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Emery quiso, pero no pudo

Emery empleó las mismas rotaciones que ha estado usando durante los últimos meses y que le han llevado a lograr una racha de nueve victorias en Liga en diez partidos. Las mismas.

el 27 abr 2014 / 23:22 h.

athletic-sevillafc Tiene que resultar bastante incómodo que uno esté tranquilamente, o nervioso, haciendo su trabajo lo mejor posible en su puesto de trabajo y que haya cinco o seis personas alrededor de tu mesa diciéndote que lo has hecho mal y que las cosas se hacen de otra manera. Y si los mirones ya discrepan entre ellos y dan continuamente órdenes que se contradicen, pues el agobio y el mosqueo del trabajador debe ser digno de tomarse un saco de tila para no decir una barbaridad. Algo así le ocurre a diario a todos los entrenadores de fútbol. Ayer, por ejemplo, a Unai Emery. El Sevilla Fútbol Club se jugaba ponerse cuarto en la clasificación y depender de sí mismo para jugar la Liga de Campeones la próxima temporada. De forma paralela, los de Emery también tienen el próximo jueves un tremendo partido en Valencia que les puede meter en la final, sí en la final –lo repito por si no lo lee bien o no se ha dado cuenta– de la Liga Europa. Pase lo que pase, el Sevilla jugará esta competición la próxima temporada porque a falta de cuatro jornadas ya selló matemáticamente su clasificación, por si alguno también lo ha olvidado. No conozco a ningún entrenador o jugador que salga al terreno de juego dispuesto a perder un partido. Unai Emery quería ganar en San Mamés y alcanzar la cuarta plaza. Para intentarlo tuvo que hacer varios cambios en el equipo respecto al último partido porque algunos jugadores ya no daban más físicamente después de la ida ante el Valencia, y porque el jueves queda otro choque de órdago. Son las mismas rotaciones que ha estado empleando durante los últimos meses y que le han llevado a lograr una racha de nueve victorias en Liga en diez partidos. Las mismas. Otra cosa es que los jugadores fallen demasiados pases, las que antes metían vayan fuera, no impriman ritmo al balón y que el rival sea mejor que tú. Sí sabía Emery que el Athletic en casa es muy fuerte e intentó meter músculo y altura para defender los temidos balones aéreos de San Mamés a cambio, eso sí, de creatividad y fluidez. Una tara que quiso contrarrestar poniendo juntos a Bacca y Gameiro, dos delanteros que suman 42 goles esta temporada. Sí, 42, han vuelto a leer bien. Se intentó pero no se pudo. Es fútbol. Es deporte.

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