrazado al perro y mirando de reojo hacia la mesilla al mismísimo Príncipe Valiente. Pero además de ésta, y entre las 19 vitrinas que componen la simetría de la sala, hay otras cuatro piezas que le van a encantar: el asa de un cuenco de bronce en forma de kouros o joven heroizado, hallada en una tumba y con cierto aire de crucifijo (pese a ser del año 480 a.C.); un collar de oro con cuentas en forma de tortuga (el eslabón perdido entre el ajuar funerario antiguo y Tous); un quemaperfumes de bronce con cabezas de elefante y una lámpara del mismo metal con genios y otros cuantos elefantes, todo ello del siglo II a.C. y sendos prodigios de diseño. Pero, encima de todo esto, descubrirá piezas con un volumen, una originalidad, un preciosismo y un estilo tales, algunos tan rabiosamente actuales, que le costará creer que sean siquiera restos de la temporada pasada. Es indescriptible. Sobre todo, si tiene a mano una lupa.

Cinco: Para ver esta exposición hay que ir al Parque de María Luisa. Palabras mayores.

Cien joyas increíbles recrean la leyenda de aquellos marinos de la nave Argón que, decididos a que su líder Jasón fuese rey, acudieron a las lejanas tierras donde estas piezas se labraron en busca de la piel de oro que daba derecho al trono. ¿Y no va a salir usted un domingo, en bici y gratis?

De utilidad:
Qué: Exposición de tesoros del Museo Nacional de Georgia, titulada El oro de los argonautas.
Dónde: Museo Arqueológico. Entrando, a la izquierda.
Cuándo: Hasta el 20 de junio. De martes a sábado, en horario de 9 a 20.30. Los domingos abre también a las 9 pero cierra a las 14.30.
Cuánto: Gratis para los ciudadanos de la UE. Los demás, 1,5 euros.

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