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El tráfico privado colapsa el carril público en la avenida Carlos V

El primer día laboral del Metrocentro se saldó ayer con mucho público y sin apenas incidencias, pero el Ayuntamiento aún no ha resuelto el problema del tráfico en Carlos V y la Pasarela. Ayer, autobuses y taxis tardaban un cuarto de hora en un tramo de pocos metros.

el 14 sep 2009 / 19:45 h.

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El primer día laboral del Metrocentro se saldó ayer con mucho público y sin apenas incidencias, pero el Ayuntamiento aún no ha resuelto el problema del tráfico en Carlos V y la Pasarela. Ayer, autobuses y taxis tardaban un cuarto de hora en un tramo de pocos metros.

Quince minutos para ir desde Diego de Riaño hasta la Avenida del Cid, es decir, entre una parada y otra de la línea 5 de Tussam. Es lo que se tardaba ayer en pasar el cruce de la Pasarela si se viajaba en autobús o taxi desde Carlos V. Entre los tres semáforos habilitados antes de llegar al Prado y el colapso de la vía, las quejas de los usuarios y de los trabajadores del servicio público no se hicieron esperar. El principal motivo: la invasión de coches privados.

Carlos V, en teoría, está reservada para el transporte público durante el día -así reza en una placa en la esquina con Diego de Riaño-, pero lo cierto es que son muchos los coches que hacen caso omiso de la señal y no hay policías locales que controlen tal acceso. El resultado es que la vía es un suplicio para los usuarios y para los conductores de Tussam. Antes de la puesta en marcha del tranvía, en cambio, se tardaban cinco minutos en atravesar este tramo. Y es que la instalación de semáforos para el Metrocentro ha ralentizado la circulación en Carlos V. Menéndez y Pelayo y la Avenida del Cid, en cambio, registran las mismas retenciones de siempre, que en hora punta son importantes.

En cuanto al estreno en día laboral del tranvía, lo más comentado fue su lentitud en algunos momentos (cuando los coches, por ejemplo, invadían su trazado en la Pasarela por el colapso de tráfico). No obstante, se registró una gran afluencia de viajeros, sobre todo, trabajadores y personas mayores.

Todos los comerciantes, desde la librería Vértice de San Fernando hasta Toscana Sevilla en la Plaza Nueva, coincidieron en que el tranvía apenas hace ya ruido, a excepción de los más cercanos a la curva del arquillo del Ayuntamiento. Trabajadores de Banesto aseguraron que, al pasar, se sigue "notando", aunque "algo menos", mientras que Rocío Mejías, que regenta el quiosco de esa esquina, fue más tajante: "Tiene muchas rachas que son criminales. Voy a pedir una indemnización al Ayuntamiento", ironizó. Desde el Banco de España, sus empleados apuntaron que cuando se aproxima "mucho" aún se sienten "vibraciones".

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