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Empezar la casa por el tejado

El tortuoso camino hacia la caja única sólo tiene dos pegas: que aflora lo peor de cada provincia y que es un asunto que se reproduce hasta el infinito. El Gobierno andaluz y el PSOE, dirigidos por Manuel Chaves, lleva años trabajando en esa dirección.

el 15 sep 2009 / 17:44 h.

El tortuoso camino hacia la caja única sólo tiene dos pegas: que aflora lo peor de cada provincia y que es un asunto que se reproduce hasta el infinito. El Gobierno andaluz y el PSOE, dirigidos por Manuel Chaves, lleva años trabajando en esa dirección. Bajo la denominación de caja única o gran caja late el mismo proyecto: disponer de una entidad con la potencia, los recursos y la presencia suficiente para auspiciar grandes proyectos para Andalucía. Hasta ahí, nada que objetar. Para objetar, torpedear y manipular hay gente guardando cola. Esta iniciativa política está recogida en el programa electoral con el que el PSOE-A concurrió a las pasadas elecciones autonómicas y que ganó por mayoría absoluta: "Apoyaremos los procesos que promuevan las cajas de ahorros andaluzas que conduzcan a la creación de una gran caja y que contribuyan a un sector financiero andaluz solvente, eficiente y estable para tomar parte activa y contribuir al proceso de expansión, modernización e innovación y de apertura que registra la economía andaluza". Por lo tanto, aquí no hay "ni ocurrencia" ni "capricho" ni nada que se le parezca, como ha argumentado el PP en el primer tercio de la lidia. Tampoco se trata de imponer a los andaluces una fusión "por decreto" ni es un proyecto que pretenda el PSOE colar "de rondón" en la agenda política. Hay luz y taquígrafos. Hay un proyecto, una iniciativa política, unos plazos más o menos pensados y un camino por desbrozar. Ése es el proyecto del PSOE para las cajas andaluzas. El del PP aún no sabemos cuál es y sería muy interesante conocerlo, porque no creemos que Arenas pretenda que nos traguemos esa cosa tan ingenua de "dejar que decidan los consejos de administración".

La situación hoy es bien distinta en algunos aspectos -no hay benerosos ni benjumeas atrincherados en sus despachos, con la llave de la caja fuerte en la mano, traicionando los intereses de su partido y trabajando por y para ellos aunque envueltos en la bandera de Sevilla; hay una fusión previa ya consumada entre las cajas occidentales; y las patronales e instituciones socioeconómicas parecen más receptivas a la idea. Por cierto, ¿qué sería hoy de algunas cajas con los presidentes que estaban a su frente al comienzo de esta década, aquellos cajeros inmunes a las directrices del Banco de España? Sólo con mirar los balances de aquella época se puede calcular cuántos marrones de participadas se estarían comiendo, qué elevadísimo porcentaje tendrían pillado en el ladrillo y qué nombres de la galería de ilustres de aquellos años estarían vinculados al presumible hundimiento de alguna caja. No obstante, hoy, desde sus nuevos púlpitos, nos dan lecciones de sabiduría y mesura política y económica, que el papel lo aguanta todo. Pero volviendo a lo que íbamos: es obligatorio advertir que en el reinicio de este camino, cuando se dan por hecho tantas cosas e incluso se señala hacia Granada como el único escollo por salvar, hay que advertir que quizás se está empezando a construir la caja por el tejado. ¿alguien ha visto algún número sobre el resultante de la fusión? Yo no, y mira que llevo tiempo buscándolos y pidiéndolos. Porque si bien es cierto que a priori todo indica que la suma de entidades como Unicaja, Cajasol y Caja Granada daría como resultante una potente entidad -la cuarta de España- no lo es menos que en tiempos como los actuales, con el crédito desaparecido, los balances por conocer, el flujo de dinero cortado y la desconfianza desbocada, sería un error meter a las cajas en una concentración en la que las aportaciones de déficits superen a la suma de ventajas. Los números, faltan los números. Una fusión de estas caractetísticas es algo más que una simple suma de tablas. Y hasta ahora se habla de todo menos de la eficiencia de la fusión. Que no decimos que no pueda serlo, pero sí que nadie se ha encargado de convencernos. No sabemos si la unión de Unicaja y Cajasol sólo suma dos o multiplican, que es a lo que debe aspirar una fusión. Por supuesto que es muy importante saber quién pilota esa fusión una vez que los consejos digan sí. Dime quién la preside y te diré cómo eres. Pero, a la vez, no conviene engañarse: será un proceso muy complicado en el que la resistencia de Claret a seguir las directrices de su partido no serán el único problema. En última instancia, CajaGranada puede quedar al margen, pero habrá resistencias desde los ayuntamientos, las diputaciones, los sindicatos y algunos medios de comunicación. El cantonalismo resurgirá con fuerza, porque al grito de que vienen los de Sevilla es fácil cohesionar a los propios. Una pena, porque en puridad teórica es un proceso de cohesión andaluza, de crecimiento horizontal, de potencialidades. Como comprenderán, el debate de la sede dura diez minutos: si de algo sabe la política es de arreglar problemas duplicando sedes y ampliando organigramas para que todo el mundo tenga su hueco, su púrpura y su boato. Pero si no se remedia la macrofusión se convertirá en lo contrario, en una nueva oportunidad para que unos cuantos chapuceros de todos los ámbitos y provincias se embarren y disfruten en el charco que más les gusta.

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