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Opinión

El Trovador de Sevilla

Al Pali no le hacía falta operarse de la memoria porque la derrochaba a raudales con sus coplas nostálgicas.

el 21 jun 2013 / 20:34 h.

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Familiares, amigos y demás sevillanos se reunieron ayer ante la Casa de la Moneda donde nació Francisco Palacios El Pali para recordar el 25 aniversario de su muerte. / J. M. Paisano (Atese) Familiares, amigos y demás sevillanos se reunieron ayer ante la Casa de la Moneda donde nació Francisco Palacios El Pali para recordar el 25 aniversario de su muerte. / J. M. Paisano (Atese) Por Pascual González Hoy voy a llamar al aldabón de las puertas de la reflexión para preguntarme: ¿Qué es lo que pensará Paco Palacios de su Sevilla desde que fue contratao en el tablao de la gloria? Po mu sencillo, lo que ya Machado preconizó en su nombre: Sevilla, sin sevillanos. Y es que no es pa menos... ¿Que quién era Paco Palacios?... ¡Hombre, por Dios!... Eso es lo que me faltaba a mí por escuchar para que hasta se me ericen los bigotes del alma... Mire usted, a ver cómo se lo explico... Paco Palacios El Pali, como dijo su gran amigo Antonio Burgos, era solamente uno de la Puerta del Arenal con una pelliza y unas gafas de culo de vaso que cantaba saetas al Baratillo y que se ponía ciego de tinto, con Florencio Quintero, en el bar Carriles... Pa más señas, el que el susodicho amigo bautizó en la pila de la calle Aduana como El Trovador de Sevilla... ¿Sabe usted quién le digo?... El juglar de las corraleras y emperador supremo de las papas aliñás... El que nos enseñaba con sus coplas una Sevilla a la que aún no habían llegado los trepas de la gomina y el mangazo. Un cantaor al que no le hacía falta, como a mucha gente de Sevilla, operarlo de la memoria porque la derrochaba a raudales con sus coplas nostálgicas… Ya no se ven cigarreras por la calle San Fernando… En la puerta Correos tú me has citao… Me gusta que me pregunten, cosas que yo conocí... Coplas de una Sevilla que sigue haciendo oídos sordos a cuantas propuestas de homenaje se hicieron para un sevillano de casta y raza, al que cuando llamábamos por teléfono y no estaba, escuchábamos con su voz en un contestador en el que, sobre las campanas de la torre mayor, decía: Caminito de Jerez, me acordé de mi Giralda y me tuve que volver... ¡Ahí es ná! Solo los vecinos de Triana y del barrio de San Lorenzo le ofrecieron un homenaje de cariño y reconocimiento, a través de unos retablos de azulejos que forman parte respectivamente de la fachada del antiguo Hotel Triana y de la histórica plaza del Señor de Sevilla. Interminables serían las anécdotas que, escuchadas y vividas porque ocasiones no me faltaron para tal fortuna, podría escribir sobre El Pali, pero prefiero quedarme especialmente con su forma entrañable de recibirme en su casa... Después de mi llamada, él abría la puerta... “Pali, buenos días”... Su singular y eufórica voz no se dejaba esperar: “Pasa, niño, pasa... pasa pa dentro y saluda a mi madre...”. Magdalena, como siempre, me ofrecía el aperitivo propio de la hora del día, mientras él hablaba y hablaba del mundo de las sevillanas, sin dejar títere con cabeza. Luego me preguntaba: “¿Te ha gustao mi disco?”. Yo le decía que sí... Y él concluía, como una fotocopia de algo ya vivido, diciendo: Po más te va a gustar el del año que viene... Ese disco sí que es güeno. Todo un personaje que el 22 de mayo de 1928 nació en la Casa de la Moneda para cantarle a Sevilla... Hijo de José Palacios y Magdalena Ortega, se bautizó en el Sagrario de la Santa Iglesia Catedral... Vivía en la calle Tomás de Ibarra, en el espacio preciso que mejor le correspondía: junto al antiguo bar El Barril... Un hombre que le dedicó su arte y su vida a la ciudad de Sevilla con un amor desmesurado... Por eso antes de que saliera a la luz un nuevo disco, ya tenía preparado el próximo... El día que yo me muera que no me llore Sevilla. Y yo, como muchos sevillanos, no tuve más remedio que llorarle y dedicarle mis palabras más sinceras y sentidas, diciéndole: Por tu nombre, Paco, como mi agüelo, por tu apellido Palacios, de reinas coplas, por tu cortito apodo cual grande cielo, por tu quiebro y quejío, guitarra toca… Y que el bordón corteje a la seguidilla y en la Pila del Pato baile la quinta, Realito y boleras por tonadillas, por tu madre quedarse Sevilla encinta y parirte entre murgas y entre sainetes, y entre bellas coplillas campanilleras, y entre fragua y saetas por martinetes, sonanta, tu cuarta calle que el yunque suena… Y que tu tercera baile con el Postigo que es mozo costalero del Baratillo, por tus bellas historias, mi buen amigo, de un moisés de campanas pal Giraldillo. Por tu gracia-sonaja de los corrales, por tu buen apetito, come-pringadas, por tu sed-manzanilla, bebe-Morales, por tu amor a esa torre, tu bella dama… Que tu segunda cante, vihuela, que los Quintero bailan con las Niñas de Alfalfa y Peines, y Machado, Manolo, forma el revuelo con tu sal de tonadas, versos alegres. Por tu gracia y jolgorio, sevillanía, por tu argot-verborrea, Triana y arte, por tus cómplices gafas con miopía, por bordar con tu alma, nuestro estandarte… ¡Ay! guitarra, la prima corre a su vera, Font de Anta la llama que pa Amarguras, ya le sobra a Sevilla por primavera y hace falta en la gloria su tesitura y sus fieles falsetas pa que Susillo toque gubias-palmas cuando tú cantes y con rimas-jaleos te hagan corrillo, Cernuda, España y Bécquer con Blas Infante. Y Belmonte y Gallito con to los Gallos te brindarán sus lances de fantasía, y al piano, Turina será tu mayo de plegarias y sones de romería. Y Antoñito, tu guía de procesiones, y Buiza, tocayo, tu ángel guarda, que esculpe, con tus coplas, dos corazones, Don Juan Tenorio Pali e Inés, campana de tu niña veleta, tu novia sultana, tu flor centinela, tu orgullo y tu espada, tu sangre bandera, tu verde Esperanza, tu diosa de oro de albero Maestranza, tu sal-castañuelas, tu estrella y tu hada, tu palio flamenco, tu bella gitana, tu dueña y mi dueña, mi hermano de copla y Giralda.

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