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El trasplantado de cara recupera la capacidad para reír y llorar

Rafael ya tiene un 80% de movilidad facial y ahora ‘aprende' a mover los labios.

el 29 ene 2011 / 20:47 h.

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Rafael el pasado 4 de mayo, cuando recibió el alta hospitalaria en el Virgen del Rocío.

Rafael, el paciente trasplantado de cara en el hospital Virgen del Rocío hace ahora un año, ya puede reír y llorar. Bueno, eso siempre ha podido hacerlo, lo que pasa es que no se le notaba porque no tenía expresividad en un rostro oculto por una acumulación de tumores benignos que ya le habían obligado a pasar por el quirófano 16 veces. La operación número 17 le cambió la vida: se le trasplantó tejido facial de un donante que frenó el desarrollo de la enfermedad. Ahora, un año después, todavía sigue de baja laboral (se confía en que reciba el alta antes del verano) pero ha recuperado al 80% la movilidad en los músculos de los dos lados del rostro, y se calcula que cuando termine la rehabilitación esta cifra superará el 90%.

El pasado jueves se cumplió justo un año que terminó el que era primer trasplante de cara en Andalucía, por entonces el segundo de España y el noveno del mundo. Desde entonces no se han hecho muchos más (uno en España y cuatro internacionales) pero el que sí que ha aprovechado el tiempo es Rafael, que recibió el alta médica el 4 de mayo y comparecía ante los medios de comunicación para dar las gracias a la familia del donante y dejar sus sensaciones: "Me vi al espejo y sentí mucha alegría: soy yo. He cumplido un sueño".

Desde entonces no ha vuelto a comparecer públicamente (pidió privacidad para él y su familia), aunque el cirujano que le operó y coordinó al equipo de intervención, Tomás Gómez Cía, jefe de la Unidad de Cirugía Plástica y Grandes Quemados del hospital Virgen del Rocío, explica que Rafael se encuentra "muy bien" y en la recta final del proceso de rehabilitación. La sensibilidad la recuperó a los tres meses del trasplante, y desde el pasado verano se trabaja en devolver a la cara su movimiento natural, un camino "muchísimo más lento". "Ahora el único movimiento que le queda por recuperar es la parte final, los labios. Ya los mueve pero le falta el movimiento fino", en lo que se afanará en los próximos tres meses.

Su positiva evolución se puede apreciar hasta en cifras. Antes de la operación, el lado derecho de la cara lo tenía paralizado al 100% y el izquierdo sólo le funcionaba al 25%; un año después, tiene un 80% de movilidad en ambas partes, y se confía en superar la barrera del 90%. "Podrá recuperar casi el 100%, a lo mejor habrá algún movimiento muy fino de la expresión que no podrá hacer pero es poco, porque hacemos millones de movimientos al hablar, al gesticular, al llorar... No recuperará seguramente todos los matices, pero ya se nota una mejoría muy grande", explica Gómez Cía.

La mejoría explica que Rafael ya pueda reír y llorar. "Eso ha podido siempre", apostilla el cirujano, "otra cosa es que no se veía y ahora ya sí se le nota". Reír y llorar "lo hace el cerebro", y la conexión de éste con los músculos faciales se restableció precisamente con el trasplante. "Ahora llegan las órdenes del cerebro a los músculos que se pusieron con el trasplante, que son la herramienta de la expresión para que se vea el llanto y la risa, porque él se pegaba sus carcajadas pero no tenía expresión, parecía una máscara".

La rehabilitación que está haciendo ahora es con el logopeda, haciendo un trabajo como en las escuelas de arte dramático para dotar de expresividad a la cara. "Buena parte de la rehabilitación es repetir movimientos de la expresión: reír, besar, soplar, enseñar los dientes...", para que el cerebro mande esas señales a través de los nervios, llegue a los músculos y se vea en los labios, detalla Gómez Cía.

Las cosas van bien, pero no estaba nada claro ni cuando se consideró que la intervención en sí había sido un éxito. "Era una incógnita, pero vemos que se está recuperando bien" y que no ha habido grandes sustos desde que se terminó el trasplante, de hecho sólo ha habido dos episodios de rechazo "como era lo previsto, porque prácticamente todos los pacientes los tienen el primer año": uno inicial a las cuatro semanas que se resolvió con medicación y otro unos meses después, pero no necesitó ni ingresar.

En este sentido, el cirujano resalta la ventaja que un trasplante de cara tiene con respecto a otros, y es que "el rechazo lo diagnostica el propio paciente mirándose al espejo, porque se pone la piel un poquito más roja", y se combate con antiinflamatorios y aumentando la medicación que, como cualquier otro trasplantado, ya tiene que tomar de por vida.

HABLA Y PIEL. En cuanto al habla, ya puede mantener conversaciones con normalidad (cuando compareció tras recibir el alta lo poco que dijo le costó un enorme esfuerzo) y ahora trabaja en mejorar la vocalización. Para lo que todavía falta tiempo es para unificar el color de la parte de piel que se trasplantó, mucho más clara que la del paciente, hasta el punto de que se tiene que poner protección solar. "El color se está unificando y con los años mejorará más, pero igual nunca llega a ser lo mismo" pese a que para la operación se utilizó piel de un tono parecido.Rafael, en definitiva, lleva una vida normal, porque sólo va una vez por semana a rehabilitación y la revisión en el hospital es mensual. "Le falta sólo el alta laboral y creo que no le queda mucho para ello, probablemente la tenga antes del verano, porque él está bien pero claro, su trabajo es muy exigente, tiene que andar un montón", y es que Rafael es vendedor de la ONCE pero de los que se patean la calle.

Este buen estado del paciente es el resultado de una operación que, recuerda Gómez Cía, en todos sus pasos duró 30 horas. "Él está muy contento, y además desde el principio, porque decía que como tenía tan avanzada la enfermedad seguro que mejoraba" y, efectivamente, "ahora está mucho mejor que cuando se operó, que era el objetivo". ¿Lo mejor? Pues que "transmite sensación de bienestar, de felicidad, de haber cumplido su sueño...".

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