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El tiroteo de Arizona alerta del peligro de fanatizar la política

La congresista logra comunicarse con gestos mientras la Policía descarta al supuesto cómplice.

el 09 ene 2011 / 20:57 h.

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Una mujer llora entre las flores y velas que se acumulan a la entrada del centro comercial de Tucson donde ocurrió el tiroteo.

El tiroteo ocurrido el sábado en Tucson (Arizona), donde murieron seis personas y resultaron heridas otras 12, entre ellas la congresista demócrata Gabrielle Giffords, ha reavivado el debate sobre la fanatización de la política en EEUU. Mientras, la legisladora lucha por su vida pese a que ayer logró comunicarse con gestos; la Policía difundió la imagen de un segundo sospechoso del ataque de Tucson. Anoche se conocía que este supuesto cómplice se trataba del taxista que transportó al autor de los disparos, y que, por tanto, nada tiene que ver con el caso. 

Políticos, periodistas y analistas se preguntaban ayer por los verdaderos motivos que tuvo el presunto autor de la masacre, Jared Lee Loughner, de 22 años, para abrir fuego contra Giffords y sus colaboradores. El sheriff del condado de Pima, Clarence Dupnik, parece tener la explicación: Arizona se ha convertido en "la meca de los prejuicios y de la intolerancia", motivo por el cual sospecha que la representante demócrata podría haber sido el blanco principal del tiroteo. Giffords, de 40 años, es una defensora de la reforma migratoria, sanitaria, la investigación con células madres o el uso de las energías alternativas.

"Sólo hay que ver cómo responden estos desequilibrados a la bilis que sale de ciertas bocas cuando hablan de acabar con el Gobierno", aseguró el sheriff en referencia al movimiento conservador Tea Party. "Toda esa rabia, ese odio, la intolerancia que se están viendo en este país comienza a ser escandalosos", estimó el sheriff. "Y creo", añadió en declaraciones recogidas por el diario on line The Huffington Post, "que Arizona se ha convertido en una especie de capital, por desgracia". Este estado ha sido escenario del decisivo debate sobre la inmigración ilegal.

También Spencer Giffords, padre de la congresista, señaló que los principales enemigos de su hija eran los miembros del Tea Party, afín al Partido Republicano. Al ser preguntado si su hija tenía enemigos, Spencer Giffords respondió: "Sí, el Tea Party entero", en declaraciones al sensacionalista The New York Post.

Ayer, Sarah Palin, la cara más reconocida del Tea Party, aún mantenía en su página en Facebook las dianas colocadas sobre los estados en los que batir al enemigo, entre ellos se encontraba Giffords. No obstante, demócratas y republicanos se declararon consternados por la tragedia.

Ante esta situación, la Cámara de Representantes de EEUU pospuso la votación en la que se decidirá si se deroga la reforma sanitaria, impulsada por el presidente Obama. La votación estaba prevista para esta semana.

Al igual que Giffords, el juez federal John M. Roll, asesinado el sábado durante el tiroteo, también fue amenazado. Roll recibió en 2009 un ultimátum tras admitir que una demanda de 24,8 millones de euros presentada por varios inmigrantes ilegales en contra de un ranchero.

Pequeños avances. Pese a la gravedad del estado de salud de Giffords, la congresista demócrata, quien recibió el disparo en la cabeza a quemarropa, ya es capaz de comunicarse y de responder a órdenes simples, según explicó un portavoz del Centro Médico Universitario de Tucson, en el que se encuentra ingresada.

Por ejemplo, se le pidió que doblase dos dedos y lo hizo. "Damos por hecho que esas órdenes son simples, pero implican un nivel muy alto de funcionamiento del cerebro", agregó."Estamos muy animados por esto", apuntó el jefe de neurocirugía del centro, el doctor Michael Lemole Jr. "Soy moderadamente optimista", dijo en rueda de prensa. Lo más preocupante era que "la bala hubiera cruzado de un hemisferio al otro", pero ese no ha sido el caso, sólo ha afectado al lado izquierdo. Mientras continúa la investigación policial.

Las autoridades estadounidenses difundieron ayer la imagen de un segundo sospechoso del tiroteo en Tucson. Se trata de un varón de raza blanca, de entre 40 y 50 años, pelo oscuro y vestido con vaqueros negros y una chaqueta azul oscuro, según la imagen recogida por la cadena estadounidense CNN.

La Policía divulgó la imagen captada por las cámaras de seguridad de un hombre visto en el lugar del tiroteo y de momento es considerada una "persona de interés" en la investigación sobre la masacre. En este sentido, Robert Mueller, director del FBI, afirma que "hasta que no se detenga al presunto segundo implicado no podrá afirmarse su participación". Anoche quedaba descartado que tuviera que ver con la trama, al comprobarse de que se trataba del taxista que transportó al autor de los disparos. -->--> -->-->-->

El sheriff del estado señaló en rueda de prensa que el sospechoso detenido, Jared Loughner, con un antecedente leve, tenía un "pasado problemático" y que usó una pistola semiautomática, en concreto una Glock de 9 mm, el mismo modelo empleado por Cho Seung-Hui en la masacre del campus universitario de Virginia de 2007 y en el que murieron 32 personas.

Asimismo, el sheriff afirmó que el sospechoso "no está loco, pero sí es inestable". El joven había realizado amenazas de muerte en el pasado. El FBI está investigando si Loughner es la misma persona que publicó en internet un manifiesto en el que se acusaba al Gobierno de controlar las mentes de los ciudadanos y en el que se solicitaba la adopción de una nueva moneda.

Nacida el 11-S y muerta en otra tragedia

La tragedia marcó la vida de Christina Green, la niña de nueve que falleció el sábado en el tiroteo de Tucson (Arizona). Y es que Green nació el 11 de septiembre de 2001,  un día trágico en la historia reciente de EEUU, y murió en una de esas masacres estadounidenses que de vez en cuando sacuden en su forma más brutal al país, según publicó ayer El País en su edición digital. Tanto interés tenía la pequeña en saber lo que sucedía en la sociedad que una vecina la llevó al mitin que la congresista Gabrielle Giffords ofrecía. Y allí encontró su final.

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