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Ellas arriman el hombro en crisis

El parón del ladrillo convierte a las mujeres en sustento de muchas familias, pese a copar los contratos temporales y de jornada parcial y ganar una media de 5.400 euros menos al año que sus compañeros.

el 06 mar 2010 / 21:16 h.

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Francisca Sánchez y su marido, Francisco Luque, albañil en paro desde hace un año.
Si la guerra tuvo alguna vez un efecto positivo fue, a principios del siglo XX, el hecho de que la falta de mano de obra -con la mayoría de los hombres en el frente y en plena industrialización- sacó a las mujeres del ámbito doméstico para incorporarlas al mundo laboral. Se inició así una conquista que la vuelta de los supervivientes no logró frenar. Dicen que en épocas de crisis hay una especie de economía de guerra y lo cierto es que el hundimiento de la construcción, un sector tradicionalmente masculinizado, ha vuelto a tener un efecto sobre el empleo femenino.

 

Aún es mayor la tasa de paro de ellas (27,73% frente al 25,27% de ellos según datos de la última EPA, correspondiente al cuarto trimestre de 2009), pero mientras la tasa de actividad masculina ha bajado 1,25 puntos (67,52%), la femenina ha crecido casi lo mismo (1,14 puntos) hasta alcanzar el 49,42%, todavía muy lejos de la masculina.

El 92,3% de los inactivos por dedicarse a labores del hogar (4,4 millones en España y 851.400 en Andalucía) son mujeres, pero frente al progresivo descenso de ellas (en el último año unas 100.000 amas de casa en toda España han saltado al mercado de trabajo) ha aumentado el número de hombres (42.000) que, al salir del mercado laboral, se dedican a las labores del hogar. Otra cosa es el tiempo que dedican a las tareas domésticas cuando ambos trabajan:el 80% de las mujeres compaginan las dos jornadas, frente a un 36,6% de los hombres;ellas dedican al hogar una media de seis horas diarias y ellos de una a dos. Como consecuencia, disfrutan de seis horas menos de ocio a la semana.

En crisis, parece que las mujeres tienen más facilidad para encontrar empleo al estar más especializadas en sectores menos afectados como los servicios, pero no hay que olvidar que las empleadas copan los contratos temporales, las jornadas a tiempo parcial (616 mujeres la tienen por cada cien hombres) y ganan una media de 5.400 euros menos al año que sus compañeros ante el mismo trabajo, aunque ahora su sueldo es en algunos hogares el que sostiene a la familia (legalmente está prohibido pero las relaciones de puestos de trabajo encubren, bajo falsas diferencias de categoría, auténticas discriminaciones salariales, denuncian los sindicatos).

Mientras, la losa de los despidos por maternidad, siempre presente, pesa ahora más que nunca. El embarazo de su última hija, hace dos años, hizo que a María del Carmen Ortiz, de 41 años, no le renovaran su contrato y durante un año ella y su marido, empleado de hostelería, coincidieron en el paro.

Ella, con una discapacidad visual, encontró empleo como auxiliar de probadores mientras él se recicló como vigilante de seguridad y actualmente también trabaja.

La situación laboral de la mujer arroja otros muchos datos. Uno de cada tres emprendedores es mujer, en progresivo aumento porque los autónomos que se están quedando por el camino son mayoritariamente hombres. Son el 55% del alumnado en las Universidades pero sólo el 34,6% de sus cargos directivos y muchas menos en el mundo empresarial. Como 50,3% de la población que son, las andaluzas tienen una realidad muy heterogénea y el 8 de marzo celebra lo que muchas han logrado y reivindica lo que a otras les queda por conseguir.

"Mi marido lleva un año en paro y sin mi sueldo no podríamos ir tirando"
A Francisca Sánchez se le acabó su anterior contrato coincidiendo con el embarazo de su hija, que ahora tiene 7 años. Paró laboralmente hasta dar a luz pero una depresión postparto y otros problemas familiares la alejaron temporalmente del mercado de trabajo. Con el sueldo de su marido, albañil, podían vivir. Pero hace algo más de un año vieron que en el trabajo de su marido "la cosa iba de mal en peor" y temiendo un despido, que al final llegó, empezó a buscar.

"Pensaba que no iba a encontrar nada porque ya tengo 48 años y de hecho estuve un año moviéndome. A mí me daba igual fregar o hacer lo que fuera...", relata.

Tras realizar cursos y contactar con empresas a través de Adecco, logró primero cubrir una baja en el colegio de su hija y finalmente un empleo como monitora de comedor escolar en otro centro de Campillos (Málaga). Su contrato es de dos horas al día y su sueldo apenas 270 euros al mes, pero es ese dinero el que les da margen para vivir, ya que los 700 euros que cobra su marido del paro "se van en la hipoteca y gastos corrientes". "Lo mío, aunque poco, es lo que nos permite comer e ir tirando", subraya. Su marido sigue buscando pero "la cosa está negra. No pensábamos que iba a ser tan difícil", subraya.

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