Local

El velero culinario

La ilusión de dos emprendedores como Julio Alvera y Francis Gandullo hace navegar a este establecimiento contra viento y marea.

el 08 abr 2011 / 09:18 h.

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Una barra acogedora, mesas altas y exposiciones dan un carácter moderno al local.

The roaring forties es un grupo de pequeños veleros de los años veinte de excepcional comportamiento ante tormentas y mar gruesa, cómodos y manejables, basados en el placer por las cosas bien hechas. Éste es el espíritu del local y de sus arriesgados tripulantes, Julio Alvera y Francis Gandullo, que intentan capear el temporal de la crisis y de los marrajos que nadan en las aguas de esta cainita Sevilla que, amparados en el anonimato, juegan alegremente con el esfuerzo y el pan de quien echa coraje y horas para sacar adelante la empresa y dar puestos de trabajo.

Ellos tenían un sueño, un local como al que a ellos les gustaría ir como clientes, y eso es Forties. Un concepto moderno, abierto todo el día y con polivalencia. Siempre me gustó este espacio, que ha tenido etapas desaprovechadas, ahora revive con una barra acogedora, mesas altas dentro y fuera y un espacio para mesas donde tapear o comer más cómodamente, las paredes sirven para exposiciones artísticas como la magnífica de fotografías que hay actualmente. En el sótano un salón de ladrillo visto que evoca una bodega, y precisamente aquí organizan numerosos eventos para promover la cultura del vino, algo fundamental en Forties, y la gastronomía, catas de vinos, de aceite, de brandis, dinamizan el espacio y dan vida al lugar.

Pedro Ma Sánchez, que se hizo en Becerra, y Carlos Martínez, forman el tándem en los fogones, de donde salen cantidad de obras culinarias que se pueden degustar por tapas o por platos. Además de la carta, todos los días hay un guiso, el día que allí estuvimos fue un cocido con sabor a casa de antes, una tremenda tapa por 3,00 euros, también fuera de carta hay pescados y arroces los fines de semana. De la carta probamos unas jugosas croquetas de carrillada (2,50 euros/ 9,00 euros), una buena fuente de huevos rotos con pimentón de la Vera (8,00 euros) con unas muy conseguidas patatas fritas, cortadas finas y crujientes, y un gran solomillo de buey (19,00 euros), de altísima calidad la carne y en su punto.

Culminamos la comida con un tiramisú (4,00 euros) hecho en la cocina, con buen sabor a mascarpone y café. Todo ello perfectamente atendidos por el maître David Mesa, que llegó a este barco, lo que son las cosas, desde Marea Grande. La carta de vinos está llena de etiquetas de referencia y algunas sorpresas de vinos más modernos, la cristalería y la temperatura adecuada revelan el amor de los dueños por este apartado tan importante de un restaurante. Los precios muy ajustados, todo un Luis Alegre Crianza por 14,00 euros€ (2,50 euros la copa) o, en blancos, Pazo San Mauro por 17,00 euros, un señor albariño. Destacable el apartado de generosos y espumosos y una buena colección de espirituosos, donde no falta una amplísima gama de ginebras Premium, con las que la simpatía y el buen hacer de Fernand, nos alegrará la sobremesa o la copa de la tarde con unos magníficos gin-tonics.

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