Cultura

Emocionante reencuentro de Los del Río con Sevilla

El estribillo "Sevilla tiene un color especial, Sevilla sigue teniendo su duende", la canción más coreada anoche por el público del Lope de Vega -con permiso de Macarena- puede aplicarse también a la atracción que ejercen Los del Río sobre el público de cualquier condición. Foto: Antonio Acedo.

el 15 sep 2009 / 02:33 h.

El estribillo "Sevilla tiene un color especial, Sevilla sigue teniendo su duende", la canción más coreada anoche por el público del Lope de Vega -con permiso de Macarena- puede aplicarse también a la atracción que ejercen Los del Río sobre el público de cualquier condición. Sin grandes alardes, ni voces prodigiosas, pero con ese intangible que rodea al arte, el dúo nazareno volvió a arrasar en su regreso a la capital hispalense.

Los del Río forman ya parte de ese selecto club privado de artistas que, de nuevo con permiso -esta vez de Lola Flores- inauguró La Faraona a su paso por Nueva York. "No canta, no baila. No se la pierdan". Los del Río lo hacen todo. Sin exhibicionismos, sin grandes arreglos musicales, con letras sencillas y, si me permiten, sin jondura. Pero con arte. Eso es el más difícil todavía, y ellos lo han conseguido. Han logrado convencer, no sólo a los neófitos norteamericanos -recuerden a Clinton bailando Macarena- sino al público de su tierra, al que entiende sus letras -siempre pegadas a la tierra, a la raíz, a la familia y a Sevilla-, y la música. Una ciudad acostumbrada a los más grandes artistas del flamenco, muere también con Los del Río.

Y el que no lo crea así, no estuvo anoche en el concierto que organizó El Correo de Andalucía -con colaboración del Ayuntamiento de Sevilla y patrocinio de El Corte Inglés- en el escenario del Parque de María Luisa. Con más de 40 años sobre el escenario, Los del Río volvieron a su ciudad con las canciones de siempre, que tienen un único tema: Sevilla; y la ciudad se volcó.

Tímida al principio, la concurrencia llenó el Lope de Vega hasta la bandera -paraíso incluido-, con el ambiente de preferia en el rostro. Los había, seguro, que llegaron directos, haciendo un pequeño recorrido por algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad, desde la Maestranza, donde se lidió ayer el quinto festejo de abono. Otros con flor en el pelo y, los más, sencillamente con ganas de aplaudir. Entre el público se coló -y es que 40 años dan para mucho; sobre todo para hacerse con el respeto de los poderes oficiales y oficiosos de la ciudad- una buena representación del mundo de la empresa, la política y la cultura de la ciudad, encabezada por el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, y seguida por algunos compañeros de profesión, como el letrista de sevillanas Rafa Serna, o la cantante Pastora Soler.

Pues así, con el teatro a rebosar, dio comienzo una actuación en la que Los del Río no se salieron de un guión confeccionado con los temas más sobresalientes de su carrera. Entraron solos, con una guitarra y sus voces, casi desnudos, "como al principio, cuando empezamos en la Feria de 1962", asegura Rafael, el más charlatán de los dos. Ayer todo era distinto - "esto va a ser muy especial", vaticina de nuevo Rafael"- y nombra a su familia, a "los amigos de toda la vida"; todos ellos llenado el teatro. "Esto sí que no es como cuando empezábamos".

Y así, en la vigilia hacia el 1 de abril -el mes de Sevilla por excelencia- Los del Río no se cansaron de cantarle a la ciudad, con una energía que fue in crescendo hasta contagiar a un público que no sabía, en un principio, cómo manejar las palmas en un teatro. Ellos rompieron el hielo. Y lo hicieron, no podía ser de otra manera, por sevillanas ("de esas que tienen mil quinientos años" pero que forman ya parte del imaginario colectivo y musical de todo andaluz).

Abuela Rosario, Como la yedra al sauce o Qué quieres que haga fueron algunos de los temas que Los del Río fueron desgranando plenos de energía y sentido del humor: "No se me pongan así de serios, por favor", solicitaba Rafael -relajado, en casa- cada vez que alguna letras más sensible que festera terminaba con el silencio respetuoso del público. Las tornas se volvieron cuando Antonio, que tomó la palabra para después arrancarse por sevillanas con las dos chicas del coro, advirtió que iban a converir el Lope "en una caseta de feria". Ole. El primero del público y el inicio de la que se convirtió en una larguísima conversación entre el patio de butacas y el escenario.

El público se desmadró con Sevilla tiene un color especial, y saltó literalmente de sus asientos, tocó palmas y levantó los brazos con Macarena -al ritmo techno de Estados Unidos-. Ovación final y vuelta a empezar porque no había ganas de irse. A partir de ahora, la entrada en la Feria la marcan Los del Río.

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