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El único coche que llega al centro

Siempre llevan boina, saben distinguir un caballo hispano-árabe de otro hispano-bretón y cultivan -como los albañiles- el arte del piropo. Aunque sea mediante señas los cocheros son capaces de explicar a un japonés que la Catedral de Sevilla es la tercera más grande del mundo... Foto: A.Acedo.

el 15 sep 2009 / 23:33 h.

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Siempre llevan boina, saben distinguir un caballo hispano-árabe de otro hispano-bretón y cultivan -como los albañiles- el arte del piropo. Aunque sea mediante señas los cocheros son capaces de explicar a un japonés que la Catedral de Sevilla es la tercera más grande del mundo o que la Torre del Oro fue construida por el ultimo gobernador almohade. Pero los del gremio también tienen un coche y un caballo para que si un día le da por recoger a su novia, novio o similar en San Jerónimo y dejar a la suegra boquiabierta, pueda hacerlo por unos cuarenta euros la hora.

En Sevilla hay 98 coches de caballos y al frente otros tantos cocheros que llevan años en el oficio. Antes se aprendía "arrimándose" a algún veterano aunque ahora hay que hacer un examen teórico y otro práctico sobre el coche en la Plaza de América. "Tenemos que conocer las señales de tráfico y saber el nombre de las correas que lleva el caballo pero también algunas cosas sobre la Catedral y otros muchos monumentos", explica Adolfo Ramírez, que lleva nueve de sus 31 años en esta profesión.

Pero para ser cochero no sólo basta con defenderse con las riendas porque la jornada se sabe cuando empieza pero nunca cuando acaba. "Yo me levanto sobre las siete o así para ir a la cuadra y venirme pronto a la parada para no llegar el último, que esto es como los taxis", cuenta Manuel Gutiérrez, de 62 años. Hasta las seis o las siete -depende de la época del año y del clima- se pasa el día "cargando lo que se pueda" para luego volver a la cuadra a alimentar y limpiar a los animales.

Entre los secretos del oficio está saber que "los caballos buenos son los cruzados, que sean mansos, pesen poco y que aguanten bien el calor de Sevilla". También hay que ser cuidadosos con el carro y con el animal ya que "cambiar las ruedas puede salir por unos 6.000 euros y las herraduras -que tienen que sustituirse una vez cada 15 días- por unos 50".

Porque aunque conocen a gente interesante y pasan el día recorriendo sobre un caballo una de las ciudades más hermosas del mundo, el oficio de cochero es duro, sacrificado y "nunca se sabe cuanto vamos a ganar este mes". Muchos sólo conducen los coches pero los que también son propietarios tienen que mantener "dos o tres caballos -cada uno puede costar unos 3.000 o 4.000 euros- porque uno solo no es suficiente", cuenta Manuel Gutiérrez.

La mayoría de los clientes son turistas -hoy son menos, dicen que se nota la crisis- pero también hay algún que otro sevillano que se pega un capricho de vez en cuando y contrata uno de los coches para pasear e incluso para usarlo como medio de transporte. "Nosotros podemos circular por cualquier parte por donde se pueda menos por la autovía", cuenta Joaquín Ruiz. El precio no varía -son unos cuarenta euros la hora- e incluye la explicación aunque si lo que quiere es no llegar tarde al trabajo puede prescindir de ella.

Sobre el coche han vivido de todo y confiesan que con los idiomas se defienden como pueden. Las paradas se reparten a lo largo del itinerario: Correos, Torre del Oro, Palacio de San Telmo, Parque de María Luisa, Plaza España... y durante el servicio tienen que hacer uso de su arte para ganarse alguna propinilla extra. Cuentan que los turistas suelen preguntarles curiosidades de la ciudad y que pocos se van sin escuchar algún chiste de la tierra.

Por muy lejos que uno esté de Sevilla si piensa en ella ve la Plaza de España, el barrio de Santa Cruz y también los coches de caballos. Por eso, ellos defienden que son parte del patrimonio de la ciudad y se resisten a pensar que un día el negocio y el oficio puedan desaparecer. Sea como sea, ellos pueden ensañarle la ciudad como nadie y lograr que la mire de otra manera.

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