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Cultura

El toro a los corrales

‘Peleando y punto’ era el espectáculo más esperado de esta Bienal. El Pele triunfó en la edición anterior y se esperaba con la esperanza de que daría una gran noche de cante. No surgió la chispa, aunque el público disfrutó mucho.

el 28 sep 2014 / 09:12 h.

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600_Imagen IMG_3939Escenario: Teatro de la Maestranza. Cantaor: El Pele. Aristas invitados: Encarna Anillo, La Moneta, Dorantes , Rubio de Pruna y Farruquito. Guitarras: Manuel Silveria y Niño Seve. Violín: Bernardo Parrilla. Percusión: El Güito y José Moreno. Entrada: Tres cuartos. Peleando y punto *** Si tuviéramos que medir de alguna forma el éxito de los espectáculos por la respuesta del público, está claro que todo sería bueno, muy bueno o genial. Nada malo o regular. Pero el trabajo del crítico tiene que ser otro, se entienda o no esta labor, que cada vez se entiende menos. Anoche, por ejemplo, la gente acudió al Maestranza con la ilusión de ser testigos de lo que parecía que iba a ser el espectáculo de la Bienal. En la edición anterior salió a hombros, después de cantarle a Manuela Carrasco de manera genial en los Reales Alcázares de Sevilla, y había mucha expectación por verlo de nuevo. Para el público, lo de anoche fue la rebomba. Sin embargo, a pesar de colaboraciones como las de Dorantes, Farruquito, La Moneta y Encarna Anillo, el teatro no se llenó. Pero el ambiente era magnífico y había ganas de asistir a la confirmación de El Pele como la primera figura del cante actual. Y estuvo lejos de eso, aunque a estas alturas no tenga nada que demostrar. No obstante, queríamos ver cómo se comportaba en un escenario como el del Paseo Colón y con espectáculo propio, siendo el protagonista. El maestro cordobés desaprovechó una gran oportunidad de dar la campanada. Planteó un espectáculo con una escenografía horrible y demasiada gente en el escenario, quedando su voz en un segundo plano en numerosas ocasiones. El Pele parece no acabar de entender que es su voz lo que importa, el tesoro de su garganta, sus quejíos, su alma. Lo demás sobra todo. A diferencia de otros cantaores o cantaoras, él no necesita nada más que una guitarra bien afinada. Y anoche no le salió bien el invento, aunque el público lo despidiera puesto en pie tras una pataíta de Farruquito con mucho arte. De la voz iba magnífico, porque está en un momento excelente. Ya en las tonás del principio (Poeta de esquinas blandas), se le notaba enjundioso. No tanto en las malagueñas del Mellizo y La Peñaranda, con el piano de Dorantes, aunque las rematara con un bello fandango malagueño. Luego, ya con las guitarras de Silveria y Seve, le metió mano a las seguiriyas, pero no estaba metido en ellas. Cantes de Jerez y los Puertos, saboreando con gusto una copla del Marrurro. Tampoco acabó de meterse bien en las soleares, viajando a Alcalá a través de Manuel Torre y a Cádiz, enredado en los rizos sonoros y gitanos de Caracol. El Pele no acababa de estar en el espectáculo, se le notaba como ausente, pensando en otras cosas, sin acabar de ser él. Le cantó a Farruquito una bulería por soleá y entre los dos pusieron cara la ojana. Luego, una copla aflamencada con la cantaora gaditana Encarna Anillo y una zambra para La Moneta, poco natural anoche. Un poco menos de lo habitual.Y así iba transcurriendo el espectáculo, sin que llegara ese momento Bienal que el cordobés buscó con algunos de sus invitados. Sin sospechar, siquiera, que el momento Bienal debería haberlo buscado él mismo, sin apoyo logístico. Naturalmente, el espectáculo tuvo esas chispas que solo salen cuando hay fenómenos en el escenario. Pocas, sinceramente. Quizás en el fin de fiesta, donde Farruquito estuvo genial, aunque solo fuera un segundo. Pero no hay fotografía para que quedara para la historia, porque ya ven: El Pele aparece con pantalones vaqueros, posando en el pase gráfico, cuando lució un traje negro. Con levita, además, que le caía como un tiro. Este genio del cante tenía la oportunidad de torear seguramente el toro de su vida. Pero se lo devolvieron a los corrales. Eso sí, en contra de la voluntad del público, que al final no sé si lo sacó o no a hombros, porque ya saben que en la Bienal no hay mucho tiempo para saborear los éxitos o los fracasos. El Pele no fracasó, pero tampoco cortó orejas y rabo.

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