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El Vacie implica a las madres en el programa de desayunos saludables

El programa de la Fundación Gota de Leche comienza a impartirse en las caracolas del asentamiento chabolista, con lo que los niños llegan al colegio ya desayunados.

el 18 sep 2013 / 22:48 h.

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Convenio gota de leche-FR- 1El programa de desayunos que la Fundación Gota de Leche inició en el Vacie hace más de una década, que además de garantizar la nutrición de los niños sirve para educarlos en hábitos de higiene, ha dado este curso un paso más. Ahora los menores desayunan en los módulos prefabricados del asentamiento en vez de en los colegios, lo que ha permitido implicar a las madres como voluntarias y ha tenido una ventaja inesperada: al llegar ya desayunados y perfectamente aseados no entran tarde a clase, como ocurría cuando desayunaban en los colegios, por lo que no se señalan ante sus compañeros como habitantes del núcleo chabolista. El alcalde, Juan Ignacio Zoido, renovó ayer el convenio que financia este programa, al que se destinarán 27.000 euros. Permitirá atender a 44 menores de entre tres y doce años; antes el número no estaba limitado, pero este curso deberá ceñirse a lo que permiten las caracolas del desayuno y el tiempo del que disponen los trabajadores que se ocupan de los niños, que serán un coordinador y tres monitores. Los niños llegan a los módulos sobre las 7.30 de la mañana y lo primero que hacen es lavarse la cara y las manos y peinarse antes de pasar al comedor. Si necesitan ayuda, la reciben de los monitores. “Suelen llegar a su hora. Puede parecer que no se van a levantar –y después del verano les cuesta un poco–, pero cogen el hábito rápido porque son niños y se adaptan a todo”, explican fuentes de este proyecto educativo. De la misma forma, si al principio alguno remolonea al lavarse la cara y las manos o peinarse, en poco tiempo se acostumbran y se ocupan ellos mismos. Algunos llegan de casa aseados y peinados, y los monitores pueden corregir los casos en los que no es así. En el comedor reciben un desayuno básico –leche con cacao y galletas, o cereales o zumo–, según una programación elaborada por un nutricionista, y también un tentempié para media mañana. Luego se lavan los dientes y a las 8.10 horas los recoge el autobús que los lleva al colegio, por lo que entran con los demás niños a clase y no en un grupo más rezagado como pasaba antes. “Estamos muy contentos con los resultados de este cambio, y en los colegios también lo están”, señalan estas fuentes. La incorporación como voluntarias de las madres –participan tres, que van rotando cada 15 días– es otra ventaja, porque se impregnan de los hábitos que los monitores tratan de enseñar a los niños, a los que también se anima a participar en el programa de higiene que otra entidad realiza en el Vacie por las tardes. Las correcciones a los niños son las mismas que en cualquier otra mesa de desayuno: “Que se sienten derechos y cosas así, lo normal”. Durante la firma del convenio, el presidente de la fundación, Ignacio Gómez de Terreros, apostó por “esforzarse” en consolidar estos hábitos saludables en los menores en sus primeros años y estimular la implicación de las madres para lograr resultados. Por su parte, Zoido recordó que en el Vacie se realiza una intervención integral en las áreas social, educativa, laboral y sanitaria, que se financia con partidas como las dedicadas al chabolismo –dotada con 2,3 millones–, lo que ha permitido mantener la política de realojos en otros barrios de la ciudad de las familias que han logrado alcanzar hábitos de vida normalizados.

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