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Jóvenes al día

«El voluntariado es algo silencioso. No se ve pero está ahí»

Santiago Benítezes voluntario del grupo joven de San José Obrero. Tiene 24 años, es estudiante de Ingeniería y siempre consigue sacar tiempo para colaborar con el grupo joven de la agrupación sevillana de San José Obrero, un colectivo que, por iniciativa propia, está desarrollando labores sociales.

el 16 may 2014 / 08:00 h.

SANTIAGO-BENITEZ Santiago Benítez en el interior de la parroquia de San José Obrero junto al banderín del Grupo Joven de San José Obrero. / M.J.G. Que desde hace varios años no pasamos por uno de los mejores momentos no es un secreto para nadie pero que cada vez son más los que se prestan a arrimar el hombro, tampoco. Y si no que se lo digan al grupo joven de la parroquia de San José Obrero, un conjunto de jóvenes que viendo la situación de la gente de su barrio, la de quienes le rodeaban, decidieron dar un paso hacia delante y poner en marcha una serie de proyectos solidarios. No llevan mucho tiempo realizando este tipo de actividades: comenzaron poco antes de Semana Santa. Pero eso no quita que se les vea ilusionados, con fuerza y con ganas de cambiar el mundo o, al menos, de intentarlo. Santiago Benítez, diputado de juventud del grupo, nos hace un hueco entre tarea y tarea para explicarnos cómo surgió la iniciativa, qué acogida ha tenido y cuál ha sido su experiencia hasta el momento. ¿Qué proyectos tenéis ahora y cuáles tendréis en el futuro? Ahora vamos una vez al mes al comedor social del Pumarejo, el de las Hijas de la Caridad, que está en la zona de San Luis. Allí van a comer casi 300 personas así que hace falta nuestra ayuda. Otra cosa que hacemos es la recogida de alimentos durante las campañas de Navidad y en las épocas de culto de la hermandad. También tenemos un proyecto de verano en el Polígono Sur: vamos a una escuela de verano a colaborar, a dar clases a los niños. En el futuro queremos hacer un proyecto dedicado a las personas mayores, para acompañarles, ayudarles a hacer la compra... ¿Algún otro proyecto que tengáis pensado y que se haya quedado en el tintero? De los proyectos de futuro hay uno que es un poco complicado, es una idea loca que tengo: una carrera solidaria con niños pequeños. Aunque eso hay que hablarlo con el Ayuntamiento. Sólo es una idea que tengo y no la he hablado con nadie. Ahora la tengo más aparcada pero pronto intentaré llevarla a cabo. ¿Cómo surge la idea de realizar todos estos proyectos? Pues al ver la necesidad que hay, lo que nos rodea en el barrio... no se trata sólo de sacar la cofradía a la calle y punto, sino de darle un poco más de sentido a la hermandad. No es sólo dar culto y catequesis, sino también dar caridad, ayudar a los que realmente lo necesitan. ¿Crees que vosotros estáis recuperando con todas esas actividades un poco la verdadera razón de ser de la Iglesia? Bueno, poco a poco hay que ir dando la idea de que la Iglesia no es sólo dar misa y lo que se ve: el Papa, a lo grande, como algo imposible de alcanzar. Es también hacer algo por los demás. Nosotros no queremos que sólo se nos conozca por ir a convivencias con otras hermandades, pasarlo bien y jugar al fútbol. También queremos ayudar a los demás. ¿Qué hay que tener para ser un buen voluntario? Paciencia y ganas de trabajar porque hay muchísimo que hacer. También que te guste. Que no hagas las cosas porque te obliguen, porque lo tengas que hacer. Es importante que sientas que realmente lo quieres hacer. ¿Piensas que es fundamental el trabajo en equipo? Sí. Por ejemplo, para ir el comedor social siempre hacemos turnos. Gente que no haya ido el mes anterior, va este. La cosa es que vayan rotando para que asistan todos y conozcan cómo funciona eso, cómo tienen que actuar... y si vienen nuevos, que sean ellos mismos los que les enseñen a los nuevos lo que tienen que hacer. ¿Hay mucha participación por parte de los miembros del grupo? Mucha. Cada vez que hablamos de ir al comedor siempre saltan varios que quieren ir. Son chavales de unos 15 años que muchas veces no se ofrecen porque saben que sus padres no los dejan o son considerados todavía demasiados pequeños para ir o ya han ido y quieren que vayan otros... Pero, a pesar de eso, dentro de lo que cabe, siempre hay mucha iniciativa por parte de ellos. ¿Qué aportan los jóvenes a un voluntariado? Un poco más de dinamismo, vida. Quieras que no contagias esas ganas de trabajar a toda la gente que te rodea. Además, también le sirve a uno mismo, para madurar. ¿Y a la sociedad? Aunque parezca que los jóvenes no aportan nada yo creo que lo aportan todo. Sin los jóvenes no hay futuro. Pero muchas veces nos vemos desnudos ante lo que nos encontramos. Necesitamos del apoyo de nuestros mayores. Si los jóvenes no ayudan a sus mayores ahora que queremos hacer el proyecto dedicado a los ancianos, esos mayores no les pueden enseñar todo lo que ellos han conocido. ¿Habías pertenecido antes a alguna ONG o asociación? Estuve en una pero solo un año. En la de mi facultad, Ingeniería sin Fronteras. Estuve... nada, unas charlas y poco más. No pude involucrarme lo suficiente. Sabía que existían proyectos pero no pude llegar a formar parte de ellos. Así que podría decirse que ésta es la primera vez que soy voluntario. Nunca había tenido una experiencia como esta. ¿Qué te reporta lo que haces? Mucha satisfacción. Y no solamente para mí. A la gente en general le llena mucho. A los propios chavales a los que acompaño, a los más jóvenes del grupo. Ellos mismos se dan cuenta de que hay más gente que lo necesita. Una madre me dijo que esto era como una catequesis en vivo, en prácticas. Una forma de no decir sólo: Dios es esto, Dios nos dice lo otro. Es también ver todo eso en la práctica, que se sepa también que ayudar a los demás es ayudar a Jesús. Eso es importante. ¿Cambia mucho la visión de las cosas al ser voluntario? A los chavales de 15 ó 16 años no les suele cambiar tanto. Pasa una semana de haber ido al comedor social, de haber hecho cualquier actividad de este tipo, y siguen actuando igual. El cambio se hace más bien poco a poco. Pero a los que somos un poco más mayores, a partir de los 18 o 19 años, sí nos sirve de mucho. Por ejemplo, cuando nos vestimos de beduinos para acompañar al cartero real e ir al Hospital Macarena, a la parte de oncología para ver a los niños... eso nos cambia muchísimo. Te cambia la mentalidad, la forma de pensar... ¿Se puede compaginar la vida diaria con el voluntariado? Si se quiere se tiene tiempo para todo. Aunque sea difícil, se te interesa puedes sacar tiempo. Es cierto que el voluntariado tiene muchas cosas y que sacar adelante la carrera y llevar las demás actividades del grupo joven es muy difícil de compaginar. Son muchas cosas, ya no sólo voluntariado o cultos a la hermandad, también hay cultos a otras hermandades, cosas que salen de repente. Pero todo es ir viendo, ir poco a poco, sacando tiempo de donde se pueda, se consigue. ¿Hay algún momento en que hayas pensado dejarlo? Es difícil. Pronto termino los estudios y quién sabe si tengo que trabajar aquí o fuera. Pero bueno, con todo lo que queremos hacer un último granito habrá que echar. ¿Cuál es la reacción de la gente cuando le hablas de vuestra iniciativa? ¿Qué es lo que te dice? Le sorprende que una hermandad se lleve una iniciativa así. No es lo típico. En Sevilla es raro verlo. A lo mejor lo más común son los cultos, sacar los pasos a la calle, cerrar las puertas y ya está. Ahí acaba todo. Se hacen las cosas dentro y ya no se sabe nada más. La gente se pregunta dónde está la procesión. ¿Cómo ves a la ciudadanía en el aspecto de la participación? El voluntariado es algo silencioso. Nunca se ve pero está ahí. Es lo que cada uno haga por su cuenta. Nadie va diciendo por ahí: mira, que estoy haciendo esto y estoy ayudando a estas personas. Pero la gente está concienciada de que hay que ayudar a los demás. Poco a poco sabemos que la situación es complicada y que tenemos que ayudarnos entre nosotros, ya que los altos estamentos no lo hacen. La gente está muy concienciada y se ve. Además, agradecen muchísimo tu ayuda. Cuando vamos al comedor social las monjas están encantadas con nosotros y cuando vamos a la residencia de ancianos, de una manera u otra, nos lo agradecen también. Aunque no hace falta que lo hagan porque hacemos lo que debemos en estos momentos. El que tenga que dé lo que pueda. ¿Cómo es eso de atraer a la gente, de hacer que se una al grupo? Atraer a la gente cuesta mucho a veces pero se consigue. Después lo que menos quieres es quemarla. ¿Cómo animarías a alguien para que se apuntase a hacer un voluntariado? Le diría que se animase porque quién sabe si el contexto que nos rodea nos va a afectar a nosotros también. De una forma u otra ya nos está afectando. Hace poco pregunté en Protección Civil y me dijeron que es ahora, en época de crisis, cuando más gente se está apuntando, cuando más gente va a ayudar. También está pasando en el comedor. Va cada vez más gente a ayudar, gente de todas las edades. Personas que sacan su tiempo, que lo hacen todo desinteresadamente y a las que le aporta eso de ayudar. Porque ahora hay gente que no puede pagarse un plato y tú, como sea, de la forma que puedas, ayudas y mucho. ¿Cómo se puede colaborar? Casi siempre colabora quien es hermano de la hermandad. Pero tampoco es necesario. Lo que sí que se necesita es un periodo de adaptación para que conozca la hermandad, cómo funciona la parroquia, lo que hacemos... y cada uno que decida si quiere formar parte de la hermandad o no. Aunque no lo haga puede participar como uno más. No se obliga a nadie. Se le invita pero si no quiere no pasa nada puede seguir haciendo las mismas actividades perfectamente.

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