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Cultura

El último del Zurraque

A sus 84 años, Márquez el Zapatero se resiste a jubilarse del cante. Al contrario, acaba de grabar nuevo disco, ha recogido sus vivencias en un libro y será nombrado Trianero Adoptivo

el 04 jul 2014 / 12:00 h.

Aunque natural de Villanueva del Ariscal, el nombre de Manuel Márquez, El Zapatero, va indisolublemente unido a Triana, donde tuvo una zapatería –«en la calle Pureza, y en Pagés del Corro menos tiempo», recuerda– y donde se empapó de cante sin saber que, con el paso del tiempo, se convertiría en el legatario del tesoro flamenco del barrio, la soleá. Es por ello por lo que será nombrado el próximo día 24 Trianero Adoptivo, lo que considera, modestia aparte, un acto de justicia, ya que «he llevado el cante de Triana adonde no lo ha llevado ninguno», asegura. Su primer maestro fue el legendario Sordillo de Triana, «que era de Vélez-Málaga pero cantaba la soleá que era una maravilla. Era un bohemio y venía a Villanueva en la temporada del vino, de diciembre a marzo. Aquí le daban posada, se quedaba en los pajares, pero era un artista grande», evoca. Con él, como con otros grandes como el NiñoSegundo, Antonio el Arenero oManuel Oliver, se decantó su vocación cantaora. «Luego Paco Parejo, Paco el Diente, puso una tertulia flamenca en la calle Alfarería que fue una escuela de cante para los 15 o 20 aficionados que nos dábamos cita allí. Hasta El Pescaílla vino a vernos una vez». Fue así como la Plaza del Zurraque acabó dando nombre a esa genuina forma de decir el cante, tan amenazada hoy de extinción. «Luego don rafael Belmonte le puso de los Alfareros, porque casi todos los cantaores trabajaban en la alfarería, incluído el Sordillo. Manuel León el Teta tuvo hasta un horno, Oliver también... Pero EmilioJiménez, cuando grabamos el primer disco, le puso La Triana del Zurraque (1994), y se ha quedado para toda la vida», agrega. A aquellos grandes nombres rinde homenaje en su último disco, Los cantes de Triana segúnMárquez el Zapatero, que presentará el próximo día 10 en el Palacio de la Música de su pueblo, en un acto que servirá también para presentar un libro con sus vivencias que han recogido Bernardo Pallarés y José Manuel Trigo. Su apodo, por otra parte, se lo debe Paco Herrera, locutor deradio Popular, que en sus inicios se extrañó de que no tuviera nombre artístico. «Le dije que no, y me preguntó: ¿Tienes oficio? Le dije que sí, que era zapatero. ‘Pues nada, te vas a llamar Márquez el Zapatero’». A Manuel se le brilla la mirada cuando, en su casa deVillanueva, evoca sus actuaciones en el Altozano, en Santa Ana, en el hotel Triana. en tablaos y eventos de lo más variopinto. «Nunca he sido profesional», asevera no obstante. «No es que un profesional cante mejor ni peor, es solo el que come del cante. Yo he comido de la zapatería y del campo.He sembrado papas durante cincuenta años, sin fallar ni uno», dice el artista. Márquez presume de repertorio amplio, desde la seguiriya a los fandangos –«hago un rebujo donde no hay dos iguales, de la Calzá, del carbonero, del Peluso, de fregenal...»–, pasando por la toná, la milonga o la alboreá. Pero sus palos estrella son la soleá chica y la soleá grande. «Cuando canto por Triana, parece que estoy allí, y revivo todo lo que he vivido con esos grandes cantaores», afirma. «Hago, por ejemplo, un remate de Manolito Pinto que es una maravilla, y me parece que lo estoy viendo». Consciente de ser el último de una estirpe, se muestra un tanto pesimista sobre el futuro de estos cantes. «La escuela para escuchar y aprender cante que era Triana ya no existe. Ahora hay discos, sí, pero no transmiten la vivencia. La vivencia siempre está en el artista», dice. Cuando se le pregunta si no le visitan jóvenes para recoger el testigo y aprender de él, sacude la cabeza: «Vienen algunos chavales a que les enseñe, pero nada... Apenas saben cuatro cosillas, lo único en lo que piensan es en ganar dinero y en ser artistas. Pero eso no dura. La mitad se va en seguida a cantar para el baile», añade. El artista no oculta cierta nostalgia por los tiempos remotos «en que un bautizo era un tomate con sal, una copa de vino y Márquez el Zapatero cantando», y reconoce que de ahora «no me llega ningún cantaor, aunque hay muchos buenos, pero no destacados como figura. una generación como aquella que salió de Chocolate, Menese, Fosforito, Manuel Mairena, y Enrique Morente, y José de la Tomasa... Eso se acabó», lamenta. «Para ser figura, lo primero es tener facultades, y después mucha afición, para ir perfeccionando. Yo todo lo que he hecho se lo debo a mi afición. Pero ahora no hay mama, como se dice en los cotos, lo que hace falta para que haya crianza... Ahora con el televisor nadie escucha», prosigue Márquez, quien a pesar de todo y a sus 84 años, nunca se ha planteado jubilarse, ni de la zapatería ni del cante. «El trabajo de zapatero hace mucho que también se acabó, pero todavía tengo la zapatería como una reliquia, ahora la estoy arreglando... En cuanto al cante, ha sido mi dedicación secundaria, pero me ha aliviado mucho». Camino de la plaza de su pueblo donde luce el monumento en su honor, una máquina Singer de 1910 que fue durante mucho tiempo su sustento, Márquez el Zapatero se ufana de vivir en un pueblo «donde siempre ha habido gran afición al flamenco, sobre todo al clásico, al que llamaban puro. Es un pueblo muy arraigado al cante por soleá, la seguiriya y la toná, y donde ha venido desde Manuel Torre a Antonio Mairena. Antes había siete u ocho aficionados, ahora solo quedo yo». Y no se marcha sin brindar su secreto: «He sido un machacón, y lo sigo siendo. Con 84 años, ¿quién se atreve a ir a Nimes, a Zamora o a Valladolid, como he ido yo, para que luego por lo que sea no puedas cantar? Estoy bien de voz, la cabeza la tengo muy buena, no te repito ni una letra, no se me olvida ni una... ¡Y todas de Triana!».

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