Economía

Emerita propone para Aznalcóllar un sistema de explotación subterránea

La empresa gestada para España por el grupo canadiense Forbes & Manhattan garantiza su experiencia técnica y una financiación «asegurada» y sin acudir a bancos.

el 03 may 2014 / 23:00 h.

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La compañía minera Emerita Resources, sociedad gestada por el grupo financiero y banco de negocios Forbes & Manhattan, con sede internacional en Toronto, para rastrear yacimientos en España, ha propuesto un sistema de explotación subterránea para el sevillano de Aznalcóllar, que será adjudicado en los próximos meses por la Junta de Andalucía tras haber convocado un concurso al que han concurrido esta empresa y otras dos: México-Minorbis, forjada por el mexicano Grupo México y el cordobés Magtel, y la multinacional Nyrstar, con domicilio corporativo en la ciudad suiza de Zúrich. Joaquín Merino, presidente y consejero delegado de Emerita, y David Gower, su director y miembro del comité de dirección de Forbes & Manhattan, en las oficinas de Sevilla. / PEPO HERRERA Joaquín Merino, presidente y consejero delegado de Emerita, y David Gower, su director y miembro del comité de dirección de Forbes & Manhattan, en las oficinas de Sevilla. / PEPO HERRERA La fórmula planteada por Emerita, cuya sede se ubica en la ciudad de Sevilla, implica que Aznalcóllar sería una mina no a cielo abierto, sino subterréna y, además, selectiva. «Iríamos directamente, por así decirlo, al filete, a los metales», comenta su presidente y consejero delegado, Joaquín Merino. Y los lodos y escombros se volverían a inyectar posteriormente justo allí donde se hubiera abierto la tierra para extraer el zinc, el cobre, el plomo y la plata, que constituyen la riqueza del yacimiento. «La corta ni se ampliaría ni se tocaría. Al contrario, contribuiríamos a su restauración y regeneración», destaca el directivo. Es más, sin facilitar muchas pistas, Merino, geólogo nacido en Alcalá de Guadaíra aunque su trayectoria profesional se ha desplegado fuera de España por los principales países mineros, comenta que extraerán metales de áreas «que nadie ve», y organizando la explotación como si de un mapa de isobaras se tratara: localizando y extrayendo en primer lugar en aquellos enclaves subterráneos que revelen una mayor concentración de los metales. Quede el siguiente ejemplo, aunque salvando muchísimo las distancias. Pensemos en un yacimiento de carbón: el minero aplica directamente la piqueta al mineral. En Aznalcóllar se acometería semejante fórmula selectiva, no agrandando y venga a agrandar una corta. No veríamos, pues, ese constante trasiego de camiones de las minas a cielo abierto, con la polvareda levantada a su paso. No se trata de nada nuevo en este mundo de la minería, matiza Joaquín Merino. Este sistema se aplica desde hace décadas en yacimientos del norte de Canadá. Tampoco le preocupan la humedad del terreno y las posibles inundaciones que dificulten este método de extracción subterránea. «He trabajado en minas hasta del Amazonas. Y allí sí había agua...», relata para espantar dudas. El directivo expresa su «gran confianza» en adjudicarse la explotación de Aznalcóllar puesto que –sostiene– la multinacional canadiense a la que representa no sólo aporta una dilatada experiencia en la «construcción de yacimientos», sino también solvencia técnica –en el proyecto inicial para la mina sevillana ha participado un equipo internacional y multidisciplinar de 25 personas por él lideradas– y financiera. Y aquí quiere resaltar dos puntualizaciones. La primera hace referencia precisamente a la palabra «construcción», que ha empleado para hacer hincapié en que su empresa se implica desde el rastreo del yacimiento hasta su puesta en marcha, explotación y gestión de una mina, proceso normalmente muy largo, más de una década –no sucede en el caso concreto de Aznalcóllar, al existir gran parte del trabajo hecho, y sólo habría que verificar cuánto metal hay e iniciar su extracción–. «No estamos hablando de una compañía precisamente novata, ni de una empresa que sólo compra ya el yacimiento o la gestión, sino que estamos implicados en un proyecto desde el principio», indica Merino. «Y esto nos hace marcar diferencias respecto a nuestros otros dos competidores en este concurso», opina. Y la otra puntualización atañe a la financiación, al dinero. «Emerita Resources no acudirá a ningún banco a por dinero. Eliminamos el riesgo del crédito puesto que ya tenemos a Forbes & Manhattan, que nos lo financia y, además, nos ayuda a marquetear el proyecto, esto es, a colocarlo en el mapa internacional». Esta afirmación no es nada baladí si tenemos en cuenta que en nuestro país aún persiste un contexto de restricción del grifo bancario y, además, que Aznalcóllar «necesitaría una inversión mínima de 200 millones de euros, que incluso podría alcanzar los 300 millones». La financiación garantizada para arrancar no quita las fórmulas alternativas para buscar dinero. Por un lado está la bolsa, es decir, colocar el proyecto en el mercado bursátil, algo habitual también en Forbes & Manhattan. Y por el otro, dar entrada a socios y, de hecho, Joaquín Merino confirma que Emerita ya negocia con empresarios andaluces para éste y otros yacimientos. Para Emerita Resources el complejo sevillano sería su primer gran hito minero en un país, España, donde se ha estrenado con el oro. En efecto, en Extremadura dispone de lugares «listos para perforar» y en la comunidad asturiana también se ha adjudicado un concurso para ese metal precioso. Se trata de enclaves mineros históricos donde las pepitas son abundantes aunque muy repartidas e incrustadas en las rocas, o bajo los suelos y el fango. Su interés está puesto, además, en el desarrollo de la faja pirítica de la provincia de Huelva. No en vano, el presidente de Emerita explica que, aunque su presentación en la web lleve por título Oro en España, tanto esta firma como el conglomerado Forbes & Manhattan quieren y explotan de todo en medio mundo: desde plata en Rusia hasta potasio en Brasil, pasando por hierro en Ucrania o crudo y gas en diversos países. Esta diversidad, agrega, determina otra diferencia a la hora de juzgar su trabajo para Aznalcóllar. «Este yacimiento no es precisamente grande, de ahí que tenga dudas sobre el interés real de grandes grupos exclusivamente mineros o dedicados sólo a la fundición de metales, para los que la mina sevillana apenas supondría unos puntos porcentuales de su producción global y, además, no se trata de metales muy concentrados, sino muy dispersos». Esto explicaría, en su opinión, que a ese concurso internacional que convocara la Consejería de Economía no hayan concurrido las grandes firmas que actualmente trabajan en los negocios de la minería y la fundición minera de Andalucía. «Para nosotros, 70 millones de toneladas es más que suficiente», reseña. Pero ¿cuánto vale el yacimiento? La Consejería estima que las reservas y recursos probables de sulfuros polimetálicos –cobre, plomo y zinc, además de plata y oro, siendo este último de difícil extracción– alcanzan los 80 millones de toneladas, aunque confirmadas estarían entre 30 y 35 millones. Se sitúan a lo largo y bajo una superficie de 950 hectáreas. Merino dice no atreverse a cifrar el importe de la riqueza de la mina. Si Emerita se adjudica el contrato, sería lo primero que emprendería: cuantificar el volumen de metales y «dolarizar el cubo», esto es, organizar el terreno del yacimiento en función de la concentración de metales y, por tanto, de su valor económico. Pero hay una cosa que deja claro. «Ninguna compañía minera se mete en un proyecto si no obtiene una rentabilidad del 20 o 30 por ciento porque los riesgos soy muy altos». Y si Aznalcóllar gusta, por algo será...

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