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El último bastión del Jemer Rojo ofrece su siniestro pasado a los turistas

El último y legendario bastión del Jemer Rojo, en Anlong Veng, saca provecho a su siniestro pasado con el turismo, cuando se cumplen tres décadas de la caída del régimen maoísta de Pol Pot.

el 15 sep 2009 / 20:48 h.

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El último y legendario bastión del Jemer Rojo, en Anlong Veng, saca provecho a su siniestro pasado con el turismo, cuando se cumplen tres décadas de la caída del régimen maoísta de Pol Pot.

Enclavada en la frontera con Tailandia, esta aislada y polvorienta aldea camboyana fue donde hace una década Pol Pot, Son Sen, Nuon Chea, Jieu Samphan y Ta Mok, "El carnicero", consumieron sus últimos días como líderes revolucionarios.

De todos ellos sólo siguen con vida Nuon Chea y Jieu Samphan, arrestados desde 2007 en la sede del tribunal internacional que les juzga como responsables del genocidio de 1,7 millones de personas entre 1975 y 1979, el periodo en el que gobernaron Camboya.

"Podemos ver la casa de Pol Pot, su tumba y la casa de Ta Mok", indica Non, un joven conductor de mototaxi, y a continuación expone el auge de visitantes que acuden al lugar para ver los vestigios de los últimos jemeres rojos.

La llegada de turistas coincide con un incipiente crecimiento de Anlong Veng, cuyos habitantes hasta el momento habían vivido del contrabando y de la tala ilegal de árboles, actividad esta última venida a menos por falta de existencias. A ocho kilómetros del pueblo se alza la cordillera de Dangkrek que, como si de un muro se tratara, delimita la frontera con Tailandia.

En la cima, justo antes de cruzar el puesto fronterizo, un puñado de barracas rodeadas de escombros forma la aldea de Choam, dedicada casi en exclusividad a la prostitución y a la venta de tabaco a los vecinos tailandeses.

Es allí donde en 1998 fue incinerado en una pila de neumáticos y maderas el cadáver de Pol Pot, quien falleció el 17 de abril de 1998 mientras estaba confinado en una choza de las afueras de la aldea desde que fuera juzgado por un tribunal popular y condenado a vivir apartado del resto de sus antiguos correligionarios.

El Ministerio de Turismo colocó en el lugar de la pira una chapa metálica, ahora medio oxidada y que atiende diariamente algún vecino que ofrece agua, te, incienso y cigarrillos para complacer el espíritu del que fuera el Hermano número uno del Jemer Rojo.

De Choam parte un camino arenoso rodeado de minas que lleva hasta los refugios que habitaron los cabecillas de la antigua República Democrática de Camboya y que se levantaron alineados a escasos metros de la frontera para facilitar la fuga al país vecino en caso de peligro.

Uno de ellos perteneció a Pol Pot y se conserva poco más que la estructura chamuscada y varios mensajes escritos en las paredes por visitantes y espontáneos. Unos matorrales separan la casa de un pequeño hotel restaurante colgado en el acantilado desde el que se abarca la llanura camboyana.

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