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Emigración del siglo XXI

Lejos quedan ya los tiempos en que la población del campo llegaba en oleadas a las ciudades en busca de empleo y futuro. Muy al contrario, los datos del último censo cuantificaron los habitantes de la capital sevillana por debajo de los 700.000, una cifra que no se daba desde hace más de una década. El año pasado, más de 13.000 sevillanos "emigraron" ...

el 15 sep 2009 / 10:29 h.

Lejos quedan ya los tiempos en que la población del campo llegaba en oleadas a las ciudades en busca de empleo y futuro. Muy al contrario, los datos del último censo cuantificaron los habitantes de la capital sevillana por debajo de los 700.000, una cifra que no se daba desde hace más de una década. El año pasado, más de 13.000 sevillanos "emigraron" de la capital a los pueblos del área metropolitana y a zonas rurales de la provincia. Se trata de un fenómeno común a la mayoría de las ciudades modernas, que responde a los nuevos modelos urbanos en los que las áreas residenciales tienden a alejarse cada vez más del centro. Se trata de un éxodo socialmente bien considerado que persigue una mejor calidad de vida y que, de forma natural, queda compensado por la llegada de inmigrantes procedentes de otros países o ciudades. En Sevilla, por el contrario, por primera vez en los últimos años, ha caído el número de inmigrantes que residen en la ciudad, una tendencia que refleja la falta de perspectivas laborales que la capital ofrece a los extranjeros. De hecho, el índice de población inmigrante con respecto al total es el más bajo de entre todas las grandes capitales españolas. En un escenario de crisis económica generalizada, detener el goteo de la población hacia las áreas residenciales de los pueblos de alrededor es materialmente imposible cuando, modas aparte, los precios de la vivienda en la capital son inalcanzables para las familias y éstas optan por instalarse en donde encuentran casas que pueden pagar. Nadie debe engañarse: gran parte de los sevillanos preferirían quedarse a vivir en Sevilla pero no pueden costearse un piso desde que los precios se convirtieron en estratosféricos. Una política dirigida a contener los precios y un plan eficaz de VPO que acabe con el esperpento de un centenar de viviendas para una lista de cincuenta mil aspirantes con seguridad daría resultados inmediatos, pero el corto plazo no cabe en la planificación urbanística. Más urgente sería, sin duda, lograr una recuperación del empleo que atraiga mano de obra y nuevos habitantes a la capital.

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