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El verano de las batas blancas

Estas vacaciones, la Casa de la Ciencia será por las mañanas un campamento científico infantil. La misión: crear risas de laboratorio.

el 07 jun 2011 / 19:00 h.

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El día en que el mundo necesite una última esperanza, la encontrará en los niños. En ellos, pequeños contenedores de todas las posibilidades imaginables, está obligado el adulto a depositar las claves de la felicidad, con la esperanza de que ellos puedan comprenderlas y utilizarlas antes de que sea demasiado tarde para su generación y sea preciso apelar, una vez más, a otros niños. No se trata de hacer aquí un preámbulo ostentoso para introducir pomposamente un episodio que no pasa de ser un campamento de verano; bastante original e interesante, sí, pero nada más. De lo que se trata es de ir más allá de la anécdota y entender que la infancia necesita menos dogmas y más dudas, menos prejuicios y más vivencias enriquecedoras. Y ahí es donde esta cosa llamada Campamento Eco-Científico, pensado para los niños sevillanos durante el próximo verano, deja de ser un mero divertimento para tener a los chiquillos entretenidos por las mañanas y se convierte en una inspiración para los adultos; tanto para los que puedan permitirse pagar los entre 95 y 150 euros que cuesta una quincena de julio en esta iniciativa de Ciencia Divertida y la Casa de la Ciencia como para quienes quieran inspirarse en ella para orientar las actividades veraniegas de sus hijos.

Lo explicaba ayer el gerente de Ciencia Divertida, que es una entidad especializada en adaptar museos y otros recintos culturales para actividades como la citada. Contaba Germán Bernal, que así se llama este señor, que el meollo de todo este asunto (además del pedazo de favor que supone para una familia trabajadora el tenerles entretenidos a los niños en julio hasta las tres de la tarde) está en familiarizar a los pequeños con el método científico. Sí, con mucha diversión, mucha sorpresa y todo eso, pero con ese objetivo de ayudarles a descubrir el valor tremendo que tendrá para ellos en el futuro la observación, la experimentación, el pensamiento crítico y desprejuiciado, "pensar de forma constructiva, trabajar en equipo", prosigue Bernal, para rematarlo con un propósito sublime: "Despertar en ellos el entusiasmo." Menuda frase.

De estas honduras filosóficas, por supuesto, los niños no tienen ni idea, a ver si se va a pensar alguien que los chiquillos se van a pasar el estío en la pose del Pensador de Rodin. Nada que ver. Ellos van a divertirse y a pasárselo en grande. De hecho, las actividades de este campamento urbano están diseñadas científicamente (cómo no) para que sus jóvenes integrantes acaben felizmente reventados pero sin pasarse o, por seguir con la nomenclatura oficial, relajados para el resto del día. Mano de científico, mano de santo.

Sepan padres e hijos que el Campamento Eco-Científico acogerá a alrededor de cien niños en dos niveles, uno de entre 4 y 6 años y otro para los que tienen entre 7 y 12. El lema común es el año internacional de los bosques, y el propósito general es demostrar a la chavalería rampante que la ciencia es lo más gracioso, interesante, misterioso, sorprendente y entretenido del mundo. Y ya tienen que ser buenos todos estos monitores y divulgadores, porque prometen hacer divertida hasta la tabla periódica, pese a ser la cota más baja conocida, junto con el aoristo griego, de ese valle de lágrimas que es la adolescencia española considerada en su conjunto.  

¿Qué harán los niños allí tantas horas, desde las siete y media de la mañana hasta las tres de la tarde? Lo primero, cada día, motivar el interés a través de juegos, charlas y preparación de actividades. Luego vienen los talleres para experimentar y jugar. También llevarán un diario, donde anotarán lo que hacen (Diario del Peque Científico, se llama) y acabarán la sesión con juegos de agua (recomienda el gerente que los niños se lleven una toallita).  Y los temas, entre otros, los siguientes: el medio ambiente, las plantas, los animales, el Sol, el agua, el aire, la Tierra, la energía, el firmamento, la ecología, el efecto invernadero, el cambio climático, el reciclado, las energías renovables...

Quien no se lo pueda permitir, o bien no le cuadren los horarios o fechas con los planes familiares para las vacaciones, tiene la opción de compartir con los niños su propio verano científico y ayudarles a conocer mejor el mundo y a desarrollar los nobles principios y valores de la ciencia (al menos, en teoría), desde el respeto hasta la reflexión. Pero si entra en sus planes, más vale que se dé prisa no sea que se acaben las plazas. Relatividad, que se llama.

De utilidad:

Qué: Campamento Eco-Científico.

Cuándo: En el mes de julio.

Dónde: En la Casa de la Ciencia (Pabellón de Perú de la Exposición Iberoamericana de 1929, Avenida de María Luisa).

Para qué: Para ayudar con los niños a las familias que trabajan y para promover en los pequeños las claves del método científico, desde la tolerancia hasta la reflexión.

Quién: Esto lo hace la Casa de la Ciencia, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con Ciencia Divertida, una empresa especializada en convertir los museos y otras instituciones del saber en centros de actividades.

Cuánto: Cada quincena de julio tiene dos modalidades: una que va desde las 7.30 hasta las 15 horas (y que sale por 150 euros cada niño) y otra algo más reducida que va desde las 9 de la mañana hasta las 14 horas (y cuyo precio es de 95 euros).

Cómo: www.planetaciencia.es

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