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El trágico éxodo de Milagros

El desgarrado llanto de Carmen inundó el cementerio de San Fernando. Con tan sólo 15 años, ya sabe lo que es perder a una hija. Milagros, de un mes, se le iba la madrugada del miércoles. Muerte súbita, rezaba la autopsia. Condiciones infrahumanas, gritaban los familiares. Los chabolistas huidos del Polígono Sur vivieron ayer el luto.

el 16 sep 2009 / 06:28 h.

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El desgarrado llanto de Carmen inundó el cementerio de San Fernando. Con tan sólo 15 años, ya sabe lo que es perder a una hija. Milagros, de un mes, se le iba la madrugada del miércoles. Muerte súbita, rezaba la autopsia. Condiciones infrahumanas, gritaban los familiares. Los chabolistas huidos del Polígono Sur vivieron ayer el luto.

Ni Carmen ni José Manuel podían reprimir la pena. La primera, arropada por los suyos, no dejaba de gritar el poco tiempo que ha podido tener a su hija Milagros -se llamaba como su abuela- entre los brazos. El segundo abrazaba el coche fúnebre en el que se encontraba el féretro de su pequeña. En unos minutos, su hermano y él lo llevarían en hombros a su nicho. "Demasiada pena para unos niños", decía una prima de los adolescentes padres. "Pero se veía venir, así no se puede vivir", sentenciaba emocionada al referirse a las condiciones insalubres del puente de Juan Carlos I donde, tras semanas de un sitio a otro, están ahora acampados después de su huida del Polígono Sur tras un tiroteo. Como ella, una treintena de familiares y amigos les acompañaba en el recorrido en el que no faltó la Policía Autonómica. "Hay mucha tensión, pero nosotros estamos aquí por acompañarles, por prestarles servicio", explicaba Juan Terrón, inspector de la Autonómica.

En su escaso mes de vida, Milagros había vivido lo que muchos nunca llegarán a vivir. El destierro, el desamparo, los interminables éxodos, el calor, la sed... "Ha sido demasiado para una niña tan pequeña", apuntaba el educador social Jorge Morillo.

Aunque a los abuelos maternos de Milagros les habían dado uno de los pisos de la calle Arquitecto José Galnares, Carmen iba y venía del asentamiento, donde estaba su marido. La noche en la que la niña comenzó a asfixiarse, estaban allí. "A las tres de la madrugada la llevaron al hospital, pero nada, ya era tarde", relata Morillo. Muerte súbita ha sido el resultado de la autopsia. Las causas, desconocidas; aunque ayer la treintena de asistentes al cementerio lo tenían claro. "Así no podemos seguir viviendo". Ni ellos, ni los cinco niños que han nacido en el asentamiento en los tres meses que llevan exiliados. De ahí que ayer no dejaran de barajar sus distintas posibilidades. De momento, permanecen en los bajos del puente, hasta que encuentren una solución. Ellos quieren volver a su barrio. Algunos han acudido a Facua, que está estudiando varios casos para dilucidar si tienen derecho o no a habitar los pisos.

Hoy, técnicos municipales se acercarán a este lugar para intentar de nuevo que los padres acepten un dispositivo para que los niños estén protegidos del calor. "Tenemos el dispositivo desde hace un mes, pero ellos lo han rechazado", explicó Maribel Montaño, portavoz del Gobierno municipal. La idea es llevar a los niños al colegio de Bellavista y ofrecerles actividades. Pero para Carmen y José Manuel no habrá fiesta. Y eso que tendrían edad para ello. El luto lo vivirán juntos. Entre el asentamiento y el piso de los abuelos. En más idas y venidas, pero sin Milagros.

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