Economía

El tomate protector

Un grupo de investigadores del Instituto de Ciencia de Materiales de Sevilla y de la Universidad de Málaga hallan en la piel del tomate un buen recubrimiento para las latas de conserva

el 11 nov 2014 / 12:00 h.

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600_Imagen materialInvestigadores del Instituto de Ciencia de Materiales de Sevilla (centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Universidad de Sevilla) y de la Universidad de Málaga han desarrollado materiales biodegradables, procedentes de la piel del tomate, destinados a recubrir el interior de latas de conserva. Los expertos apuntan que se trata de una «alternativa orgánica» que permite sustituir el material que normalmente envuelve la zona interior de estos envases para evitar su contacto con el alimento o bebida. Este nuevo recubrimiento, además de ser respetuoso con el medio ambiente, mantiene sus propiedades en cuanto a duración o resistencia, señaló ayer la Fundación Descubre en un comunicado. En el artículo Polyester Films Obtained by Noncatalyzed Melt-Condensation Polymerization of Aleuritic (9,10,16-Trihydroxyhexadecanoic) Acid in Air, publicado en la revista Journal of Applied Polymer Science, el equipo de trabajo resume cómo ha desarrollado un material biodegradable a partir de cutina vegetal, un polímero que procede de la piel del tomate y que permite recubrir la zona interior de todo tipo de recipientes destinados a conservar alimentos o refrescos. «Nos fijamos en el tomate porque su piel presenta las mismas propiedades que requieren este tipo de productos. Es decir, es muy resistente y no se funde, de forma que puede soportar los tratamientos esterilizadores que normalmente se aplican a estas latas», explica a la Fundación Descubre el responsable principal del proyecto, José Jesús Benítez, investigador del Instituto de Ciencia de Materiales de Sevilla. De este modo, los expertos han demostrado la eficacia de este nuevo material tanto en latas de refresco o cerveza como en envases de alimentos. «Podemos utilizarlo para envasar bebidas, normalmente consumidas en cortos espacios de tiempo, o para conservar la comida, ya que ésta puede estar varios años hasta que llegan al consumidor», expone Benítez. Para llegar a estas conclusiones los expertos desarrollaron y patentaron, en primer lugar, el nuevo material procedente de la piel del tomate. «Antes de decidir centrarnos en el tomate, comprobamos que es un producto muy abundante en Andalucía y que además su piel no se funde, no se disuelve y es estable y homogénea», sostiene Benítez. Además, explica que se extrae su piel «y mediante técnicas de laboratorio, obtenemos un determinado poliéster químicamente idéntico al vegetal denominado cutina que la planta emplea como esqueleto de sus tejidos externos para unir sus componentes y que es el elemento clave que compone el nuevo producto que hemos desarrollado». Finalmente, una vez conseguido el nuevo producto a partir de cutina vegetal, los expertos comprobaron su eficacia aplicándolo sobre planchas metálicas idénticas a las comúnmente empleadas en envases. «Por último, en el laboratorio del Instituto de Ciencia de Materiales de Sevilla demostramos su utilidad como material de protección y recubrimiento interior tanto en latas de corta duración (plancha de aluminio) como en envases más duraderos (aleación de acero y zinc)», reseña el investigador. Además de ser utilizado como recubrimiento para todo tipo de envases, este estudio, que recoge la experiencia de más de una década de investigación sobre componentes biodegradables, también ha permitido a los expertos emplear la cutina vegetal como material de envasado reciclable y ecológico. «Igualmente hemos demostrado su capacidad a la hora de fabricar bolsas o botellas que se pueden utilizar de forma cotidiana y emplear como abono llegada la hora de desecharlas», comenta. Estos datos, indican los expertos, han permitido abrir líneas de investigación con el objetivo de profundizar en el estudio de nuevos materiales orgánicos procedentes de diferentes tipologías de frutos. «Trabajamos en la idea de mejorar y perfeccionar mecánicamente el producto, es decir, emplear aditivos de origen vegetal para hacer su estructura más resistente y duradera», apostilla Benítez. Estos resultados son fruto de los proyectos de excelencia Obtención de Bioplásticos Tipo Polihidroxialcanoato de Cadena Larga a Partir de Desechos de Epidermis de Frutos Comerciales y Estudio de la Interacciones Intermoleculares entre Hidroxiácidos Carboxílicos de Cadena Larga como Modelo para el Diseño de Poliésteres Biomiméticos.

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