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El tráfico sexual, el negocio ilícito más rentable del mundo

el 12 jun 2010 / 08:48 h.

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No es el que más dinero o ingresos genera, pero el tráfico sexual y la esclavización de mujeres, entre ellas cientos de miles de niñas y de jóvenes, es el negocio ilícito más rentable del mundo, y tras él se acumulan torturas, secuestros o violaciones.

El número de niñas y mujeres jóvenes obligadas a prostituirse supera el millón; "comprar" una esclava en África cuesta unos 630 dólares; un "servicio" sexual se puede obtener en algunos países por cuatro dólares; y la explotación de esclavas sexuales genera más de 35.000 millones de dólares anuales.

Los datos se ponen de relieve en el libro "Tráfico sexual. El negocio de la esclavitud moderna", escrito por el estadounidense Siddarth Kara tras realizar tres viajes alrededor del mundo investigando el tráfico sexual, y que ahora se edita en español (Alianza Editorial).

Durante esos viajes, el autor hizo unas 300 entrevistas a víctimas del tráfico sexual, a familiares, a hombres que han comprado mujeres, trabajadores de ONG, policías, abogados o propietarios de burdeles.

Siddarth Kara mantiene que el tráfico de drogas genera mayores ingresos, pero las mujeres víctimas del tráfico sexual son más rentables, porque a diferencia de las drogas, no tienen que ser "cultivadas, destiladas ni envasadas" y porque, a diferencia también de las drogas, pueden ser usadas una y otra vez.

Denuncia a lo largo de la obra las brutalidades asociadas con la esclavitud sexual y pone nombre a quienes han sufrido latigazos, quemaduras con cigarros, rotura de huesos o privación de alimentos.

Reconoce el autor en la introducción de la obra que cada una de esas entrevistas le llenaba de "tristeza, dolor y rabia", pero también la incapacidad de escribir lo que se siente "al mirar a los ojos moribundos de una niña rota que ha sido forzada a tener relaciones sexuales con cientos de hombres antes de cumplir los dieciséis años".

Calcula el escritor estadounidense que a finales de 2006 había 28,4 millones de esclavos en el mundo; cita entre esos a los niños de la India que trabajan dieciséis horas cosechando el té, a muchos de los trabajadores que en Estados Unidos cosechan productos como el maíz, la cebolla o el aguacate, a los esclavos que recogen manualmente el cacao en Costa de Marfil, a quienes cosechan el café en Kenia o Etiopía o a quienes queman madera en los hornos "infernales" de Brasil.

Pero el autor centra su investigación en las esclavas del tráfico sexual y cifra en 1,2 millones las niñas y mujeres jóvenes que fueron engañadas, secuestradas o vendidas por sus familias, y forzadas finalmente a ejercer la prostitución.

Siddarth Kara denuncia que antes de ser "desechadas" estas niñas y mujeres jóvenes son obligadas a realizar actos sexuales con cientos o miles de hombres y que constituyen de hecho la columna vertebral "de uno de los negocios ilícitos más rentables del mundo".

Constata el autor lo fácil que es localizar los burdeles en países donde la prostitución es ilegal y está prohibida, y que finalmente lo que uno encuentra cuando busca sexo barato es a una esclava del sexo.

En la actualidad, Siddarth Kara pertenece al consejo de dirección de la ONG "Free the Slaves" (Libertad para los esclavos), una organización dedicada a promover la abolición de la esclavitud en todo el mundo.

En la obra, el autor estadounidense ha incluido numerosas tablas para evidenciar la magnitud del negocio, con cifras por ejemplo del precio de adquisición de una esclava (una media de 630 dólares en África o 750 en Asia Oriental y Pacífico), el precio medio de venta de un servicio sexual (33 dólares en Europa Occidental o 4 dólares en África).

Analiza ingresos, beneficios por esclava, y concluye que en el año 2007 los beneficios de la explotación de esclavas sexuales generó en el mundo beneficios que superaron los 35.500 millones de dólares.

Kara concluye en su investigación que la industria de la esclavitud sexual no existiría si no existiera la demanda masculina de sexo pagado, pero llama la atención sobre el hecho de que sólo una pequeña fracción de los hombres es responsable de esa demanda, y que algunos hombres compran esos servicios sólo una vez en su vida.

Y advierte: bastaría con que sólo el 0,5 por ciento de los hombres mayores de dieciocho años recurriese al sexo pagado en un día para que se saturara la capacidad que tienen el 1,2 millones de esclavas sexuales existentes.

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