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El viaje marroquí de Griñán

Una leyenda de ésas que jalonan la biografía de los grandes empresarios cuenta que Ives Saint Laurent, cuando decidía promocionar sus productos en otro país, no preguntaba cómo introducirse allí a publicistas sino que buscaba claves en historiadores, filósofos y...

el 16 sep 2009 / 05:39 h.

Una leyenda de ésas que jalonan la biografía de los grandes empresarios cuenta que Ives Saint Laurent, cuando decidía promocionar sus productos en otro país, no preguntaba cómo introducirse allí a publicistas sino que buscaba claves en historiadores, filósofos y literatos. Eso es algo que falta en la cooperación específicamente andaluza con Marruecos, magnífica y diversa en cuanto a proyectos y ejecuciones técnicas, pero carente de una base argumental y crítica que los dirija a definir y consolidar relaciones.

Hace ahora exactamente 400 años salían por la Puerta del Arenal camino del exilio cientos de moriscos que ya sólo hablaban castellano. No eran muchos comparados con los que hacían el mismo camino desde Granada o Almería pero todos se consideraban tan hispanos como las familias que marchaban a América, sólo que éstos lo hacían forzadamente. Tenían una personalidad común que los hizo diferentes en Argelia, Túnez y Marruecos hasta el punto de formar, según Mohamed VI, uno de los tres vectores de la vertebración magrebí.

El presidente Griñán al decidir hacer de Marruecos su primer destino exterior tal vez debiera tener en cuenta la fecha y la importancia del colectivo porque, no nos engañemos, los pobrecitos que vienen en pateras nada tienen que ver con los que forman una de las élites del país vecino: allí son ministros y altos cargos, son la intelectualidad que dirige lo mismo universidades que cofradías y que presume de sus orígenes sevillanos o granadinos de la misma manera que el presidente hace con las tierras que marcan los límites entre Italia y Eslovenia de las que procede. Los viajeros españoles del XIX, cargados de prejuicios, en cuanto pasaban de Ceuta escribían inexorablemente que ¡por fin! pisaban Oriente. Al contrario que Ives Saint Lorent no lograban nada.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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