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El valor sin leyendas de Nazaré volvió a marcar la diferencia

el 15 ago 2011 / 21:20 h.

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Ganado: Se lidiaron seis toros de Martín Lorca -cuarto y quinto marcados con el hierro filial de Escribano Martín-, desigualmente presentados. El primero resultó soso y con peligro sordo; terrorífico y orientado el segundo; noble y de claudicantes fuerzas el tercero; aplomado y noblón el cuarto; avisado y peligroso el quinto. Noble y rajadito el sexto.
Matadores:
Agustín de Espartinas, de canónigo y oro, palmas tras tres avisos y palmas.Antonio Nazaré, de blanco y oro, vuelta al ruedo tras petición y aviso y oreja.Miguel Ángel Delgado, de blanco y plata, palmas y algunas palmas.
Incidencias: La plaza registró más de un cuarto de entrada en tarde noche calurosa.

Saludaron Ballesteros y Tomate de Jerez. álvaro r. del moral l SevillaCon o sin calor, la terna de jóvenes promesas sevillanas reunía el suficiente atractivo para despertar el interés de la escasa nómina de aficionados hispalenses. Se trataba de tres matadores con diferentes registros y capacidades y en busca de la oportunidad definitiva que tenían que dar lo mejor de sí mismos para romper unas cadenas que no siempre son verdaderamente justas.

Una vez más fue Antonio Nazaré el que tiró la moneda sin importarle de qué lado iba a caer. Se la jugó de verdad, sin cuentos ni leyendas, poniendo las femorales delante de un toro orientado que desparramaba la vista en cada suerte. Pero el diestro de Dos Hermanas venía dispuesto a dar un verdadero toque de atención y no quiso dejar pasar la oportunidad de darlo todo en cada pase hasta conseguir torear con ajuste, verdad y buen trazo a un animal que sólo merecía un sablazo.

Lástima que la espada no resolviera el angustioso trasteo: habría cortado ese trofeo que marcaba la diferencia. Pero quedaba otro encerrado y Nazaré volvió a tragar quina con ese quinto, un toro orientado y mentiroso que le tomaba las medidas del traje en cada cite y echaba el freno en todos los embroques. A pesar de la calidad del regalo, el valeroso diestro nazareno volvió a poner toda la carne en el asador y hasta le enjaretó algún natural terso para culminar una valiosa labor global que debe abrirle nuevas puertas en el gran circuito.

El ecijano Miguel Ángel Delgado era el tercer hombre de esta terna de oportunidades y se llevó de primer plato un tercero colorado y de buenos comienzos con el que no fue capaz de acoplarse por completo en el inicio de su labor: quizá sobraron algunas distancias y tirones y faltó inicial claridad de ideas para administrar la bondad de un animal que se defendió muy pronto de puro flojo. Para entonces quedaba muy poco que hacer. Con el basto ejemplar que cerró plaza se templó con el capote pero no se ajustó por completo en la muleta, que sí manejó con solvencia y cierto sentido del temple. En cualquier caso, había que dar un pasito más, mire usted.

El festejo, testificado por mayoría guiri, no había podido comenzar peor. Aunque Agustín de Espartinas había lanceado muy compuesto y empacado al escurrido y feote ejemplar que rompió plaza no fue capaz de echarlo abajo en tiempo y forma después de una faena que tuvo que sortear el peligro sordo del galafate, que tomaba la muleta siempre al paso y enterádose. Insolvente con el descabello, los avisos fueron cayendo uno tras otro hasta emborronar por completo una presentación como matador en Sevilla que se había hecho esperar.

La verdad es que al diestro espartinero no le faltaron ganas. Repitió porta gayola en ambos toros pero tampoco terminó de acoplarse por completo al precioso y aplomado sardo que hizo cuarto. El toro medio se dejaba, más por el izquierdo que por el derecho, pero hubo muy poco que rascar. Otra vez será. O quizá no.

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