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El último chute de los ERE ilegales

El escándalo de los ERE ilegales que desde hace meses tiene a la Junta de Andalucía contra las cuerdas no deja de sorprendernos, y es tal su virulencia informativa que pronto se estudiará como un caso de máster en Periodismo...

el 10 ene 2012 / 21:57 h.

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El escándalo de los ERE ilegales que desde hace meses tiene a la Junta de Andalucía contra las cuerdas no deja de sorprendernos, y es tal su virulencia informativa que pronto se estudiará como un caso de máster en Periodismo, porque reúne todas las condiciones de la noticia perfecta: hecho novedoso y atípico que atrae la atención de la opinión pública tanto por la singularidad del relato como, en ocasiones, por su carácter inverosímil. Ningún profesional de la comunicación puede negarle a este fétido asunto todos los atributos de gran noticia. Una gran noticia que acaba de recibir un chute de cocaína que ni el más avezado plumilla de sucesos podía sospechar.

Y es que ningún guionista de películas de enredo podía haber llevado a la pantalla semejante argumento: la utilización de dinero público para fines tan instructivos como irse de picos pardos, copas hasta las claras del día y percotis a gogó, cocaína a tutiplén, coche a la puerta con chófer subvencionado con un millón de euros. Es de tal naturaleza la desvergüenza, el desahogo y la desfachatez del presunto autor de tantos presuntos delitos en cadena que, es lo cierto, hay que recurrir a la ficción cinematográfica para encontrar algo parecido incluso en el mundo virtual.

Llama poderosamente la atención que el presidente Griñán no haya bajado aún a la arena para explicar en rueda de prensa (con preguntas, claro) los pormenores de este escándalo. Resulta imposible de todo punto suponer que los miembros del Consejo de Gobierno no supieran nada de las fechorías que de manera continuada se cometían en Empleo. Y, lo que es más grave, que los controles de la Consejería fuesen tan laxos, tan inexistentes, que un golfo con responsabilidades pudiera disponer libremente de un fondo de reptiles, como él mismo lo definió muy gráficamente.

Andalucía está nuevamente en lenguas y no precisamente por sus encantos naturales. Anda en lenguas de toda España, y otra vez por su ligereza oficial, por su frivolidad administrativa, por su falta rigor y de intervención con los dineros de todos, y acaso también por un Gobierno que intentando mirar para otro lado no deja de ver cómo la bola de nieve de los ERE ilegales amenaza ya con sepultarlo debajo de un auténtico alud. No es exagerado denunciar que la Junta de Andalucía ha dejado de cumplir con el mandato preliminar del Estatuto de Autonomía que propugna como valores superiores la libertad, la justicia y la igualdad.

Entre los servicios a la comunidad ocupa ya un lugar destacado el que los medios de comunicación andaluces y nacionales están prestando al conocimiento de la verdad en el caso de los ERE ilegales. De no haber sido por las revelaciones de la prensa y la consiguiente y perseverante denuncia del Partido Popular en el ejercicio de su labor de oposición, el fondo de reptiles de la Consejería de Empleo continuaría nutriendo de subvenciones a los paniaguados amigotes de Guerrero. Y su chófer estaría todavía en el ajetreo de proporcionar nuevos chutes al inmenso escándalo de esta pobre y  sufridora región (un millón de parados).

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