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Empuje humano más que tecnológico

Un estudio de la Universidad Pablo de Olavide analiza la revolución agrícola en Granada y Almería.

el 31 oct 2010 / 20:46 h.

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La llegada de la agricultura intensiva ha transformado el este andaluz.
El cambio experimentado en las últimas décadas en la parte oriental de Andalucía, concretamente en el poniente almeriense y en la costa granadina, es indiscutible. Esta zona se ha convertido en una de las más poderosas económicamente hablando y se debe, fundamentalmente, a la transformación de su agricultura, que ha pasado de ser extensiva a intensiva y que, con su prosperidad, ha animado a muchos a desplazarse a sus municipios, lo que ha propiciado además la fijación del territorio en estas zonas rurales de la región.

 

Pero esta clarísima mutación es producto del trabajo de los agricultores de la zona y sus familias durante décadas, no a una revolución tecnológica puntual. Así lo recoge el investigador de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) José Francisco Jiménez en su estudio Relatos biográficos de agricultores. Memoria de la revolución agrícola en la costa de Almería y Granada, en el que recorre la transformación agrícola acontecida en este territorio a través de las vivencias de sus protagonistas.

"En origen, eran personas con pocos recursos, hijos de campesinos temporales que han logrado la modernización de una zona de Andalucía muy importante. Localidades como El Ejido o Roquetas de Mar se encuentran entre las áreas más pobladas de Andalucía, porque el desarrollo demográfico ha estado vinculado directamente al agrícola", señala este investigador, profesor además de Ciencia Política en la Facultad de Derecho de la UPO.

En este sentido, añade que "en muchas ocasiones se habla de estos agricultores como de personas soberbias, racistas y de nuevos ricos, pero lo que he encontrado son personas de origen muy humilde, con formación básica pero con un gran conocimiento sobre el sector que les ha valido para hacer de un desierto un lugar próspero económicamente". Para realizar su estudio, el investigador ha contado, entre otras fuentes, con las historias de 42 agricultores de entre 33 y 95 años, procedentes de seis localidades distintas, que le han valido para dibujar un relato biográfico colectivo que abarca desde mediados del siglo XX hasta nuestros días.

Así, se ha pasado de una agricultura de subsistencia a una intensiva en la que los cambios, también tecnológicos, se han sucedido en los últimos años, con modernizaciones de sistemas como los invernaderos, o a través de asuntos como el riego. "Ahora el reto que tiene el sector de la zona es llevar a los mercados productos de más calidad, y así incorporar la lucha integrada en la mayoría de los cultivos", destaca. En cualquier caso, subraya que en este aspecto también hay avances relevantes en los últimos años, ya que en 2005 sólo 500 hectáreas aplicaban la lucha integrada -en la que se minimiza el uso de productos como los pesticidas-, mientras que ahora la cifra llega a las 10.000.

Aunque en este sentido plantea un reto, Jiménez destaca que "el peligro de la modernidad es olvidarse del pasado", a lo que añade que estos agricultores se han visto abocados a cambios muy rápidos que han sabido afrontar "con pocos recursos económicos y educativos". En este contexto, apunta tres valores sociales importantes que se han dado durante el proceso, como la capacidad de esfuerzo del agricultor y sus familias, la de adaptarse a una sociedad nueva y el desarrollo de un capital social específico basado en la solidaridad familiar y comunitaria, "entre ellos mismos".

Además, esta transformación ha provocado que la zona se convierta en receptora de inmigrantes, cuando hace pocas décadas el flujo era al contrario. Los primeros emigrantes fueron los propios agricultores, según Jiménez, procedentes de La Alpujarra, que se desplazaron al litoral, y que provocaron en municipios como El Ejido que la población pasara de los 5.000 a los 30.000 habitantes en apenas 20 años. A partir de los noventa, se complejiza el mercado laboral de trabajo en estas localidades, ya que empiezan a llegar trabajadores procedentes de otros países, fundamentalmente africanos, a los que años después se suman los venidos de Suramérica y Europa del Este. En la actualidad, el poniente almeriense emplea a más de 120.000 personas directa o indirectamente, que se reparten entre 20.000 agricultores, 50.000 inmigrantes que aportan mano de obra y 40.000 empleados del sector auxiliar.

"Se trata de un sector en continua crisis, porque los precios cambian hasta dos y tres veces al día, lo que provoca que haya que hacer cálculos intuitivos a la vez que se debe cumplir con los criterios de calidad exigidos", añade.

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