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'Ella le quería con locura. Fue lo que acabó con su vida'

'Mi hija era un pedazo de pan y a él lo quería con locura, ésa ha sido su muerte. Lo defendía y no dejaba que nos metiéramos. Si lo hubiéramos sabido...". El padre de Cristina, la joven a la que su marido confesó haber matado en Los Pajaritos, no dejaba ayer de lamentar un crimen que no pudo evitar, y que se produjo de una herida certera en el corazón.

el 15 sep 2009 / 22:31 h.

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Mi hija era un pedazo de pan y a él lo quería con locura, ésa ha sido su muerte. Lo defendía y no dejaba que nos metiéramos. Si lo hubiéramos sabido...". El padre de Cristina, la joven a la que su marido confesó haber matado en Los Pajaritos, no dejaba ayer de lamentar un crimen que no pudo evitar, y que se produjo de una puñalada certera en el corazón.

Cristina Maestre recibió una docena de heridas, la mayoría cortes leves en manos y brazos mientras trataba de defenderse de su marido. Pedro C.M., de 28 años, la mató la noche del lunes y 15 horas después lo confesó antes de tirarse desde un cuarto piso, quedando herido grave. Las puñaladas mortales que recibió la joven con un cuchillo de unos 12 centímetros de largo y tres de ancho fueron dos, una de ellas, certera, en pleno corazón, según explicaron los médicos a la familia.

"Le partió el corazón", decía un amigo remarcando el significado, remachando las palabras de la familia, que insistía en que Cristina -de 30 años, madre de dos hijos de 2 y 6 años-, era "muy buena", quería "muchísimo" a Pedro y retiró dos denuncias de maltrato contra él por sus hijos, que lo adoraban. El dolor de la familia se mezclaba con un inconsolable sentimiento de impotencia por no haber previsto el terrible crimen machista pese a saber de las constantes peleas entre ellos.

El reproche se extendió a lo político: la consejera de Igualdad, Micaela Navarro; y la delegada del Instituto de la Mujer, Ángeles García, con cierta cautela, recriminaron a la Fiscalía de Sevilla no haber mantenido la acusación cuando ella retiró su segunda denuncia el verano pasado. La primera, por "puñetazos, bocados y agarrones de pelo", concluyó en absolución en 2006 al retractarse Cristina en el juicio, alegando que convivía con Pedro "sin ningún problema". La segunda vez hizo igual: lo acusó de amenazas de muerte, insultos y malos tratos, pero al día siguiente se echó atrás y rechazó medidas de protección. La fiscal de Violencia, sin parte de lesiones ni testigos, accedió al sobreseimiento.

Francisca, hermana de Cristina, se lamentaba ayer a las puertas del Anatómico Forense de que ella le hubiese dado "otra oportunidad" para que al final "ese perro le quitara la vida de esta manera". Las agresiones eran constantes y hasta sus padres pidieron a Cristina que lo dejara, diciéndole que ella, con su trabajo en una pequeña tienda del barrio, podría salir adelante junto a sus hijos.

"Este hombre era una mosquita muerta y mira lo que ha hecho. Ella era muy noble y tenía los ojos cerrados por ese hombre", lamentaba Francisca. El padre, José, trataba de calmar a su esposa, que lloraba al confesar, ayer a mediodía, que todavía se estaba enterando de los detalles de la muerte de su hija. El hombre se angustiaba al recordar cómo Cristina protegía a su marido y cómo ellos no insistieron lo bastante. "Si yo lo hubiera sabido, esto hubiera terminado al revés", decía José.

La familia de Cristina y la de Pedro no han vuelto a hablar, aunque otro hermano de ella insistía en que "sólo él, ese psicópata, tiene la culpa de lo que ha hecho".

Cristina y Pedro se casaron hace ocho años, embarazada ella de un primer hijo, Cristian, que falleció de muerte súbita con sólo dos meses. Luego tendrían a Pedro y a Yeray. El agresor estaba en paro y, según varios familiares, tenía problemas con la cocaína. Había salido de un centro de desintoxicación hacía un mes, y ella lo volvió a aceptar en su casa. El lunes por la noche, Francisca dice que vieron rondar a Pedro, nervioso, por la tienda de Cristina. La pareja no recogió a sus hijos de casa de la vecina con la que los habían dejado por la tarde. Pedro había matado a cuchilladas a su esposa. Al mediodía siguiente, tras pasar 15 horas con el cadáver tendido sobre la cama, se tiró por la ventana. Sufrió múltiples fracturas y ha perdido el bazo. Aunque fue operado y no se teme por su vida, es probable que sufra graves secuelas. La familia de Cristina dice que se puede quedar inválido. Está detenido y con custodia policial en el hospital Virgen del Rocío.

Ayer hubo dos concentraciones contra la violencia machista, y el colegio Victoria Díez, donde estudió Cristina, dejó ramos de flores ante su casa. La joven fue llevada al tanatorio de la SE-30 y hoy será enterrada en el cementerio de Sevilla, tras una misa a las 10 horas.

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